Amputada de su puente principal, Génova teme el caos
Encajonada entre mar y montaña, la ciudad es un ovillo de túneles y viaductos asfixiada por el tránsito. Señalan a la empresa concesionaria.
Génova, 16 (AFP) – “Génova resuelve su problema de tránsito” titulaba el Corriere della Sera en marzo de 1964, poco después de la construcción del puente Morandi, cuyo desplome el martes causó al menos 38 muertos. El derrumbe de la mole de cemento plantea un verdadero desafío para la ciudad de 600.000 habitantes: ubicada entre uno de los principales ejes norte-sur de Italia, el viaducto permitía el paso de más de 25 millones de vehículos al año.

La economía de Génova, que con Milán y Turín conforma el “triángulo industrial” italiano, gira en gran parte en torno a su puerto, el más importante del país. Pero la ciudad podría convertirse en impracticable y caótica en cuanto terminen las vacaciones de verano boreal. En esta zona, de escarpado relieve, el espacio es escaso.
“El puente Morandi era el único punto de paso entre el este y el oeste de la ciudad capaz de absorber volúmenes elevados de tránsito”, explica Giovanni Vecchio, investigador de la Escuela politécnica de Milán y experto en movilidad urbana. “Y era también un paso obligado para ir hacia el norte de la región, o a Francia, y en algunos casos para unir diferentes partes del puerto”, añade. De momento, la pausa estival hace soportables esos inconvenientes. Pero el experto sugiere que algunos barcos sean ya desviados hacia otros puertos.
“Un caos total”
“En tiempo normal, ya se produce un caos en cuanto hay un accidente en la autopista, y sin puente Morandini, mejor ni hablar...”, se lamenta Maurizio Campara, chofer de bus que cubre una línea al puerto marítimo. Dos grandes ejes permitían hasta ahora atravesar la ciudad: el que pasaba por el puente Morandi, y el que llega al puerto de Génova, donde transitan los turistas para embarcar en los cruceros y parte de los 5.000 camiones que vienen a diario a cargar o descargar al terminal de mercancías.
“Va a ser un caos total, ya que era el puente que unía todas las zonas de la ciudad” coincide Francesco Bucchieri, habitante de 62 años. “Sin el puente, la ciudad está cortada en dos. En septiembre, cuando acaben las vacaciones, y empiecen los colegios y las actividades, esto va a ser dramático. Todos los camiones van a hacia la ciudad”, augura Gianpiero Santini, taxista en Génova desde 2003.
“A corto plazo, la solución parece ser implementar largos desvíos hacia otras autopistas, lo que alargará las distancias y tendrá un coste financiero”, opina Vecchio. Autostrade per lItalia, que gestiona la autopista, afirmó que era posible reconstruir el puente en cinco meses, una vez liberado el lugar de los escombros. Pero el gobierno quiere retirar la concesión a la empresa, designada responsable de la tragedia.
Entre las alternativas, algunos abogan por construir un nuevo puente más al norte, otros por abrir el puente a los camiones durante la noche para repartir el tráfico sobre 24 horas, o que los camiones tengan acceso a una vía privada que lleve al puerto, y que ahora está reservada al grupo italiano del acero Ilva.

“Un gruyere”
Con todos esos túneles, Génova ya es un gruyère. ¿Qué se puede hacer? ¿Volver a cavar la roca?”, se interroga Claudio, de 72 años, que vive cerca del puerto. “En ese caso, más vale arrasar con la montaña”, afirma. “No hay alternativa”, considera Marco Porcile, propietario desde hace 31 años de un bar cerca del puerto. “A partir de septiembre, bastará un atasco a la entrada del puerto marítimo o del puerto de mercancías para que toda la ciudad quede bloqueada”.
Guerra contra la empresa
El gobierno italiano declaró la guerra a la sociedad que gestionaba la autopista del puente que se derrumbó el martes en Génova, matando a decenas de personas. En el lugar de la tragedia, grúas y excavadoras siguen quitando escombros. “Seguimos buscando huecos de los que pueda salir gente, viva o no”, declaró Emanuele Gissi, responsable de bomberos. El balance de víctimas no ha cambiado: 38 muertos y 15 heridos, cinco graves.
Durante el día, algunos de los 630 habitantes de los edificios evacuados fueron a recoger pertenencias a sus casas, escoltados por bomberos. Esas viviendas, situadas bajo el puente, fueron desalojadas hasta nuevo aviso. “Nos enviaron al hotel diciéndonos que podríamos volver a casa en una semana, luego nos dijeron que siguiéramos allí hasta noviembre”, dijo uno de los evacuados, Majid Alaui, que vive en una habitación con su mujer y su hija de cuatro años.
El mismo establecimiento acoge también a familiares de víctimas, que han acudido a reconocer los cadáveres y participar en los funerales. En el lugar del desplome, el trabajo de búsqueda “es peligroso porque los escombros son inestables”, y también lo es la parte del puente aún de pie, explicó Emanuele Gissi. “Lo que sí es cierto es que quienes están buscando nos dicen que hay aún otras personas ahí abajo”, dijo Matteo Salvini, el ministro del Interior y líder de la ultraderechista Liga.
En tanto, crecía el enfado a propósito de la catástrofe y de los fallos estructurales del puente Morandi, construido en la década de los sesenta, que se vino abajo provocando la caída de bloques de cemento, coches y camiones. El gobierno anunció su intención de revocar el contrato de concesión de la firma Autostrade en el tramo derrumbado. Varios ministros exigieron incluso que sean revisadas todas sus concesiones.
Autostrade per lItalia, que pertenece al grupo Atlantia, controlado por la familia Benetton, reaccionó este jueves destacando la seriedad de sus controles de seguridad. La compañía aseguró además que trabaja “con ahínco” en la reconstrucción del puente, una obra que debería terminarse “en cinco meses”.
Atlantia criticó el hecho de que el gobierno hiciera anuncios “en ausencia de cualquier certidumbre sobre las causas efectivas” de lo ocurrido, y avisó que la revocación de sus concesiones podría costarle importantes indemnizaciones al Estado. Según varios medios italianos, el Estado podría verse obligado a pagar miles de millones de euros de compensación. Las declaraciones de Atlantia no impidieron el desplome de su acción en la bolsa de Milán, donde cayó este jueves 22%.
Gratuidad para las ambulancias
A raíz de duras críticas del gobierno, Autostrade indicó por la tarde que las ambulancias dejarían de pagar los peajes en los cerca de 6.000 km de autopista que gestiona. “Si fuera un dirigente de Autostrade per lItalia, habría suspendido algunos peajes, pero en la hora siguiente” al drama, se indignó Salvini. El gobierno italiano también encontró otro culpable del drama: la Unión Europea y su política de austeridad acusada que recorte las inversiones.
“Las inversiones que salvan vidas, empleos y el derecho a la salud no deben ser objeto de cálculos rígidos y reglas impuestas por Europa”, declaró Salvini. La Comisión Europea aseguró que había animado a Italia a invertir en sus infraestructuras y recordó que los Estados miembro tienen libertad para ‘fijar prioridades políticas específicas, por ejemplo, el desarrollo y el mantenimiento de las infraestructuras”.










