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El jardín de infantes no hace milagros

La educación tiene una enorme capacidad transformadora, y es por esa virtud que muchas veces se le pide al sistema escolar mucho más de lo que puede dar. Nuevas investigaciones sobre el impacto que las enseñanzas de los jardines de infantes tienen en niños de las familias más pobres de la Argentina confirmaron lo que, por cierto, ya se sabía: la escolarización temprana no hace milagros en los grupos más postergados de la sociedad.

Es que durante mucho tiempo se sostuvo, y con razón, que cuanto más temprano ingresan los chicos al sistema educativo, es decir al nivel inicial, mayores posibilidades tendrán de lograr un mejor desempeño en la primaria y la secundaria. Pero cuando se analiza con más detalle el proceso de enseñanza aprendizaje en entornos familiares con mayor pobreza, se advierte que aquella premisa no se cumple en los sectores más desposeídos. Así lo confirma una reciente investigación realizada por el Observatorio Argentinos por la Educación, que concluye que en los chicos de nivel socioeconómico bajo no se verifica el beneficio que se espera que tenga el jardín de infantes en los ciclos escolares posteriores. En otras palabras, para la infancia más pobre, con múltiples privaciones, el solo hecho de asistir a un jardín de infantes no basta para aprender.

Las conclusiones de este estudio fueron volcadas en el informe titulado “El jardín de infantes no puede solo”, que se basó en los datos de las evaluaciones Aprender donde se advierte que los chicos de familias que no tienen acceso a los sistemas de salud, tienen dificultades para garantizar una adecuada alimentación y no poseen techo propio, entre otras variables, la sola asistencia a nivel inicial no es suficiente para que estos niños mejoren en forma significativa su desempeño en lengua y matemática en los niveles primario y secundario.

Se confirma así que en la medida en que las condiciones socioeconómicas del país empeoren, menos oportunidades tendrán los sectores más desprotegidos para salir del círculo vicioso de la pobreza. Según el informe, la diferencia de aprendizaje entre niños de nivel socioeconómico bajo y alto se explica, por un lado, porque el jardín de infantes no alcanza a compensar por sí mismo las múltiples privaciones a las que se ve expuesta la infancia; y por otro, porque hay una enorme diferencia en la calidad de la oferta de nivel inicial a la que acceden los niños según su nivel socioeconómico. En la Argentina actual este problema es muy serio porque de acuerdo con el último informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina, casi el 40 por ciento de los chicos que tienen entre 0 y 14 años son pobres en nuestro país. La investigación del Observatorio Argentinos por la Educación, advierte por otra parte que entre los alumnos de nivel socioeconómico bajo, el porcentaje de estudiantes que logran un nivel satisfactorio o avanzado en lengua en primaria prácticamente no varía según hayan concurrido al jardín de infantes o no. Entre quienes no fueron al jardín, el 58,8 por ciento logran buenos desempeños y quienes fueron a la sala de 5 conforman un 58,1 por ciento de buenos desempeños. Según este mismo sondeo, en el caso de matemática, el 57,3 por ciento de quienes obtuvieron buenos desempeños no fueron al jardín, mientras que quienes fueron desde los cuatro años llegan al 52,8 por ciento. En cambio, entre los estudiantes de nivel socioeconómico alto sí se da una asociación positiva entre asistencia al jardín y mayor aprendizaje.

No se le puede pedir al sistema educativo que haga milagros. Si las condiciones sociales y económicas de los sectores más pobres de la población continúan deteriorándose con aumentos de precios, inflación y con el cierre de pequeñas y medianas empresas que dan trabajo a muchos argentinos, el jardín de infantes por sí solo no podrá resolver las demandas educativas y mucho menos, los problemas más acuciantes de los niños y las familias que sufren todo tipo de privaciones. De lo que se trata es de revertir, con políticas públicas y no con caridad, las condiciones estructurales de falta de equidad que, lamentablemente, vuelven a instalarse en la Argentina.

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