La trampa de la desigualdad social
Un niño que nace hoy en un hogar pobre de la Argentina tendrá enormes dificultades para escapar del injusto destino de exclusión y tristeza que lo espera en un país que profundiza la desigualdad. Según un estudio elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), ese chico necesitaría al menos seis generaciones para mejorar sus condiciones de vida y salir de la trampa de una sociedad que tiene amplios sectores de su población por debajo de línea de pobreza.
Así lo advierte el informe de la OCDE, que lleva por título “¿Un ascensor social descompuesto? Cómo promover la movilidad social”, publicado por el Foro Económico Mundial. Este estudio de la organización internacional analizó distintas variables relacionadas con los ingresos, la posibilidad de acceso a una vivienda digna y a servicios de salud, entre otros factores considerados indispensables para garantizar cierto grado de movilidad social ascendente. El análisis, que se llevó a cabo en 36 países, entre ellos la Argentina, llegó a la conclusión que en la mayoría de las naciones observadas la movilidad social entre generaciones prácticamente no existe desde la década del 90. Es que en esa década, corrientes de políticas económicas neoliberales se impusieron en distintas naciones occidentales dando como resultado un serio deterioro del bienestar económico y social de millones de personas.
Del análisis de la OCDE se desprende que, en la mayoría de los casos observados, la movilidad social de padres a hijos es baja en las diferentes dimensiones de ingresos, educación, ocupación y salud, y lo mismo pasa en lo relacionado a la movilidad de los ingresos personales en el transcurso de la vida. En particular, advierte el informe, hay una preocupante falta de movilidad en la parte inferior de los estratos sociales, mientras que en la parte superior de la escala social uno de los datos sobresalientes es la acumulación de oportunidades.
De acuerdo con este estudio, Argentina integra junto a Chile, Francia y Alemania, el grupo de países donde se necesitan seis generaciones para que una persona nacida en el seno de una familia de bajos ingresos alcance un salario promedio. En Irlanda, Corea del Sur, Portugal, Reino Unido, Italia, Estados Unidos, Austria y Suiza, se necesitan cinco generaciones para lograr la movilidad social; mientras que en Australia, Bélgica, Canadá, España, Grecia, Japón, Nueva Zelanda y Holanda, son cuatro las generaciones que se requieren para pasar de la clase baja a la media y alcanzar un bienestar razonable. Como era de esperar, los países nórdicos (Dinamarca, Finlandia, Noruega, y Suecia) son los que permiten una mayor movilidad ascendente entre un estrato social y otro, siendo Dinamarca el país mejor posicionado, ya que solo se necesitan dos generaciones para mejorar social y económicamente, mientras que en los otros tres países se precisan tres generaciones. En el otro extremo se encuentra Colombia, que el país analizado por este estudio donde es más difícil salir de la pobreza (se necesitan 11 generaciones). Sudáfrica y Brasil requieren nueve generaciones, y Hungría, India y China, siete.
Como bien observa el informe de la OCDE, el problema es serio ya que falta de movilidad social tiene consecuencias económicas, sociales e incluso políticas. Los especialistas que tuvieron a su cargo la elaboración final del estudio aseguran que con políticas públicas adecuadas, es decir con medidas que beneficien a los sectores más vulnerables, se puede lograr que las sociedades tengan una mayor movilidad social ascendente entre padres e hijos. Pero en la Argentina de hoy, donde la pobreza alcanza al 27,3 por ciento de la población, se avanza en sentido contrario. No fueron los desastres naturales los que hicieron que este país, que se caracterizó por el dinamismo de su estructura social, hoy tenga menos oportunidades de progreso. Fueron las decisiones de políticas económicas, la falta de justicia y el deterioro de su clase dirigente los factores que, en gran medida, hicieron que hoy muchos argentinos estén por debajo de la línea pobreza y, lo que es peor, que sus hijos crezcan sin las oportunidades que permiten, con educación y esfuerzo, progresar y pasar de una clase social a otra.










