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¿Mi teléfono me espía?

Un mito urbano que tiene algo de cierto pero no tanto como para quitar el sueño.

Existe una teoría de conspiración que involucra a los smartphones que simplemente se niega a desaparecer. Muchas personas están convencidas de que sus teléfonos escuchan sus conversaciones en secreto pero sólo para imponerles avisos publicitarios dirigidos.

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Algunos académicos en la universidad Northeastern University decidieron hacer un estudio riguroso al respecto. El estudio era más que necesario. Recientemente la publicación Vice alimentó la paranoia con un artículo titulado “Tu teléfono está escuchando y no es paranoia”.

En ese texto el autor llegó a esa conclusión tras un experimento de cinco días donde habló sobre “volver a la universidad” y “necesitar camisas baratas” frente a su teléfono y luego vio anuncios de camisetas y clases universitarias en Facebook.

Durante el último año, Elleen Pan, Jingjing Ren, Martina Lindorfer, Christo Wilson y David Choffnes realizaron un experimento en el que embarcaron a más de 17000 de las aplicaciones más populares de Android para averiguar si alguna de ellas estaba usando secretamente el micrófono del teléfono para grabar audio.

Según la revista Gizmodo hay más de 8000 aplicaciones que envían información a la red social pero no se encontró evidencia alguna de que una aplicación active inesperadamente el micrófono o envíe audio cuando no se lo pidan.

Espiar pero poquito Durante los primeros meses del estudio, los teléfonos estaban cerca de los estudiantes en un laboratorio de la Universidad Northeastern y, por lo tanto, estaban rodeados de conversación ambiental. Se consideró que si se trataba de espiar por el micrófono había demasiada interferencia y es posible que se hayan perdido grabaciones de audio de conversaciones, sobre todo, si la aplicación transcribió la conversación a texto antes de enviarla.

En definitiva, el mito no puede ser completamente descartado todavía. Todos deberían estar contentos pero la cosa se pone más complicada con el descubrimiento de una práctica diferente e inquietante: aplicaciones que capturan la pantalla del teléfono y envían esa información a terceros.

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Go Puff, un sitio especializado en “caprichos” comestibles fuera de hora, tiene una utilidadno documentada que captura la pantalla y la envía a una empresa especializada en análisis de consumidores.

De las 17260 aplicaciones que examinaron los investigadores, más de 9000 tenían permiso para acceder a la cámara y al micrófono. Por lo tanto, la posibilidad de escuchar al propietario del teléfono hablando de su necesidad de arena para gatos o de cuánto aman una determinada marca de helado era alta.

Usando 10 teléfonos Android, los investigadores utilizaron un software automatizado para interactuar con cada una de esas aplicaciones y luego analizaron el tráfico generado. Buscaban específicamente los archivos multimedia que se enviaban, especialmente cuando fueran enviados de forma inesperada y no solicitada.

La extraña práctica que descubrieron fue que las capturas de pantalla y las grabaciones de video de lo que las personas hacen en las aplicaciones se enviaban a dominios de terceros. Por ejemplo, cuando uno de los teléfonos usaba una aplicación de GoPuff, una empresa de mensajería instantánea para personas que tienen antojos repentinos de comida basura, la interacción con la aplicación se registraba y enviaba a un dominio afiliado a Appsee, una empresa de análisis móvil.

El video incluye una pantalla que contiene información personal, en este caso, el código postal. Un portavoz de Google, que administra la Play Store puntualiza: “Siempre apreciamos el arduo trabajo de la comunidad investigadora para ayudar a mejorar las prácticas de seguridad y privacidad en línea.

Después de revisar los hallazgos de los investigadores, determinamos que una parte de los servicios de AppSee puede poner a algunos desarrolladores en riesgo de violar la política de Play. Estamos trabajando en estrecha colaboración con ellos para ayudar a garantizar que los desarrolladores comuniquen adecuadamente la funcionalidad del SDK con los usuarios finales de sus aplicaciones”.

La política de Google Play estipula que debe revelar a los usuarios cómo se recopilarán sus datos.

LA PARANOIA

El nivel de paranoia que algunas personas sienten acerca de sus teléfonos es comprensible. Llevamos encima a todas horas un pequeño dispositivo con decenas de sensores que pueden registrar nuestro comportamiento pero es seguro que los anuncios que se ven en Facebook, casi con certeza, no son el resultado de que el teléfono nos escuche literalmente.

Los anunciantes saben de lo que estamos hablando porque otras personas como nosotros hablan de las mismas cosas y compran las mismas cosas. “No vimos ninguna evidencia de que las conversaciones de las personas se estén grabando en secreto”, dijo David Choffnes, uno de los autores del artículo.

“Lo que la gente parece no entender es que hay muchas otras formas de rastreo en la vida diaria que no involucran la cámara o el micrófono de su teléfono y brindan a terceros una imagen muy completa de nosotros”

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