Pensar el futuro de la educación superior
El conocimiento científico y tecnológico generado en las universidades es una herramienta clave para el desarrollo y progreso. En este nuevo siglo, se impone la necesidad de reflexionar sobre el futuro de la educación superior argentina y de encontrar ejes y propuestas de trabajo que vayan más allá de los cambios de las políticas educativas de cada época.
El desafío es enorme. “La universidad debe trabajar con una visión compleja e interactiva de todos los factores del proceso del conocimiento”, afirma el doctor en Filosofía y experto en políticas de educación superior, Augusto Pérez Lindo, en su libro “El uso social del conocimiento y la universidad”. En “La educación superior argentina”, otra de sus obras, el mismo autor analiza la evolución de ese nivel educativo en el país a partir de la recuperación de la democracia en 1983 y hasta 2015. Allí plantea que “a pesar de sus limitaciones y de los contextos inciertos, en que se ha desenvuelto en el período 1983-2014, el sistema universitario nacional ha demostrado una gran capacidad para mejorar la actividad científica, para transferir conocimientos a las empresas, a los organismos del estado o a las organizaciones sociales. A pesar de la falta de financiamiento pudo desarrollar en forma sorprendente el nivel de posgrado. Todo esto demuestra que existe una gran capacidad disponible para convertir a toda la educación superior argentina, pública o privada, en un agente decisivo para un proyecto de desarrollo con uso intensivo del conocimiento”. En la segunda parte de la misma obra, dedica una mirada al futuro de las universidades de América del Sur, hace referencia al concepto de “universidad inteligente” y plantea interrogantes sobre la denominada sociedad del conocimiento.
Pérez Lindo sostiene que la enseñanza de la mayoría de las instituciones superiores se basa en la transmisión de conocimientos, pero se necesitan cambios para llegar a un modelo que desarrolle actitudes, competencias y valores adecuados. En ese sentido, observa que en América Latina, para llegar a ese contexto, “se precisa un cambio profundo que nos lleve a un modelo de acumulación y de desarrollo con uso intensivo del conocimiento científico y tecnológico”. Y eso es algo que, lamentablemente, todavía no ocurre, afirma el experto.
“A pesar de que la región posee abundantes recursos humanos calificados, o sea, profesionales, científicos y técnicos suficientes para superar el subdesarrollo, no se observa que las clases dirigentes (políticas, gubernamentales, empresariales, sindicales, sociales) estén valorizando el uso del conocimiento para superar los problemas de la sociedad”, advierte, y el escenario actual con políticas nacionales de ajuste le dan la razón. Días atrás, en esta misma columna, se alertó que el proyecto de presupuesto 2019 que el Poder Ejecutivo nacional envió al Congreso generó una enorme preocupación en los rectores que forman parte del Consejo Interuniversitario, el organismo coordinador que nuclea a universidades nacionales de todo el país. Luego de celebrarse la última reunión de ese organismo, las máximas autoridades de las casas de educación superior plantearon sus inquietudes a diputados miembros de la Comisión de Educación de la Cámara Baja, ante quienes expusieron la necesidad de reformular el proyecto de presupuesto universitario 2019, por considerar que el proyecto oficial impactará en forma negativa en el sistema universitario público.
Si, como sostiene Pérez Lindo, el futuro de la Argentina y de los países de la región, así como las posibilidades de superación del subdesarrollo, dependen del aprovechamiento intensivo de su capital intelectual y social, o sea, de la valorización de sus estructuras educativas, de sus profesionales, científicos y técnicos, es vital, entonces, que la clase dirigente tome conciencia de la importancia que tiene la larga tradición de la educación pública en el país, y en especial del rol estratégico que tiene la educación superior, porque a esta altura de los acontecimientos está demostrado que la producción de conocimiento constituye en el mundo contemporáneo una pieza clave para el desarrollo de los países. Debe coincidirse con Pérez Lindo cuando plantea además que se debe fortalecer la capacidad de las instituciones universitarias para transferir conocimientos útiles para la sociedad. El experto propone una “universidad inteligente”, como concepto superador de la “universidad profesionalista” y burocrática actual, que debería combinar la digitalización, la virtualización, un enfoque cognitivo científico y reflexivo, una pedagogía centrada en las actitudes, competencias y valores, una política institucional orientada a cuidar la socialización de los jóvenes y un sistema de interacciones con la sociedad, la economía y el Estado. El desafío está planteado. Es de esperar que se recupere el genuino interés por la universidad pública y por una educación de calidad para las nuevas generaciones.










