¿Qué pasó en el Chaco durante la última dictadura?
Dedicado a las jóvenes generaciones que no vivieron ese horror.
Me pidieron que escribiera unas líneas sobre lo que ocurrió en el Chaco durante el último y más cruento golpe cívico-militar, pero no se puede entender esos hechos si no los ubicamos en el marco de lo que ocurría en el país hace más de 40 años, es decir cuando muchos de aquéllos a quienes va dirigido este artículo no habían nacido.

Todo comenzó el 24 de marzo de 1976. Parece una fecha lejana pero para los que la vivimos y padecimos está muy presente en nuestra memoria. Me consta que algunos padres de mi generación explicaron a sus hijos todo lo que había ocurrido; otros en cambio no lo hicieron, prefirieron olvidar.
Pero en ambos casos lo que primó en esos padres fue el deseo de proteger a sus hijos. Dos actitudes diferentes pero la finalidad fue la misma. Decíamos que el 24 de marzo de 1976 es una fecha clave: ese día los argentinos despertamos con la noticia del golpe de estado cívico-militar.
La mayoría no se asombró. Estábamos acostumbrados a los golpes de Estado. Es más, muchos se sintieron aliviados de que “por fin las fuerzas armadas reaccionaran. ¿Qué estaban esperando?”. Lo que no sabían era que este golpe sería el más cruento de nuestra historia.
EL CONTEXTO HISTÓRICO
Para hablar del golpe tenemos que remontarnos a por lo menos dos años antes. La salud del presidente Perón se había deteriorado. Desde hacía tiempo lo acompañaba un personaje enigmático y nefasto a quien el pueblo apodaba El Brujo: José López Rega tenía ansias extremas de poder y una ideología conservadora de ultraderecha.
Para que puedan tener una idea de cómo era lo podemos comparar con Bolsonaro, el actual presidente de Brasil. Este personaje creó la tristemente célebre Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), responsable de asesinatos, secuestros, torturas y desaparición de personas.
Entre sus víctimas figura el sacerdote Carlos Mugica, que si bien pertenecía a una familia de clase alta, había hecho su opción por los pobres y desarrollaba su acción pastoral en una villa donde era querido por católicos y no católicos ya que ayudaba a quien lo necesitara sin preguntarle si era o no creyente.
La última vez que se lo vio a Perón fue un helado día de junio. Con 10º de temperatura salió al balcón de la Casa Rosada y dirigió un breve discurso a la multitud que lo aguardaba.
Aún hoy muchos peronistas recuerdan con emoción las palabras finales de su líder, que, también emocionado, terminó su discurso diciendo: “Me llevo en mis oídos la más maravillosa música, que para mí es la voz del pueblo argentino”.
Falleció el 1 de julio siendo reemplazado por su esposa, María Estela de Perón, más conocida como Isabelita. Si la influencia de El Brujo sobre Perón –hombre inteligente y con ideas propias, al margen de que se esté o no de acuerdo con ellas- mayor aún lo fue sobre Isabelita, que carecía de formación política y tenía una inteligencia mediocre. Su gobierno, cuyo rumbo era marcado por López Rega, fue realmente deplorable. Esto explica tal vez el pensar de muchos argentinos que expresaron lo que comentábamos al principio.
La política reaccionaria de Isabelita y El Brujo fue apoyada por periodistas que luego avalaron también el golpe militar: Mariano Grondona, Bernardo Neustadt, la revista Gente, los diarios La Nación y Clarín.
LAS JUNTAS
El 24 de marzo de 1976 el gobierno fue derrocado por el golpe cívicomilitar y reemplazado por una junta integrada por Videla-Massera-Agosti y presidida por el primero de ellos. Durante los primeros meses de gobierno los militares intentaron una campaña de relaciones públicas y de acción psicológica sobre la población.
Sobre todo se trató de cambiar la imagen de Videla, quien el año anterior había pronunciado un discurso en Montevideo, donde entre otras cosas dijo: “Si es preciso, en la Argentina deberán morir todas las personas necesarias para lograr la seguridad del país”.
Esta frase recuerda a otra semejante del general Camps, uno de los peores torturadores y genocidas del Proceso: “Si es necesario matar a 100 inocentes para que muera un culpable, habrá que hacerlo”.
Frases como éstas son las que van marcando lo que luego llamarán la Doctrina de la Seguridad Nacional que, expresada en términos muy simples, significaba que todo aquél que no estuviera de acuerdo con lo que pregonaba la junta militar o no obedeciera las órdenes militares iría preso, sería torturado y aún asesinado.
Los asesores de imagen de la Junta aconsejaron varias medidas entre las que destacamos dos. En aquella época era muy popular un dibujo animado que contaba con la simpatía de los televidentes: La Pantera Rosa y, utilizando la técnica del rumor, empezaron a hacer circular ese nombre aplicado a Videla quien, como el dibujo animado era alto, delgado y tenía cierta cadencia al caminar.
Era una forma de hacer querible a quien hoy todos sabemos que fue un genocida con el agravante que se proclamaba católico practicante, asistía a misa y comulgaba como mínimo una vez por semana.
Es por eso que cuando decimos golpe cívico militar, algunos agregan el término eclesiástico, porque ven a la Iglesia como cómplice de estos personajes nefastos. Otro recurso fue entablar relaciones cordiales con personalidades intelectuales, científicas, literarias, que contaban con la admiración y el respeto de la gente. Entre ellos podemos citar a hombres como Sábato, Favaloro, Leloir y Borges.

En aquella oportunidad Sábato pronunció palabras elogiosas sobre Videla, de las que se arrepentiría amargamente después, cuando, recuperada la democracia le tocó integrar la Conadep, encargada de investigar las desapariciones.
AYER Y HOY
En el libro Nunca Más que recorrió el mundo y cuyo prólogo fue escrito justamente por Ernesto Sábato. En ese prólogo aparece la tan utilizada Teoría de los Dos Demonios como justificativo del genocidio. ¿Y qué afirmaba la Teoría de los Dos Demonios? Que había dos fuerzas en pugna: el gobierno, que se había instalado por un golpe de Estado y la guerrilla, y que ambas tenían el mismo poder.
El gobierno contaba con el apoyo de las fuerzas armadas con todo su poderío y armamento. La guerrilla ya estaba prácticamente diezmada, la mayoría de sus miembros habían muerto o estaban desaparecidos, y los que quedaban carecían de armamento. No eran pues dos fuerzas iguales.
Era una mentira burda que sin embargo fue aceptada por muchos y que hasta hoy algunos intentan revitalizar. El Proceso fue terrorífico también en el terreno económico y sociocultural.
En el primero el actor principal fue José Alfredo Martínez de Hoz, formado en las teorías monetaristas de la Escuela de Chicago. Podemos tener una idea de su actuación como ministro de Economía si recordamos a otro personaje más próximo a la actualidad que desempeñó el mismo cargo: Domingo Cavallo.
Con ambos se elevaron las tasas de interés, empezó a dominar la Patria Financiera, aumentó escandalosamente la deuda externa, comenzó a aumentar el porcentaje de desempleo y se sobrevaluó mentirosamente nuestra moneda. Un dato esencial: tanto Martínez de Hoz y la Junta Militar como Cavallo y el gobierno de Menem contaron con el apoyo pleno de EEUU que, años antes (1973) a través de la CIA había derrocado al gobierno popular chileno de Salvador Allende.
UNA CULTURA DE MUERTE
En el ámbito sociocultural dominaron la censura y la represión. Jóvenes que llevaban los cabellos largos, y más aún si tenían una pequeña barba, eran detenidos por ser sospechosos de admirar al Che Guevara.
No se podía circular sin documento de identidad ni siquiera en la vereda de la propia casa. Los trabajadores que intentaron alguna protesta para defender sus derechos fueron salvajemente reprimidos.
Numerosos intelectuales y artistas fueron asesinados, entre ellos Rodolfo Walsh (periodista, escritor y militante de la izquierda peronista) a quien mataron después que éste enviara una carta abierta a la Junta al cumplirse un año de gobierno.
Esa carta se hizo famosa y recorrió el mundo. Otros debieron exiliarse y soportar penosas condiciones de vida en lugares con culturas diferentes a la nuestra. Las obras de Walsh fueron prohibidas, como también las canciones de León Gieco, Víctor Heredia (cuya hermana es una de los 30.000 desaparecidos), Daniel Viglietti (uruguayo), el conjunto Quilapayún y Violeta Parra (chilenos), Paco Ibáñez y Joan Manuel Serrat (españoles), todos ellos muy queridos por el público argentino.
El pianista Miguel Ángel Estrella, reconocido internacionalmente, fue apresado y le quebraron las manos para que no pudiera volver a tocar; afortunadamente con mucho dolor y esfuerzo logró rehabilitarse. Tanto él como Tato Bores, el cómico político que para mi generación fue un clásico en su género, ayudaron a muchísima gente a salvarse.
EL CAPÍTULO LOCAL
En el Chaco, el ministro de Educación, coronel Oscar Alfredo Zucconi y su secretaria, la profesora Lela Carrió, prohibieron y ordenaron la quema del libro Dios era verde, de José Chudnovsky, una verdadera joya literaria de profundo contenido social. Afortunadamente uno o dos ejemplares zafaron de la quema, perdidos en bibliotecas, por lo que en 2004 pudo ser reeditado.
Otro sangriento episodio que tuvo por escenario nuestra provincia fue la Masacre de Margarita Belén. ¿Qué reacción tenía la gente mientras todo esto pasaba (y no mencionamos por razones de espacio los vuelos de la muerte, el robo de bebés y otros crímenes de lesa humanidad)? Algunos por miedo no querían hablar, otros no veían o no querían ver lo que pasaba.
“Algo habrá hecho” era la frase reiterada cuando alguien desaparecía. Por otra parte, la Junta, siempre asesorada por expertos, conocedores de la pasión argentina por el fútbol, logró que se nombrara al país como sede del Mundial 78 y la gente se embobaba con los partidos mientras en la ESMA se torturaba, se violaba, se robaban bebés y se desparecían personas.
Hubo aquí, en la Facultad de Humanidades y más concretamente en el Instituto de Filosofía, otro incendio. Nosotros ya no estábamos porque habíamos sido prescindidos, pero nos enteramos por nuestros compañeros que entraron al Instituto y sacaron todos los libros que a juicio de los que ejercían la censura podían ser peligrosos, y junto con esos libros un material invaluable: los boletines filosóficos donde escribíamos los docentes. Llegamos a publicar tres antes de que nos echaran.

En el N° 3 comenzábamos a incluir artículos escritos por los estudiantes y pensábamos seguir haciéndolo pero no pudimos. En ese trabajo elaborado por un grupo de estudiantes figuraba Marcela Molfino que, junto con su compañero, el Negrito Amarilla integra la lista de los 30.000 desaparecidos. Ni Marcela, ni su familia sabían que ella estaba embarazada cuando la apresaron.
El bebé nació en un centro clandestino de detención y fue apropiado por usurpadores. Afortunadamente gracias a la incansable labor de Abuelas de Plaza de Mayo pudo ser recuperado. Su nombre actual es Guillermo Martín Amarilla Molfino.
Las madres de los desaparecidos, cansadas de golpear puertas de funcionarios y obispos sin encontrar respuestas coherentes, comenzaron a concentrarse en Plaza de Mayo para compartir su dolor y darse fuerzas. Esto no fue permitido. Les ordenaron circular.
Ellas, mansamente pero decididas, empezaron a caminar en círculos alrededor de la Pirámide. Los jueves eran sagrados. Nada impedía ese incesante circular. Algunos las admiraban.
Para otros eran “las locas de Plaza de Mayo”. Habría tanto que contar sobre aquella época, sobre estas Madres y Abuelas que jamás se rindieron, pero el espacio se está acabando. Por eso me limito a balbucear una reflexión que sobre todo va dirigida a los que somos docentes y estudiantes en general, pero particularmente a los que intentamos hacer filosofía: ¿estamos propiciando en nuestras clases, en nuestros estudios, el fortalecimiento del espíritu crítico, la defensa de los derechos humanos, el respeto a la dignidad, a la igualdad de oportunidades, a la verdadera justicia, al pensar por nosotros mismos y no dejarnos llevar por lo que nos dicen en la tele, en las radios? Si lo hacemos, y sólo así, el Nunca Más podrá hacerse realidad.










