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Fuerte “represión preventiva”

Disturbios en París en protestas de “chalecos amarillos”

El gobierno usó por primera vez en la historia de la ciudad vehículos blindados. Las protestas volvieron a dejar enfrentamientos, heridos y detenidos.

   París, 8 (AFP) – Hubo disturbios en varios puntos de la capital, donde miles de “chalecos amarillos” protestaron por cuarto sábado consecutivo contra el gobierno de Emmanuel Macron, a quien consideran “el presidente de los ricos”. Manifestantes ataviados con chalecos amarillos, convertidos en el símbolo del movimiento de contestación popular, intentaron incendiar la fachada del Drugstore Publicis, establecimiento de lujo en los Campos Elíseos, donde la tensión subía a primeras horas de la tarde. 

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Pese al imponente despliegue policial, con más efectivos y el uso de vehículos blindados, se reiteraron las escenas de guerrilla urbana.

   Pese a que por consejo del gobierno la mayoría de comercios de la avenida fueron cerrados y sus fachadas protegidas con tablas de madera, algunos manifestantes lograron entrar en la tienda antes de ser expulsados por la policía mediante el uso de gases lacrimógenos. Una mujer resultó herida en la cabeza. En calles adyacentes al Arco del Triunfo, epicentro de los disturbios del fin de semana pasado, más coches fueron quemados.

   Unas 125.000 personas protestaron en las calles de toda Francia, y el ministro del  Interior, Christophe Castaner, anunció que hubo 1.385 arrestos, es decir que más del 1% de los manifestantes fueron capturados por la policía. “Esta cifra va a aumentar”, declaró Castaner en declaración retransmitida por tv. “Es un nivel excepcional”, destacó. El ministerio dio también un balance de 118 heridos entre los manifestantes y 17 entre la policía.

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Estudiantes secundarios se enfrentan a la policía en Toulouse. Desde el miércoles protestaban contra los planes de austeridad en la educación y este sábado se sumaron a los chalecos amarillos.

Ricos y pobres

   Denis, de 30 años, vino a París desde Caen: “¡El objetivo es ir al Elíseo!, sede de la presidencia, en una calle paralela a los Campos Elíseos, dice. “Hago esto por el futuro de mi hijo, no puedo permitir que viva en un país en el que otros se enriquecen a nuestra costa”. Cerca del Centro Pompidou, museo de arte moderno, los blindados apagaron una barricada. Una imagen nunca vista en la Ciudad Luz.

   La Torre Eiffel, el museo del Louvre y numerosas tiendas estaban cerradas, algo inaudito en el periodo prenavideño. A media jornada había unos 125.000 manifestantes, 16.000 de ellos en París, aseguró el secretario de Estado del Interior, Laurent Núñez. “Por el momento no ha habido incidentes graves”, añadió. El dispositivo de seguridad fue imponente, con cerca de 90.000 policías movilizados en todo el territorio, pero las escenas de guerrilla urbana que hace una semana impactaron al mundo se repitieron.

   Los detenidos fueron acusados por la policía de llevar máscaras, martillos o adoquines. Pero varios fueron arrestados a “título preventivo” durante la semana, o mientras se dirigían al punto de concentración. También se denunciaron numerosas detenciones arbitrarias de personas que circulaban en los aledaños de las manifestaciones, pero que no pretendían participar de ellas. 

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“Los violentos solo lograrán espantar a los inversores”, dijo el ministro Casaner. "Los inversores ya vinieron y vivimos peor que antes, solo los ricos se benefician”, le contestó Denis, de 30 años, uno de los chalecos amarillos.

Calma en el interior

   En el resto del país prevaleció la calma, a pesar de que muchas carreteras y autopistas estaban bloqueadas antes de las manifestaciones previstas por la tarde. La autopista que conecta París con Burdeos estaba totalmente paralizada después de que un centenar de personas prendieran fuego a palés de madera y a neumáticos. En la frontera franco-española, los “chalecos amarillos” montaron una barricada selectiva que bloqueaba el paso de los  camiones procedentes de España, informó la prefectura de los Pirineos.

   En Marsella, 2.000 “chalecos amarillos” desfilaban por el centro de esta ciudad del sureste de Francia. “Es la primera vez que me manifiesto. Recibo 1.248 euros de jubilación y son mis cuatro hijos los que me tienen que ayudar”, explicaba Sylvia Palomba, de 70 años. En varias regiones las autoridades prohibieron manifestaciones, así como la venta y transporte de gasolina, los  artificios pirotécnicos y productos inflamables o químicos. Muchos de los “chalecos amarillos” se manifiestan sin violencia. Los más radicalizados y algunos miembros de grupos de extrema derecha y extrema izquierda irrumpen en las protestas y se enfrentan a la policía. 

Oportunismo internacional

   El presidente estadounidense Donald Trump no perdió ocasión de echar leña al fuego. “El Acuerdo de París no está funcionando muy bien para París. Protestas y disturbios por toda Francia”, escribió en un tuit. “La gente no quiere pagar grandes sumas de dinero, muchas a países del tercer mundo (que están dirigidos cuestionablemente), para tal vez proteger el ambiente”, siguió en otro tuit, mientras se desarrolla en Polonia la 24ª Conferencia sobre Clima de la ONU. Trump usaba así para su causa la fuerza del adversario, dado que Macron argumenta que los aumentos del precio del combustible obedecen al cumplimiento de los acuerdos de París.

El muerto y el degollado

   Otra notable repercusión internacional: el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, criticó la “violencia desproporcionada” de las autoridades y afirmó que seguía la situación “con preocupación”. “El desorden reina en las calles de numerosos países europeos, en primer lugar en París. La tv y los diarios muestran imágenes de vehículos quemados, comercios saqueados y la respuesta muy violenta de la policía contra los manifestantes”, declaró  Erdogan. “Miren lo que hacen los policías de aquellos países que critican a nuestros policías”, afirmó, y consideró que “Europa fracasó en el terreno de la democracia, derechos humanos y de las libertades”. Ankara había reprimido con gran dureza policial las manifestaciones antigubernamentales de 2013, lo que le valió el reproche de numerosos países europeos.

Macron retrocede

   Esta ola de manifestaciones comenzó el 17 de noviembre en oposición a un aumento de los impuestos a los combustibles. Macron cedió esta semana a algunas de las demandas de los manifestantes. Anuló el alza del gravamen a los combustibles, que había decretado con el argumento de combatir el cambio climático, y congeló los precios del gas y la electricidad durante los próximos meses. Estas medidas no fueron suficientes para apagar la cólera de un movimiento sin estructura ni dirigentes, que expresa el hartazgo de la clase media por el ataque a su poder adquisitivo.

Los estudiantes

   Con el paso de los días otros sectores, sobre todo los estudiantes, se sumaron a las protestas. Además de repudiar al gobierno de Macron y los aumentos del precio de los combustibles, los estudiantes reclaman el aumento del presupuesto educativo y rechazan el quite de becas y subsidios educativos. “¡Despiértense, vengan con nosotros, pónganse un chaleco amarillo!”, gritaban este sábado en París los manifestantes  dirigiéndose a los gendarmes. Macron, cuya popularidad viene en picada, se mantiene en silencio, en medio de la peor crisis de su presidencia. Está  previsto que hable la próxima semana. La crispación en Francia es extrema. La desconexión entre los ciudadanos y los políticos va en aumento. En tal contexto, varios colaboradores de Macron recibieron amenazas de muerte. El diputado Benoit Potterie afirma haber recibido una bala por correo.

Primer ministro pide “diálogo”

   Edouard Philippe llamó este sábado a “reanudar el diálogo” con el  movimiento de los “chalecos amarillos” tras manifestaciones en todo el país, y prometió que el presidente Emmanuel Macron anunciará medidas. “El diálogo ha comenzado y debe continuar”, dijo Philippe en breve declaración retransmitida por tv. “Hay que tejer de nuevo la unidad nacional”, añadió. “El presidente hablará y propondrá medidas para nutrir el diálogo”, dijo.

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