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Sin acceso equitativo a los medicamentos

La Organización Mundial de la Salud considera que el acceso equitativo a medicamentos
seguros es de vital importancia para que todas las personas, en todos los países, alcancen el grado máximo de salud que se pueda lograr. 

En la Argentina actual ese objetivo está cada día más lejos, debido al constante aumento de los precios de los remedios y a la falta de controles de un Estado que se muestra débil frente a las presiones de la poderosa industria farmacéutica.

Según un relevamiento del Sindicato Argentino de Farmacéuticos y Bioquímicos (Safyb), el precio de los medicamentos aumentó más de un 420 por ciento en menos de tres años, lo que hizo que para la mayoría de los argentinos que sufren una fenomenal pérdida de poder adquisitivo de sus salarios los remedios hayan pasado a ser, en muchos casos, casi un artículo de lujo, reservado solo para unos pocos. Representantes de esa organización sindical señalaron que el elevado porcentaje de estos aumentos obedece, por un lado, a la alta tasa de rentabilidad de las industrias farmacéuticas, que rondan el 1.000 por ciento, y por otra parte a la llamativa ausencia de controles del Estado.

De acuerdo con el sondeo que realizó la entidad, la fuerte suba de precios de estos productos farmacéuticos se registró principalmente en analgésicos, antiácidos, vitamínicos y antihipertensivos.

 

Un antiácido que a fines de 2015 tenía un valor de 91 pesos hoy cuesta 571 pesos, lo que equivale a un incremento de un 472 por ciento

 

De esta manera, un antiácido que a fines de 2015 tenía un valor de 91 pesos hoy cuesta 571 pesos, lo que equivale a un incremento de un 472 por ciento. Algo similar ocurre con los vitamínicos que subieron un 462 por ciento, pasando de 140 a 862 pesos y las drogas utilizadas para bajar la presión, cuyos precios treparon de 77 a 387 pesos.

El informe del sindicato señala que en el caso de los analgésicos es variable: una unidad pasó de 3 a 22 pesos, lo que equivale a un alza del 578 por ciento, pero una caja de comprimidos de estos productos pasó de 126 a 610 pesos, registrando así un incremento de un 344 por ciento.

Las subas también se dieron en los ansiolíticos, que pasaron de valer 51 a 291 pesos, experimentando un incremento del 422 por ciento; el magnesio, que hace tres años valía 107 pesos, hoy cuesta 469 pesos, es decir que sufrió un aumento de un 304 por ciento. Los antibióticos, en tanto, que costaban 110 pesos en 2015 hoy tienen un valor de 466 pesos en las farmacias, lo que representa un incremento de un 287 por ciento.

Frente a esta preocupante situación, el sindicato que nuclea a farmacéuticos y bioquímicos denunció que, en la práctica, lo que sucede es que el gobierno nacional dejó los medicamentos sin ningún tipo de regulación. En ese sentido, representantes de la organización remarcaron que los controles no los hace la Secretaría de Comercio de la Nación, ni la de Salud ni la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT).

El acceso a los medicamentos ha pasado a ser en los últimos años un privilegio que el mercado concede solo a los que tienen más dinero. Un camino para garantizar que la mayoría de los argentinos pueda comprar los remedios que necesitan, a un valor razonable, es asegurando la prescripción por nombre genérico, tal como lo señala la ley 25.649 que así lo establece y que tiene plena vigencia.

Pese a la enorme importancia social que tiene esta ley, hoy prácticamente permanece en el olvido y tampoco se hace mucho para concienciar a la población sobre la importancia de exigir que la receta o prescripción médica se efectúe expresando el nombre genérico del medicamento, seguida de la forma farmacéutica, cantidad de unidades por envase y concentración. Vale recordar que el objetivo de la ley es garantizar el derecho de los pacientes a elegir, dentro del mismo principio activo dispuesto por el profesional, el de la marca que le resulte más conveniente en función del precio.

En muchos casos, lamentablemente, los pacientes se encuentran con profesionales que prescriben las marcas de reconocidos laboratorios que, por lo general, colocan sus productos en el mercado a un precio mucho más alto comparado con un medicamento genérico que posee las mismas propiedades.