La feminización de la pobreza
Las desigualdades que afectan a las mujeres argentinas se profundizarán con las políticas de ajuste que lleva adelante el gobierno nacional para poder cumplir con las exigencias que impone el Fondo Monetario Internacional y así acceder al financiamiento del organismo multilateral de crédito. Según el Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas, la feminización de la pobreza creció en los últimos años en la Argentina, mientras que en el resto de los países de América Latina se redujo.
Economistas de ese centro de estudio advierten que los fuertes recortes del gasto que lleva adelante la Casa Rosada impactan de lleno en las políticas de género, pese a que en el discurso oficial se asegura lo contrario. Distintos sondeos confirman que los drásticos planes de ajuste, sumados a la caída de la actividad impactan con mayor dureza entre las mujeres, en buena medida porque la mayoría de ellas cuando ingresan al mercado laboral lo hacen en los empleos más informales. Para poder revertir esa situación sería necesario que se pongan en marcha políticas de cuidado, que son aquellas que son diseñadas para resolver las problemáticas del cuidado, que adquirieron mayor relevancia en los últimos años. Expertos del Fondo de Población de las Naciones Unidas explican que, desde un enfoque de derechos, implica que todo ciudadano tiene derecho tanto a cuidar como a ser cuidado. En este sentido, los grupos poblacionales que por sus particularidades constituyen el foco de las políticas públicas de cuidado son: los niños, niñas y adolescentes, los adultos mayores y las personas con discapacidad.
Pero en la Argentina de hoy, el recorte del gasto pone en dudas la posibilidad de la aplicación de políticas de cuidado para poder mejorar la participación de las mujeres en el mercado laboral, ya que por lo general son ellas las que realizan las tareas de cuidado. Según cifras oficiales, en el país el 37 por ciento de las mujeres que trabajan lo hacen en la informalidad, mientras que en el caso de los hombres la cifra desciende al 32 por ciento. Se estima que un cuarto de la informalidad en el trabajo realizado por mujeres corresponde a tareas de servicio doméstico. Además, se calcula que todavía más del 70 por ciento de las argentinas que trabajan en casas particulares perciben salarios en negro. Pero, además, con la abrupta caída de la actividad a partir del segundo semestre de este año se espera que el empleo sufra un mayor deterioro en los próximos meses.
Por otra parte, indicadores confirman que el desempleo crece entre las mujeres más jóvenes y que muchas de las argentinas se desempeñan en tareas de trabajo doméstico, donde predomina la informalidad. Desde el Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas observan que es necesario avanzar con un sistema nacional de cuidado, es decir con medidas concretas que permitan reducir las barreras que impiden a las mujeres participar plenamente del mercado formal de trabajo. Hasta ahora, solo las personas con mejores ingresos tienen la posibilidad de acceder a un sistema de cuidado privado que, dicho sea de paso, es cada vez más oneroso. En ese sentido, se advierte que la carencia de un servicio público reproduce el círculo vicioso de falta de oportunidades en las mujeres de menores ingresos. La decisión de reducir las transferencias a las provincias, ajustar obra pública y achicar el empleo estatal afecta algunas áreas como salud y educación donde más del 70 por ciento de los trabajadores son mujeres. “Es un ajuste recesivo donde el recorte del gasto público va directamente a sectores que están altamente feminizados”, advierten desde el Centro Interdisciplinario para el Estudio de Políticas Públicas, a la vez que se hace notar que cuando el Estado se achica deja de brindar servicios de cuidado y cuando eso sucede quienes se hacen cargo son las mujeres en los hogares.
En otras palabras, el peso del ajuste cae con mayor dureza sobre las mujeres, porque son ellas quienes se encargan de cuidar a los niños y a los adultos mayores, ya que ese es un mandato que todavía se mantiene en nuestra sociedad y que representa una sobrecarga en las responsabilidades femeninas. Para colmo, en este contexto que genera profundas desigualdades en la participación de las mujeres en la economía y en la vida social, se agregan políticas nacionales de ajuste que no hacen más que agravar la pobreza entre las que menos tienen.










