Envejecer en forma activa y saludable
En muchos países la proporción de la población que tiene edades superiores a los 60 años continúa creciendo en forma constante, gracias a los avances logrados por investigaciones científicas que permitieron prolongar la expectativa de vida y la buena salud de muchas personas. Pero este fenómeno demográfico no es la única novedad en el sorprendente mundo en que vivimos: en Estados Unidos, por ejemplo, se registra un aumento notable de personas de 85 años o más que continúan trabajando.
Algunos medios de comunicación norteamericanos ya hablan de la “era del trabajador mayor” para referirse a quienes continúan en actividad pese a que ya superaron las edades legales que rigen actualmente para acogerse a una jubilación. Un reciente artículo publicado en el Washington Post aporta más datos: en total son 255.000 los estadounidenses de 85 años o más que declararon haber trabajado en el último año. Según el periódico, esta cifra es un 4,4 por ciento de los estadounidenses de esa edad, comparado con el 2,6 por ciento registrado por las autoridades de EEUU en el año 2006, es decir antes de la recesión. Estos números llaman la atención porque se trata, nada más ni nada menos, que de la cifra más elevada de trabajadores mayores de 60 años de la que se tenga registro en el país del norte. En otros países como Costa Rica, por ejemplo, la última Encuesta Nacional de Hogares reveló que el 7 por ciento de personas que trabajan actualmente tienen más de 60 años. Algunos expertos en cambios demográficos observan que en las próximas décadas el crecimiento de la población de adultos mayores se acelerará y que es muy probable que las personas que lleguen a esa etapa con buena salud aspiren a seguir en actividad.
Este nuevo escenario global también es seguido de cerca por expertos de la Organización de las Naciones Unidas, quienes indicaron en un reciente informe que en el mundo hay cerca de 700 millones de personas mayores de 60 años, y que distintas proyecciones estiman que en el año 2025, esa cantidad podría duplicarse. Según la misma fuente, se calcula que para el 2050 este segmento de la población mundial podría llegar a 2 billones de personas, es decir el 21 por de la población total global. Pero eso no es todo: estudios demográficos realizados por pedido de la ONU revelaron que entre los grupos de población de adultos mayores alrededor del mundo, el de más rápido crecimiento es el de los adultos mayores de 80 años.
En la Argentina, de acuerdo a los datos arrojados por el censo de 2010, hubo un incremento en la proporción de personas mayores de 60 años: suman 5.725.000, lo que representa el 14,2 por ciento de la población. Con esos números en la mesa, resulta interesante la observación que hace el gerontólogo argentino, Ricardo Iacub, respecto a esta cuestión, cuando habla del nuevo paradigma de “envejecimiento activo” que se advierte tanto en el país como en el resto del mundo, y que se caracteriza por un número cada vez mayor de personas de más de 60 años que salen del ámbito privado para asistir a universidades, centros culturales y espacios públicos. Iacub sostiene que se viene de una sociedad en la que el control por edad era mucho más estricto, pero hoy las diferencias por edades son muchas más difusas.
Por otra parte, algunos especialistas consideran que el incremento del número de adultos mayores en la fuerza laboral de Estados Unidos es un fenómeno que se extiende en muchos países, sobre todo en aquellos con mejores ingresos donde se registran sustanciales mejoras en la expectativa y calidad de vida de las personas, y donde ya no es inusual que la gente de 85 años o más permanezca en actividad, aunque debe aclararse que por razones obvias este grupo logra incorporarse en puestos donde se valora más la experiencia, pero las tareas requieren menos esfuerzo físico.
Por último, debe señalarse que, como todo fenómeno social, el de la participación de los adultos mayores en el mundo laboral tiene al menos dos caras. Por un lado, están aquellos que disfrutan de su trabajo y gozan de buena salud, y por lo tanto no existen razones para negarles la posibilidad de trabajar. Por otra parte, están los que se ven obligados a trabajar por necesidad económica, los que deben producir ingresos aunque su salud esté deteriorada, para quienes la realidad es más difícil y, por lo tanto, merecen otra respuesta de la sociedad.










