A 25 años de los acuerdos de Oslo
Se cumplen 25 años del histórico encuentro entre el líder de la Organización para la Liberación de Palestina, Yasser Arafat, y el primer ministro israelí Yitzhak Rabin, que tuvo lugar un día como hoy en una ceremonia pública celebrada en Washington ante la presencia del entonces presidente de Estados Unidos, Bill Clinton. Aquella cumbre representó una luz de esperanza para la comunidad internacional, que interpretó el acercamiento como un principio de solución y una salida pacífica al largo conflicto palestino-israelí. Pero hoy, un cuarto de siglo después, todo hace pensar que la idea de un Estado palestino coexistiendo con Israel está cada vez más lejos de cristalizarse.
Lograr que en este nuevo siglo se consolide el proceso de paz en Oriente Medio, logrando superar el complejo conflicto palestino israelí con una solución con dos Estados, fue un sueño de muchos líderes que hoy se diluye ante el desalentador escenario actual que fue adquiriendo una nueva forma con el giro de Israel hacia la derecha y con la intervención del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, que se manejó fiel a su estilo —como un elefante en un bazar— en una zona extremadamente sensible, a lo que debe agregarse el problema de una autoridad palestina debilitada y, según señalan algunos observadores de la región, la ocupación permanente de los territorios palestinos.
Si la decisión de Trump de trasladar la embajada estadounidense de Tel Aviv a Jerusalén, reconociéndola como capital de Israel, ya había dejado pocas dudas del nuevo cariz que comenzó a tomar la presencia en esa zona de la primera potencia militar mundial, la orden de la Casa Blanca de dejar sin efectos las ayudas a los refugiados y hospitales palestinos de Jerusalén terminó por confirmar la posición que la administración del magnate norteamericano adoptó frente al problema. De hecho, Trump aclaró que no está de acuerdo con una solución de dos Estados y, como si fuera poco, esta semana redobló su apuesta anunciando el cierre de la representación palestina en Washington. Frente a este panorama, distintos medios del mundo abordaron la cuestión señalando que, al cabo de 25 años, los acuerdos logrados oportunamente en Oslo no desembocaron en la paz que se esperaba para esta zona de Oriente Medio.
Este jueves se recuerda un nuevo aniversario del encuentro celebrado en 1993 entre Arafat y Rabin en Washington, pero no se realizarán actos para celebrar aquella reunión del 13 de septiembre de 1993. Habían transcurrido seis meses de negociaciones secretas en Oslo que permitieron que Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) se reconocieran mutuamente, firmando en Washington una “declaración de principios” sobre una autonomía palestina transitoria de cinco años.
Pero una muestra de cuánto han cambiado hoy las relaciones entre ambas comunidades es la declaración que hizo días atrás el presidente palestino, Mahmud Abas, al ser consultado sobre la fecha. Dijo que el acuerdo diplomático prometido por Trump se transformó “en la bofetada del siglo”. Desde la vereda opuesta, dirigentes de la derecha israelí ratificaron que se oponen a la creación de un Estado palestino y que no ven ninguna posibilidad de retomar el camino que marcó Oslo. El historiador israelí, Benny Morris, autor de “Sólo víctimas: una historia del conflicto sionista-árabe, 1881-2001”, lamentó que el poder político de Israel se haya corrido más a la derecha, aunque considera que hay responsabilidades son compartidas en el fracaso que se observa hoy en el proceso de paz.
Frente al actual estado de situación en el conflicto palestino israelí, vale recordar la reflexión que, ya en 1958, hizo el filósofo belga Chaim Perelman, creador de la nueva retórica: “El uso de la argumentación implica que se ha renunciado a recurrir únicamente a la fuerza, que se atribuye un valor a la adhesión del interlocutor, que no se lo trata como si fuese un objeto, sino que se apela a su libertad de pensamiento. El fanatismo y el escepticismo niegan este rol de la argumentación en nuestras decisiones. A falta de una razón apremiante, ambos tienden a dejar el campo libre a la violencia, recusando el compromiso personal”. Es de esperar que tanto los líderes de todo el mundo comprendan que en este siglo XXI se vuelve imperiosa la necesidad de impulsar el entendimiento entre los pueblos a través del diálogo y los consensos.










