La guerra comercial de Donald Trump
El mundo mira con desconfianza las decisiones que adopta el presidente de los Estados Unidos Donald Trump y su administración en materia comercial a escala global. Para algunos, el proteccionismo sin medias tintas que impulsa el mandatario estadounidense tendrá un fuerte impacto en las cadenas de valor de distintas naciones y generará tensiones que perjudicarán a los países con economías más frágiles.
En este polémico asunto, una de las primeras movidas de Trump consistió en ordenar en su país la suba de aranceles en un 25 por ciento a las importaciones de acero y otro del 10 por ciento a las de aluminio procedentes de Europa, Canadá y México, para luego establecer nuevas tasas por unos 200.000 millones de dólares a las importaciones de China, todo en el marco de una política más amplia que bautizó “América Primero”, en la que se mezclan genuinos reclamos de sectores de la economía norteamericana que quedaron rezagados en los últimos años con confusos criterios de “seguridad nacional”. Pero más allá del estilo polémico de Trump, el mandatario parece estar decidido a mover las estanterías del comercio global, y prueba de ello es su anuncio de avanzar con más gravámenes contra países que son aliados de Estados Unidos en Europa que, a su vez, anticiparon que no se quedarán de brazos cruzados ante los embates proteccionistas de la administración norteamericana, por lo que no descartan aplicar represalias a la importación de productos americanos como el maíz, arándanos, pantalones vaqueros y motos de alta gama.
Economistas que defienden el libre mercado aseguran que el mejor remedio para hacer frente al proteccionismo de Trump es aplicar nuevas dosis de mayor liberalización, y en ese sentido señalan como positivo el acuerdo entre la Unión Europea y Japón que, además de incluir un área integral de libre comercio, también incorpora el intercambio de datos. Para algunos expertos, esta apuesta de Europa a una mayor apertura con Japón afectará a los intereses exportadores de Estados Unidos y beneficiará a los países que no imponen barreras. En otras palabras, la guerra comercial desatada por Trump dejará ganadores y perdedores, y ahí es donde cabe preguntarse cómo impactará este conflicto en los países de América Latina. En teoría, la nueva política arancelaria de EEUU podría beneficiar a unos pocos sectores de Argentina y Brasil, sobre todo a aquellos que son exportadores de materias primas. De hecho, China incrementó 25 puntos porcentuales los derechos aduaneros sobre la soja estadounidense, en respuesta a los aranceles que la administración Trump impuso a productos originados en el gigante asiático. Como China es un gran consumidor de soja, se espera que los productores de la oleaginosa de Brasil y Argentina se vean beneficiados en este nuevo escenario. Pero no todos ven con optimismo el escenario que se va configurando con esta guerra comercial entre potencias mundiales y, sobre ese punto, citan un reciente documento del Banco Central de Francia donde se advierte que si persiste el conflicto comercial internacional y se avanza con la aplicación de aranceles el Producto Bruto Internacional podría desplomarse hasta un 3 por ciento, generando efectos que, a su vez, podrían profundizar una caída de la productividad, un aumento de los costos del capital y una disminución de la inversión. Si se cumpliera este pronóstico, la Argentina -que se encuentra en una particular situación de extrema vulnerabilidad con una fuerte dependencia del ingreso de dólares- podría pagar un costo muy alto debido a que, como se dijo, no está en las mejores condiciones para hacer frente a los coletazos derivados de las fuertes tensiones comerciales que dominan hoy la escena global. Por otra parte, de acuerdo con recientes estimaciones del Fondo Monetario Internacional, los efectos de las políticas proteccionistas norteamericanas y las represalias que desató en Europa y China podrían restar hasta medio punto de crecimiento global para 2020, siendo la economía norteamericana una de las más afectadas. Según el estudio del FMI, en el peor de los cuatro escenarios proyectados, EEUU sufriría una caída de 0,8 por ciento apenas en el primer año. En el caso de Argentina, los malos vientos que comienzan a soplar en esta coyuntura global podrían complicar aún más la golpeada economía del país, sobre todo si se cumplen los pronósticos que advierten que la suba de la inflación en Estados Unidos podría llevar a la Reserva Federal a subir nuevamente las tasas de interés, con todo lo que eso significa para una economía como la argentina que es tan vulnerable a la salida de dólares.










