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La educación de baja calidad hipoteca el futuro de los chicos

Según un estudio elaborado por el Banco Mundial que compara datos de educación y salud de 157 países, los estudiantes argentinos pierden cuatro años de escolaridad con respecto al ideal, debido fundamentalmente al bajo nivel de aprendizaje en las escuelas. En el capítulo local del análisis, que forma parte del nuevo Índice de Capital Humano que acaba de publicar el organismo, se advierte que Argentina está 40 por ciento por debajo del ideal en la preparación de los chicos para el trabajo.

El Índice de Capital Humano, que presentó el Banco Mundial esta semana en la asamblea anual que el FMI realizó en Indonesia, permite cuantificar la contribución de la salud y la educación a la productividad y los niveles de ingresos de la próxima generación. Según los expertos del organismo, los gobiernos pueden emplear estos datos para mejorar la calidad de vida de la población. En ese sentido, advierten que el capital humano es un motor central del crecimiento sostenible y la reducción de la pobreza en todas las comunidades, sin excepción. Pero la escasa movilidad social que se observa en la mayoría de las naciones, como producto de una mayor concentración de la riqueza en pocas manos y el empobrecimiento de amplios sectores de la población, permiten pronosticar un futuro poco alentador en muchos países, entre ellos la Argentina. En efecto, de acuerdo a esta investigación global realizada por técnicos del Banco Mundial, un niño que nace hoy en algún lugar de nuestro país no tendrá las mejores oportunidades de progreso en un futuro, ya que cuando alcance los 18 años, será el 61 por ciento de lo productivo que podría ser si tuviera posibilidades de recibir una educación de mayor calidad y una atención que garantice su mejor estado de salud. Así, los condicionamientos sociales, económicos, educativos y sanitarios que enfrenta hoy harán que desaproveche un enorme potencial (casi un 40 por ciento, según las mediciones del Banco Mundial).

El Índice de Capital Humano se refleja en una escala de cero a uno, que indica la productividad que tendrá como trabajador en el futuro, un chico nacido hoy comparada con la que tendría si accediera a servicios que le garanticen una salud plena y una educación completa y de calidad. En la reciente medición del Banco Mundial, nuestro país arrojó un indicador de 0,61, lo que quiere decir que está un 39 por ciento por debajo del ideal. La Argentina quedó en el lugar 63 del ranking que conforman los 157 países analizados. Singapur encabeza la lista con 0,88 puntos, seguido por Corea (0,84), Japón (0,84), Hong Kong (0,82), y Finlandia (0,81). En América Latina, el mejor posicionado es Chile (0,67), seguido por la Argentina y México (0,61), y Ecuador y Uruguay (0,60). Al final de la tabla de posiciones se ubican varios países africanos, con mediciones que arrojan, en promedio, 0,30 puntos.

Si se tiene en cuenta que la Argentina tiene en la actualidad más de diez millones de personas pobres y que, de esos diez millones, cinco millones son niñas y niños, está claro que es necesario cambiar el rumbo de una economía de ajuste que compromete el futuro de muchos argentinos. Por otra parte, la baja calidad de la educación así como la pérdida de oportunidades de millones de jóvenes que están por debajo de la línea de pobreza configuran un grupo humano que tendrá muy pocas oportunidades en los próximos años. Merece detenerse en las advertencias que hizo días atrás el director del Instituto de Estudios Laborales y del Desarrollo Económico de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Salta y doctor en Demografía, Jorge Paz, cuando señaló que lo más urgente es sacar a esa población de la pobreza, para asegurarles una nutrición y una educación adecuadas y de calidad; es decir, una transición a la adultez que les permita llegar preparados para los enormes desafíos que les impondrá el mercado de trabajo.

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