La lucha de las mujeres impacta en Wall Street
Desde que se conoció que la principal empresa del productor estadounidense de cine Harvey Weinstein, acusado de haber abusado sexualmente de mujeres, se ha declarado en quiebra luego del estrepitoso fracaso de las negociaciones para vender sus activos, son cada vez más los inversores que, para evitar dolores de cabeza, exigen agregar en los contratos de adquisición o fusión de una empresa que cotice en la bolsa una garantía escrita que asegure que recibirán una indemnización económica en caso de que algún ejecutivo de la compañía adquirida sea llevado a los estrados judiciales acusado de haber cometido un abuso sexual.
En Wall Street esta nueva exigencia en los contratos de compra de empresas de Estados Unidos fue bautizada con el nombre de “cláusula Weinstein”, en referencia al escándalo de abusos que tiene en el ojo de la tormenta al productor de Hollywood. Según explicaron agencias de noticias especializadas en operaciones financieras, la cláusula busca garantizar a los inversores que la empresa en proceso de compra se comprometa a que, en el momento del acuerdo, ningún ejecutivo esté enfrentando una demanda judicial por acoso sexual. De este modo, los inversores no quieren arriesgar su dinero por escándalos de este tipo y por eso son cada vez más los que exigen garantías de que no tendrán que afrontar responsabilidades legales por mala conducta sexual de ejecutivos de las empresas que adquieran. Así, a las cláusulas sobre precios, tiempos y formas de pago que normalmente tienen los contratos de adquisición y fusión de empresas se agrega ahora esta nueva disposición que, en el fondo, muestra las transformaciones que comenzaron a generar en casi todo el mundo los movimientos de mujeres que luchan por sus derechos y para poner fin a esquemas sociales que durante siglos naturalizaron el rol secundario de la mujer.
Hasta hace poco era impensable que un todopoderoso productor de Hollywood (Harvey Weinstein fundó junto con su hermano Robert las productoras de cine Miramax y The Weinstein Company, que tienen en su haber varias películas ganadoras de premios Oscar) sea llevado al banquillo de los acusados por mujeres con mucho menos poder e influencias que él. Es probable que, antes de que se desatara el escándalo, el empresario no haya prestado mucha atención al movimiento “Yo también” (“Me Too”, en inglés) que ya había comenzado en 2006 pero que creció exponencialmente con la ayuda de las redes sociales para denunciar la agresión sexual y el acoso sexual, y que permitió que muchas mujeres hicieran públicas las situaciones de esa naturaleza que habían padecido. Se calcula que solo en Estados Unidos unas 500.000 personas se sumaron a esta cadena de denuncias, entre ellas muchas actrices de renombre en la meca del cine mundial.
Según datos de la agencia Bloomberg, empresas estadounidenses de la industria del entretenimiento y también de los negocios inmobiliarios ya incluyen declaraciones con las que aseguran que ninguno de sus directivos han sido acusados por mala conducta sexual. Es probable que esta práctica se extienda, de ahora en adelante, a muchos países donde el fuerte activismo de los movimientos feministas comienza, a fuerza de solidaridad, a ganar una de sus principales batallas, que no es otra que aquella que logra la deconstrucción de ese “sentido común” instalado en las sociedades que postula a la mujer como ciudadana con menos derechos que los hombres.
Diana Maffía, doctora en Filosofía de la Universidad de Buenos Aires y además docente e investigadora del Instituto Interdisciplinario de Estudios de Género de esa casa de estudios, sostiene que es necesario que las mujeres eviten reproducir en la vida cotidiana las condiciones de desigualdad para, en cambio, producir condiciones más igualitarias entre los géneros. La clave del cambio -plantea Maffía- reside en esa solidaridad entre mujeres para que cada una de ellas vea a las otras como sujetos de cuidado. Es evidente que hay fuertes transformaciones sociales que tienen detrás a mujeres que han aceptado el desafío de promover el cambio. Que Wall Street esté hoy hablando de introducir en los contratos una “cláusula Westein” refleja, en cierta forma, los alcances que tienen los reclamos de los movimientos que vienen desde hace muchos años y que comienzan a consolidar a la mujer en un rol protagónico de la política de estos tiempos.










