La industria acusa el golpe de la recesión
Tal como lo venían advirtiendo desde distintos sectores de la oposición al gobierno nacional, las políticas económicas impulsadas por el presidente Mauricio Macri no hicieron más que profundizar la recesión. La industria fue uno de los sectores más golpeados por la contracción y así lo confirman los últimos datos publicados por el Indec, que revelan que en septiembre estuvo ocioso el 39 por ciento de la capacidad fabril instalada en el país.
Según el relevamiento del organismo nacional de estadísticas, la utilización de la capacidad instalada en las industrias se ubicó en el 61,1 por ciento en septiembre pasado, esto es un nivel más bajo al registrado en el mismo mes del año anterior cuando llegó al 66,3 por ciento. Dicho de otro modo, la estructura que no se utilizó de las empresas industriales trepó al 39 por ciento en la última medición, mostrando así un desplome de más de cinco puntos porcentuales comparado con el mismo mes de 2017. Si se observa con detenimiento el informe del Indec y se pone la lupa en el desagregado por sectores, se puede advertir que es la segunda vez en lo que va del gobierno nacional de Cambiemos que tres ramas de la industria nacional registran un uso de la capacidad instalada por debajo del 50 por ciento. Se trata de las industrias textil, metalmecánica y automotriz que vienen acusando el duro golpe del achicamiento del mercado interno y el fuerte deterioro del poder adquisitivo de los salarios de la gran mayoría de los argentinos. El registro anterior de una situación de deterioro similar se había dado en febrero del año pasado. La situación es realmente preocupante, porque lo que está en juego es la fuente de trabajo de miles de argentinos que se ven amenazadas por esta persistente caída de la producción de la industria nacional. Sin ir más lejos, la semana que pasó, la empresa Tileye S.A. decidió cerrar su planta textil ubicada en la provincia de Catamarca y cesantear a 50 trabajadores “con dolor y preocupación por su futuro”, según informó la empresa en un comunicado oficial.
Según los datos del Indec, en septiembre de este año la industria automotriz mostró una utilización del 44,8 por ciento de su capacidad productiva, mientras que el sector metalmecánico (sin contar el automotor) se ubicó en un 46 por ciento y el de productos textiles terminó el período con un porcentaje de 49,1 por ciento.
Pero no todos sienten por igual la contracción de la economía. De hecho, algunos sectores lograron incluso un buen desempeño, como las industrias metálicas básicas con un 84,3 por ciento de la utilización de su capacidad instalada; la de refinación de petróleo (75,7 por ciento), minerales no metálicos (74,1 por ciento) y la producción de papel y cartón (73,8 por ciento). En el caso de las industrias metálicas básicas, según advierten algunos economistas, se debe al buen momento que atraviesa el sector siderúrgico, impulsado por la fabricación de tubos de acero sin costura para la industria petrolera. Pero vale aclarar que estos casos son la excepción, ya que se cuentan con los dedos de una mano, mientras que el resto de los sectores sufren los efectos negativos de una caída generalizada de la economía como no se veía desde hace varios años, y que impacta con más fuerza en las pequeñas y medianas industrias de todo el país. En nuestra provincia, los empresarios que integraron la delegación chaqueña que fue recibida en Buenos Aires por el titular de la AFIP, advirtieron que “hoy las pymes no están pensando en crecer ni ampliarse sino que lo único que hacen es sobrevivir y tratar de no despedir personal”. Por su parte, el ministro de Industria, Comercio y Servicios de la provincia, Gustavo Ferrer, observó que si bien el Chaco no se registró todavía una caída tan drástica en el empleo industrial, el escenario futuro no es para nada alentador. “Vislumbramos un horizonte que, si continúa este escenario, nos va a impactar duro‘, dijo el titular de Industria.
Esta caída de la actividad productiva en la industria se traducirá, sin dudas, en una mayor destrucción de la fuente de empleo de muchos argentinos. Lo peor es que no hay ninguna señal que indique que esta preocupante situación se revertirá, y aún en el caso de que se hicieran las correcciones necesarias en el programa económico para incentivar la producción -lo que es muy poco probable-, llevará mucho tiempo recuperar el dañado tejido industrial argentino.










