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El drama humano de los migrantes centroamericanos

La dramática situación que viven miles de migrantes hondureños y centroamericanos que forman parte de la caravana que busca ingresar a Estados Unidos para escapar de la violencia y la pobreza en sus países de origen, volvió a atraer la atención de la comunidad internacional. Las imágenes de la represión de la patrulla fronteriza estadounidense que arrojó gases lacrimógenos y disparó balas de goma sobre hombres, mujeres y niños, dieron la vuelta al mundo y pusieron de relieve la tragedia que golpea a quienes se vieron obligados a abandonar sus hogares.

Tal vez sea la fotografía tomada en el lugar de los incidentes por el experimentado reportero gráfico de la agencia Reuters, Kim Kyung Hoon, donde se puede observar a una migrante hondureña que intenta escapar de los grases lacrimógenas junto a sus dos hijas pequeñas, la que mejor refleja el drama humanitario que tiene lugar frente al muro fronterizo entre México y Estados Unidos. Según relató el autor de la fotografía, se trata de la madre hondureña María Meza, a la que en la imagen se la ve intentando escapar de la represión tomando de los brazos a dos de sus hijas, de tan solo cinco años. Por su parte, el gobierno de Estados Unidos justificó la decisión de atacar con gases lacrimógenos y dijo que los funcionarios de aduana habían apelado a ese método al comprobar que un grupo de migrantes intentaba cruzar la frontera en forma violenta.

El incidente ocurrió el domingo pasado, después de que un grupo de migrantes de Centroamérica que había llegado a Tijuana avanzó sobre una valla de la frontera. Se supo también que María Meza y sus hijas llegaron al cruce fronterizo que se extiende entre la ciudad de Tijuana (México) y San Diego (Estados Unidos), después de abandonar, en octubre pasado, su hogar en la ciudad San Pedro Sula, en Honduras. Se estima que, en los primeros días de ese mismo mes, cerca de 2.000 migrantes salieron de Honduras en caravana rumbo a Estados Unidos, y poco después más de 1.000 salvadoreños iniciaron una travesía similar. A través de páginas de Facebook como “El Salvador emigra por un futuro mejor” los migrantes se comunican entre sí e intercambian mensajes para saber cuál es el lugar menos peligroso para cruzar la frontera y qué elementos son indispensables para afrontar el peligroso viaje.

Esta semana, la organización Médicos Sin Fronteras informó que en Honduras, El Salvador y Guatemala, la violencia y la pobreza generalizadas durante los últimos años han provocado una crisis humanitaria transfronteriza. “Cada año, unas 450.000 personas huyen de las amenazas, la extorsión y el reclutamiento forzoso. Emprenden un viaje mortal en busca de seguridad en Estados Unido”, señaló esta organización a través de un informe en el que, además, observa que en estos tres países los sectores más vulnerables de la población son víctimas de la profunda desigualdad social, la inestabilidad política y la amenaza permanente de organizaciones criminales. En ese sentido, Médicos Sin Fronteras denunció que tanto en el Salvador, como en Guatemala y Honduras, el tráfico de drogas y de humanos por parte de grupos criminales, conocidos como las maras, junto con la corrupción generalizada y la débil aplicación de la ley, han desencadenado en más violencia. La marcha masiva en caravana es una modalidad que eligen los migrantes más pobres porque entienden que moviéndose en grupo es una de las maneras que tienen para desplazarse en forma más segura y, a la vez, evitar el pago de una suma considerable de dinero a los traficantes de personas, también llamados “coyotes”. En la frontera entre México y EEUU se puede ver a jóvenes, niños y hasta mujeres embarazadas intentando cruzar a nado los cursos de agua que separan un país del otro. Es importante que, frente a estos fenómenos de desplazamientos masivos de personas en condiciones más que penosas, los organismos internacionales de derechos humanos, ayuden a comprender cuáles son las causas que se esconden detrás de estas tragedias y que se siga la recomendación que hizo esta semana la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) cuando reiteró que cualquier persona que huye de la violencia debe tener acceso a otros territorios y poder pedir asilo.

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