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Agroindustria de la Nación, un ministerio para pocos

El sector de la agricultura familiar produce más de la mitad de los alimentos que se consumen los argentinos, y eso es posible gracias al esfuerzo de pequeños productores cuyo trabajo es fundamental en el ámbito económico productivo, social y cultural de las distintas regiones del país. Mientras que en la mayoría de las naciones desarrolladas se ven beneficiados por políticas públicas que aseguran el crecimiento de este modelo de agricultura, en nuestro país el Ministerio de Agroindustria de la Nación avanza en sentido contrario, con medidas que apuntan a desmantelar el área gubernamental que tendría que velar por los intereses del sector.

Una prueba evidente de ese desmantelamiento es la decisión del Ministerio de Agroindustria de la Nación de despedir a más de 1200 técnicos de la Secretaría de Agricultura Familiar y del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) en solo diez meses de gestión, a lo que debe sumarse la amenaza de más despidos en todo el país. Según la Asociación de Trabajadores del Estado, 600 empleados más de Agroindustria podrían quedar en la calle esta semana si, finalmente, se concreta un nuevo recorte que aplica el polémico ministro Luis Miguel Etchevehere, que pasó de presidir la Sociedad Rural Argentina a ocupar el máximo cargo en Agroindustria, y que a poco de asumir en la función pública quedó bajo la mira de la Justicia en una investigación por haber recibido un llamativo bono por 500.000 pesos de la Sociedad Rural Argentina. Cuando estalló el escándalo, no le quedó más remedio que devolver esa suma de dinero; pero pasada la tormenta siguió adelante con una política de despidos que, según entienden en la Asociación de Trabajadores del Estado, va mucho más allá porque Etchevehere ya tomó posición en un conflicto de intereses, que tiene por un lado a los pequeños productores de todo el país y por otro a los grandes grupos exportadores de materia prima, favoreciendo obviamente a estos últimos.

Según el gremio que representa a los trabajadores de la Secretaría de Agricultura Familiar, los despidos en ese organismo no son otra cosa que la antesala del desmantelamiento de un área que es clave para los pequeños productores, ya que la mayoría de los que fueron despedidos son ingenieros agrónomos, técnicos agropecuarios y veterinarios que venían desarrollando una valiosa tarea de asistencia y apoyo a las familias que viven en el entorno rural.

Como se señaló al comienzo de esta columna, en otros países no se ve al apoyo estatal a la agricultura familiar como un gasto sino como una inversión. En ese sentido, un estudio realizado por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, más conocida como FAO, que es un organismo especializado de la ONU que dirige las actividades internacionales encaminadas a erradicar el hambre, sostiene que la agricultura familiar, que es el modelo operativo de agricultura más común, ha asegurado el crecimiento del sector agrícola europeo durante siglos. “El ambicioso marco político actual de la Unión Europea se ha diseñado teniendo en cuenta los diversos modelos de agricultura existentes en la UE, incluidos los diferentes tipos de agricultura familiar. Este marco pretende principalmente dar una respuesta clara a la demanda ciudadana de seguridad alimentaria y tiene por objetivo satisfacer las expectativas crecientes en cuanto a seguridad, calidad, valor, origen y diversidad de los alimentos. Al mismo tiempo, la política agrícola común ha ayudado a mantener los estilos de vida rurales y ha realizado una importante contribución al desarrollo económico y social del entorno rural”, señala el informe que toma como ejemplos casos de Portugal, Hungría, Irlanda y Rumania, entre otros.

En Argentina, en cambio, la cartera de Agroindustria de la Nación se ha transformado en “un ministerio sólo para grandes exportadores”. Así lo aseguran los trabajadores del sector que vienen llevando adelante medidas de fuerza para protestar contra los despidos, y que advierten que otras medidas como la desaparición del régimen del monotributo social agropecuario y el despido de técnicos de la Secretaría de Agricultura Familiar confirman el rumbo que tomó el ministerio a cargo de Etchevehere y que, sin dudas, va a contramano de la agricultura más sustentable y equitativa que necesita el país.

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