La desigualdad condiciona a las nuevas generaciones
Una reciente investigación del Observatorio de la Deuda Social Argentina, que depende de la Universidad Católica Argentina (UCA), volvió a poner la lupa sobre la situación que viven millones de jóvenes argentinos que, por haber nacido en hogares de bajos ingresos, sufren las consecuencias de una sociedad con escasa movilidad social y estructuralmente desigual.
Se trata del estudio titulado “Juventudes desiguales: Oportunidades de integración social”, en el que se analiza una serie de estadísticas que reflejan la difícil realidad que viven la mayoría de los jóvenes de entre 18 y 29 años de todo el país. El segmento que aborda este trabajo de investigación abarca casi una quinta parte de la población total de la Argentina, es decir, unos 8,4 millones de personas. A través de encuestas se indagó sobre los hábitos, la salud, la educación, el empleo, la protección social y las condiciones psicosociales de los jóvenes.
Entre las principales conclusiones del estudio se pueden mencionar, por un lado, que más del 16 por ciento de los jóvenes argentinos fueron padres o madres antes de los 19 años; y que cuatro de cada diez no pudieron terminar los estudios secundarios. El sondeo reveló también que uno de cada tres, esto es el 34,4 por ciento del segmento poblacional analizado, tiene hijos o está esperando uno; y que las mujeres tienen más posibilidades que los varones de encontrarse en esta situación (42,3 por ciento frente a 26,4 por ciento, respectivamente).
Respecto de este último dato, se puede traducir también de la siguiente manera: las mujeres son madres mucho más jóvenes que los varones. Por otra parte, la proporción de quienes tienen o esperan hijos se duplica entre los que no terminaron el secundario y aquellos que superaron la escuela media (48,7 por ciento frente a 24,8 por ciento). Dicho de otro modo, a medida que avanza la edad se incrementa la posibilidad de haber sido padres; y las probabilidades de tener que asumir tempranamente la crianza de un niño también aumentan en la medida que se tenga menos educación y se pertenezca a los sectores más vulnerables. Se confirma así la importancia que tienen las políticas públicas que buscan garantizar la inclusión y, por ende, evitar la exclusión en los ámbitos de la salud, la educación y el desarrollo de capacidades psicosociales.
Vale la pena repasar lo que la socióloga Ianina Tuñón, investigadora responsable de este detallado trabajo, señala en el documento publicado por el Observatorio de la Deuda Social. “Existe amplio consenso en torno a que la sociedad argentina mutó de una configuración social en la que las nuevas generaciones de jóvenes con esfuerzo lograban un proceso de movilidad social, aun cuando no todos lograban hacerlo a través de la educación; a una sociedad con generaciones de jóvenes más educadas pero donde el esfuerzo no es suficiente para el progreso social en condiciones de pobreza, al tiempo que los jóvenes en estratos medios altos logran sostener su pertenencia social a través de atributos adscriptos al origen social y no siempre o necesariamente a través de méritos individuales asociados a la educación”, sostiene la experta.
“Las conjeturas construidas avanzan sobre el reconocimiento de una sociedad estructuralmente más desigual y en la que los procesos de integración social de los jóvenes son más heterogéneos”, observa Tuñón y agrega: “Al respecto, los cambios que se producen en los entornos social, familiar, educativos y comunitario de estos jóvenes a través de lo que se ha dado en llamar la reproducción intergeneracional de las condiciones de pobreza, modifican fundamentalmente el contexto de producción de recursos humanos y sociales, en el espacio de la salud, educación, desarrollo de capacidades psicosociales, entre otros, obstaculizando el acceso a las estructuras de oportunidades disponibles, que también se han ido empobreciendo y no logran acomodarse al cambio social”.
El estudio advierte también que entre los jóvenes que no completaron la escuela secundaria, siete de cada diez no tienen cobertura de salud, mientras que el 75,5 por ciento de los jóvenes residentes en hogares de clase trabajadora pobre carecen de obra social. Es evidente que en la Argentina se ha profundizado la desigualdad social, que ha adquirido un carácter más bien estructural que hace que haya pobres cada vez más pobres, cuyos hijos crecerán sin oportunidades de progreso y bienestar.










