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Motociclistas sin casco, un problema difícil de resolver

La ley nacional de Tránsito y también las normas de jurisdicciones provinciales y municipales obligan a los motociclistas a utilizar el casco cuando se circula por la vía pública. 

Todos los años, además, se realizan campañas de educación vial a través de las cuales se recuerda la importancia que tiene este elemento de protección para cuidar la vida de quienes circulan en motos o ciclomotores.

Pero, al parecer, nada de esto resulta suficiente para que muchos conductores de estos vehículos de dos ruedas tomen conciencia del enorme riesgo que corren cada vez que salen a la calle sin el casco protector.

Un reciente sondeo que llevó a cabo la Federación Internacional del Automóvil en los principales centros urbanos del país, que incluyó observaciones en la ciudad de Resistencia, reveló que tres de cada diez motociclistas no usan el casco reglamentario o lo usan mal.

El estudio consistió en realizar una inspección ocular para analizar cuáles son las conductas más frecuentes de los motociclistas. Para el estudio se tomaron 6.700 casos en Córdoba, Mendoza, Resistencia, Salta capital y en localidades de la provincia de Buenos Aires.

Según este trabajo de la Federación Internacional del Automóvil (FIA) el diez por ciento de los conductores no utiliza el casco, el 12 por ciento lo lleva suelto y otro seis por ciento lo tiene en malas condiciones, lo que reduce sensiblemente la efectividad del casco en caso de sufrir un impacto.

El dato es preocupante, porque la diferencia entre utilizar esta protección o no puede significar la vida o la muerte para el conductor. De hecho, diversos estudios coinciden en observar que no llevar el casco puesto multiplica por siete el riesgo de muerte en caso de accidente.

Es que si se tiene en cuenta que en un caso de colisión entre un auto y una moto, el conductor (y eventualmente también el acompañante) del vehículo menor no tienen una carrocería que pueda servir de contención en caso de choque o vuelco.

Además, está demostrado que en muchos casos la pérdida del equilibrio en la moto termina con un fuerte golpe en la cabeza del motociclista, con todo el riesgo que eso implica. Desde la FIA destacan la importancia de mejorar los controles en la vía pública y también los niveles de exigencia a la hora de sacar un registro para conducir un motovehículo.

Y no exageran: según datos de la Agencia Nacional de Seguridad Vial, el 38 por ciento de los muertos en siniestros ocurridos en todo el país son motociclistas. El año pasado se registraron 1.785 víctimas fatales, superando así las 1.499 muertes de automovilistas en accidentes de tránsito.

Por otra parte, el estudio de la FIA halló también otros datos no menos preocupantes: el 16 por ciento de los conductores de motos circulaba sin luces y el 15 por ciento, sin espejos. Respecto a la circulación en motos sin las luces reglamentarias, se puede decir que en la ciudad de Resistencia en un mal endémico y, lo que es peor, muchos conductores de estos rodados incluso viajan a alta velocidad por avenidas y calles con mucho tránsito, tanto de día como de noche, aumentando notablemente el riesgo de no ser vistos a tiempo por los conductores de otros vehículos.

De hecho, todos los días se producen en la capital chaqueña siniestros viales que tienen como protagonistas a motociclistas y en la mayoría de los casos las colisiones se producen en la intersección de calles. Aunque estos accidentes tienen múltiples causas, es evidente que la alta velocidad, así como la poca predisposición que tienen muchos motociclistas para frenar en las esquinas contribuyen a aumentar la tasa de siniestralidad.

Debe recordarse que el casco actúa protegiendo la cabeza del motociclista, dispersando la energía que se produce por el golpe de la colisión y, a la vez, absorbiendo el impacto. Las estadísticas confirman que, sin el empleo de ese elemento de protección, el traumatismo que sufre el conductor de la moto casi siempre es más grave.

Esto no debe ser ignorado en conglomerados urbanos como el Gran Resistencia ni en las ciudades del interior donde el uso de motos como principal medio de transporte tuvo un crecimiento exponencial en los últimos años.