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Imperiosa necesidad de proteger los bosques

La deforestación sigue siendo en la actualidad uno de los problemas ambientales más graves del planeta y la Argentina no es la excepción. Junto con Brasil y Paraguay, nuestro país integra el grupo de naciones de Sudamérica que más perdieron superficie boscosa en los últimos años, como producto del avance de la frontera agropecuaria y las explotaciones mineras.

Un informe publicado en la revista Nature, una de las más prestigiosas revistas científicas a nivel mundial, informó que un estudio de investigadores de la Universidad de Maryland con información satelital de la NASA reveló que Sudamérica es la región con más deforestación registrada durante los años 1982 y 2016 y Brasil, Argentina y Paraguay son los países que más sufren el impacto de la deforestación sobre el ambiente. Por su parte, la organización Greenpeace, alertó que en la Argentina en los últimos 30 años se perdieron ocho millones de hectáreas de bosques, lo que equivale casi a la superficie total de la provincia de Entre Ríos. Acaso sea necesario recordar que hoy está vigente la ley 26.331 de Presupuestos Mínimos de Protección Ambiental de los Bosques Nativos, que estableció que las provincias deben realizar el ordenamiento territorial de sus bosques nativos. La ley fijó categorías para los usos posibles de las tierras boscosas: desde la conservación hasta la posibilidad de transformación para la agricultura, pasando por el uso sustentable del bosque. De esa manera, se zonificó los bosques en zonas de muy alto valor de conservación que no deben desmontarse (zona roja); zonas de alto o medio valor de conservación que pueden estar degradados pero que si se los restaura pueden tener un valor alto de conservación (zona amarilla), y los sectores de bajo valor de conservación que pueden transformarse parcialmente o en su totalidad, con la previa realización de una evaluación de impacto ambiental (zona amarilla).

Pero en tiempos de ajuste se corre el riesgo que el interés por el cuidado de los bosques pase a un segundo plano, y de hecho distintas organizaciones ambientales advirtieron que el presupuesto nacional 2019 prevé para el Fondo Nacional de Bosques recursos idénticos a los conformados para este año, es decir que no habrá -como era de esperar- una recomposición de esos fondos para compensar la devaluación de la moneda. Debe remarcarse, además, que es imprescindible que se respeten todas las categorías para los usos de los bosques, fundamentalmente las áreas rojas, como lo establece la ley. Es necesario consolidar, sin demoras, un modelo de gestión de los recursos que sea sostenible, avanzando en la aplicación efectiva de la Ley nacional de Bosques Nativos, de modo tal que la minería y la agroindustria intensiva no continúen avanzando sobre grandes extensiones de árboles en distintas partes de la geografía nacional que garantizan reservas de oxígeno y diversidad. La supervivencia de muchas comunidades de nuestro país depende, en gran medida, de la manera en que se utilicen los recursos naturales. En el Chaco, como en otras provincias de la región, la deforestación afecta a muchas familias indígenas y campesinas que a pesar de vivir desde tiempos inmemoriales en esos bosques, en muchos casos todavía no se han visto beneficiadas con la titularización de esas tierras. Pero eso no es todo, la deforestación ha provocado también que muchas de las familias en esta situación se hayan quedado sin tierras para trabajar, por lo que se vieron obligadas a buscar mejor suerte en la periferia de los principales centros urbanos, con los resultados que ya se conocen.

Es necesario que se cumpla con lo que establece la ley de bosques nativos, ya que de esa manera se estará protegiendo la flora y la fauna que habitan esos ecosistemas, y además se podrán prevenir las inundaciones que se producen en zonas donde el avance de la desertificación no permite la absorción del agua de las lluvias, ya que está comprobado que una hectárea con bosques absorbe diez veces más precipitaciones que, por ejemplo, una hectárea con soja. Se debe evitar que se reduzcan las superficies boscosas a niveles peligrosos, ya que se puede generar un efecto dominó sobre otros componentes del ecosistema, con un impacto que sin dudas afectará seriamente a muchas comunidades.

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