La diversidad corporal hecha causa
En 2017 el activismo gordo fue uno de los temas que se sumó al debate en los encuentros de mujeres. En octubre de ese año el primer taller que lo contempla se discutió en Resistencia. A casi un año el movimiento en Argentina sigue creciendo y ganando espacios.
En una reciente entrevista Lux Moreno, autora del libro Gorda Vanidosa, aporta información sobre una causa global con raíces definidas en los 70.

Con una anécdota resume la mirada prejuiciosa que existe sobre un cuerpo con sobrepeso. Ingresó en un club deportivo para hacer natación, actividad que desarrolla desde los ocho y practicó en niveles federados. Cuando preguntó por el sector al que debía dirigirse le indicaron el de principiantes. Calló y esperó hasta ver si alguien se daba cuenta que sin haberle preguntado ni evaluado, la ubicaron en un lugar prejuicioso. Un profesor notó que nadaba muy bien y recién entonces ella explicó que lo hacía incluso en aguas abiertas. “Nadie sabe lo que puede un cuerpo; tenemos demasiados estereotipos negativos con las corporalidades excedidas de peso. Socialmente es muy valorado ser delgado y eso también abona a la gordofobia”, declaró a Radio Con Vos.
Los cuestionamientos
Moreno es profesora en Educación Superior y Media en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires, especializada en el Programa de Actualización en Comunicación de Géneros y Sexualidades (Facultad de Ciencias Sociales, UBA).
Como activista gorda y por la diversidad corporal se suma a la denuncia de cierta normativa cultural y social que excluye a algunos cuerpos y avala o pone como ejemplo a otros.

Hay estándares que están por todas partes; en la medicina, en ciertos estereotipos culturales de belleza, en el deporte, ejemplifica.
“A una persona con un problema de salud por ser obesa no la aliento a serlo. Mi mirada personal es que tenemos que vivir la habitabilidad del cuerpo”, remarca.
Una forma de resistencia
“Que me digan gorda no es un insulto, para mí mi cuerpo es una forma de resistencia. ¿Por qué una persona gorda no sería deseada por otras? Una de las cosas que tenemos que hacer las personas de la diversidad corporal es disputar los espacios de deseo. Desde nuestro lugar, la vanidad también es una forma de resistencia”.

Por eso eligió nombrar a su libro Gorda vanidosa, un concepto que propone responder al señalamiento que se suele hacer para marginar a algunas personas de una vida plena. “Lo mismo pasa con las excluidas de determinados estándares de belleza clasista, blanca, heterosexual”, complementa.
Proceso histórico
La docente señala que uno de los cambios que se pueden advertir es la dinámica sobre cómo las sociedades fueron construyendo ciertas prácticas normativas. Por ejemplo con el uso de la balanza, un objeto que hasta cierto momento histórico era solo de uso médico o del ejército y que luego pasó a la vida doméstica. “A partir de 1920 tuvo un boom de ventas en Inglaterra y Estados Unidos. Ese autocontrol del peso respondía a políticas públicas”, describe.
“Hasta finales del 1800 no había demasiados problemas con las corporalidades, pero más adelante se las comenzó a mirar como mano de obra. Por eso es interesante ver cuánto cambió esa mirada y se extendió hasta hoy”.

Diversidad de activismos
Hay varias corrientes dentro del activismo gordo. Alguna perspectiva más liberal incluye el estereotipo gordo en los cánones de belleza (fat body positive), que en general se visibiliza en las modelos de talle grande.
Por otro lado existe una perspectiva crítica, con referentes como Laura Contreras, Nicolás Cuello y el taller Hacer la vista gorda. Y en el medio de esas dos posiciones se ubican varios posicionamientos (como Samanta Alonso) y Moreno, que se sustentan en teorías feministas por considerar que su causa es producto de la lucha de las mujeres sobre la soberanía de sus cuerpos. “Creo que sin la globalización el activismo no habría llegado tan fuertemente a la Argentina como se lo ve hoy”, dice.
Gordofobia y discriminación
Moreno plantea que es tan fuerte la violencia contra las personas gordas y tan invisibilizada que pocos advierten, por ejemplo, el bullying que sufren a diario niñas y niños en la escuela, o la cantidad de chistes que existen o con cuanta frecuencia se usa el ‘qué flaca estás’ como cumplido.
Como feminista además hace una diferenciación de género: el cuerpo objeto de la mujer carga con una condena extra. Sin embargo admite que en las masculinidades también hay personas que sufren esos señalamientos en la mayoría de los aspectos de su vida, especialmente en los planos laboral y social.
“Estamos tan permeados por la violencia que tener un cuerpo gordo implica ser señalado todo el tiempo”.
Hace un año en Resistencia
Durante el 32 Encuentro Nacional de Mujeres, en Resistencia, se desarrolló por primera vez un taller de activismo gordo. Se realizó en el Colegio Nacional “José María Paz” y fue coordinado por el grupo Hacer la vista gorda. Durante las dos jornadas de trabajo el aula estuvo abarrotada, con más de 150 mujeres, lesbianas y trans que prefirieron volver a acomodarse antes que desdoblar el debate en dos espacios y perderse algunas de las experiencias y debates que se fueron construyendo.

Allí se puso en debate el deseo como una construcción política a partir de diferentes representaciones aprendidas, enseñadas y atravesadas por múltiples factores. La discusión dio cuenta de cómo esas representaciones se sostienen y retroalimentan con el machismo y neoliberalismo. Así, el cuerpo gordo y las subjetividades gordas pueden pensarse como disruptivas, orgullosas y contestatarias, de alguna manera escapan a las directrices hegemónicas.
Quienes tomaron la palabra enfatizaron la importancia de nombrar los cuerpos gordos y evitar los eufemismos desde los cuales se materializa el odio hacia ellos. En ese sentido, circuló la propuesta de dejar de hablar de sobrepeso (¿sobre el peso que normaliza quién?) u obesidad mórbida, como primera estrategia al alcance de la mano para sortear la soledad y empezar a construir desde una misma el deseo por el propio cuerpo.
La palabra ‘red’ fue de las que más circuló. La necesidad urgente de encontrarse, hablar y contenerse, se suma a la de contar con recurseros de profesionales de la salud que no traten con violencia a las personas gordas en el marco de la relación médico-paciente.
El activismo gordo ha llegado con fuerza para instalarse en la agenda de talleres de los encuentros nacionales de mujeres.
Publicado en Latfem.
Una revolución por la aceptación



Brenda Mato es modelo plus size y Nicolás Cuello escribió Cuerpos sin patrones. Los dos son activistas gordos, un movimiento que quiere garantizar la libertad y diversidad corporal.
En una nota publicada en La Nación en diciembre coindicen en que hay una revolución en marcha y tiene que ver con reivindicar los cuerpos. Sin arriesgar una fecha exacta de inicio, creen que, como ocurrió con el feminismo, que dejó de ser un movimiento de pocas y empezó a tomar las calles masivamente, el cambio del orden preestablecido será imparable.
El activismo gordo no reconoce género ni identidad sexual: es un movimiento que busca desestigmatizar la palabra, dejar de negarla y mostrar el cuerpo gordo.
Cuello se define como activista queer y gordo y explica que el movimiento es social e internacional, cuyos horizontes políticos engloban una amplia serie de expectativas de transformación y estrategias políticas que se esfuerzan por garantizar la libertad de los cuerpos gordos en particular y el reconocimiento de la diversidad corporal en general.
La experiencia local del activismo gordo se hace tangible desde el espacio Taller Hacer La Vista Gorda. Se trata de eso, un taller de encuentro en donde se juntan un montón de personas gordas de diferentes procedencias, a pensar y a diagramar modos de intervenir espacios públicos. Su victoria más fuerte fue la apertura del taller “Activismo gordx” en el Encuentro Nacional de Mujeres. “No somos un colectivo orgánico, no somos un partido político, tampoco nos quedamos en una narración terapéutica, nos juntamos mensualmente para pensar las discusiones que queremos dar”, contó Cuello.
Para los activistas, el problema lo tiene un sistema que oprime y rechaza los cuerpos gordos. La industria de la dieta, el aparato médico clínico, los medios de comunicación y otros artefactos culturales, junto con el diseño de políticas públicas en torno a la salud poblacional producen imaginarios normativos sobre lo que se considera un 'cuerpo saludable', un 'cuerpo en forma', un 'buen cuerpo', que en la sociedad en la que vivimos se asocian con una 'buena vida', explicó Cuello.
En un ámbito privado
“Necesitás bajar de peso”. Mato escuchó esa frase más de una vez. Para muchos, los cuerpos gordos son de los depresivos, los dejados, los improductivos, los angurrientos. ¿Por qué se diagnostica a una persona sólo por su contextura física?
Según el escritor, la representación cultural de lo saludable es un modo de control del cuerpo: las corporalidades gordas son, esencialmente, enfermas. “No tengo nada para responderles a las personas que piensan que estoy enfermo solo por ser gordo. No busco su aceptación, ni su agrado, ni su preocupación. Solo me interesa que otras personas gordas puedan acceder a la información necesaria para desnaturalizar la violencia cotidiana a la que nos enfrentamos y de la que nos merecemos ser libres”, dijo Cuello.
Para la modelo, la salud es tanto una hipocresía como una construcción naturalizada por la sociedad. “No existe un único tipo de salud, así como no existe un único tipo de enfermo. Existen gordos y flacos sanos, gordos y flacos enfermos. Aún si yo fuera una gorda enferma, tengo el derecho a existir y tengo el derecho a mostrar mi cuerpo y desear lo que quiero”, opinó.
Mato no habla de su peso ni del estado su salud: quedan en el ámbito privado. Como todo en su vida, tuvo que sortear muchas críticas y pedidos de explicaciones de extraños que creían conocer cuál era el diagnóstico de su médico.










