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El triste regreso del trueque

Los sectores de la población que más sienten el impacto de la fuerte devaluación de la moneda y la crisis vuelven a utilizar el trueque en distintos puntos del país. La falta de dinero en los bolsillos obliga por estos días a miles de argentinos a apelar al intercambio de productos o servicios para poder sobrevivir en una economía que solo beneficia a unos pocos.

El fenómeno, que debe ser un llamado de atención sobre el difícil escenario económico y social que se está incubando, se observa por estos días con mayor claridad en muchos barrios del conurbano bonaerense, donde cada vez son más las personas que recurren a esta modalidad para hacer frente al deterioro del poder adquisitivo de las familias. A diferencia de la triste experiencia que vivió la sociedad argentina en el año 2001, por estos días la gente dispone de herramientas tecnológicas que amplifican la oferta y la demanda para el intercambio: las redes sociales y los teléfonos móviles, dos elementos que permiten que se amplíe el horizonte del trueque. Lo novedoso de estos dispositivos, sin embargo, no alcanza para ocultar el lado más áspero de una realidad cada vez más difícil para sectores medios y bajos de la población que sufren (muchos sin saberlo) las consecuencias de la monumental transferencia de ingresos del bolsillo de los que menos tienen a los grupos más fuertes de la economía. Así, mientras la bicicleta financiera permitió a unos pocos realizar operaciones especulativas con fabulosos rendimientos en pesos o dólares, la mayoría de los argentinos con ingresos fijos y sin capacidad de ahorro se las debe ingeniar ahora con una práctica de siglos pasados, el trueque, para llevar alimentos básicos a sus hogares. Basta ver en las redes sociales cómo funcionan por estos días los grupos de trueque en los que se cambian ropa por productos de la canasta básica para tener una idea de la situación en la que ha ingresado en la economía. Resulta paradójico que este nuevo escenario de la Argentina sea similar al drama que viven amplios sectores de la población de Venezuela, país al que el marketing político del macrismo tomó como blanco para mostrar el modelo económico al que no se quería parecer. Se estima que, solo en el conurbano bonaerense más de 200.000 personas utilizan alguna modalidad de canje con la ayuda de la red social Facebook. En uno de los perfiles creados para conectar personas interesadas en este tipo de intercambio se puede leer: “No se canjean animales, ni armas”. En otros grupos de la misma red se observa que la mayoría de las transacciones buscan intercambiar todo tipo de vestimentas por alimentos básicos, como fideos, yerba, arroz, azúcar, harina o leche. “Trueque sin dinero, solo x alimentos”, se informa desde la página de Facebook de uno estos grupos que acredita más de 70 mil miembros.

El retorno del trueque en el conurbano bonaerense no debiera sorprender a nadie. Un estudio realizado por la Universidad Católica Argentina reveló que el año pasado en esa zona del país ya se registraba un índice de pobreza que alcanzaba el 54.2 por ciento de los niños; mientras que otras mediciones hallaron un déficit alimentario de 17.6 por ciento de chicos que no tienen una alimentación adecuada, y un 8.5 por ciento que alcanzan un nivel más grave, es decir que viven en hogares donde no se les puede garantizar un plato diario de comida. ¿Cómo se llegó a esta situación? No caben dudas que Argentina es un país donde se puede tropezar dos veces con la misma piedra, de otra manera no se entiende cómo, después de la crisis de 2001 muchos argentinos tengan que volver a utilizar el trueque, una práctica que antecede a la creación de la moneda y cuyo origen se remonta a más de 10.000 años.

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