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El baúl de las cosas perdidas

Lo leyó en el diario y sintió una sensación de duelo, aunque a él no le incumbía para nada. Juan Pérez se enteró de que la Cooperativa Sáenz Peña Limitada, nacida en 1925 en la ciudad homónima, para el acopio y el desmote de algodón, había vendido los equipos a una entidad Menonita de Catamarca por tenerlos en desuso.

Era como la sentencia de remate de una de las más grandes cooperativas de la época de oro del algodón. Por eso se sonreía también, al leer que en estos días se festeja que este año iba a aumentar la siembra del textil llegando a cerca de cien mil hectáreas, cuando el conoció años de más de 800.000 hectáreas. Se le renovó el interrogante que siempre lo asaltaba de si había sido un progreso suplir la cosecha manual del algodón por la mecánica dejando sin trabajo a 120.000 braceros que llegaban al Chaco para ganarse el año. Es cierto: era un trabajo muy duro y se prestaba mucho a la explotación del hombre por el hombre. Pero ¿están mejor aquellos que hacían la cosecha, ahora, hacinados en asentamientos de ciudades del Chaco y del país, sin los servicios elementales para vida y sobre todo sin trabajo?

A Pérez lo invadió la nostalgia y no sabía si era mejor aquello o esté presente lleno de novedades y de leyes de respeto para los derechos humanos y sobre todo de anuncios grandilocuentes que muy pocas veces se cumplen. De pronto detuvo su mirada en el baúl sobre el que estaba sentado y se acordó que allí guardaba cosas del pasado que le traían buenos recuerdos que añoraba. Levantó la tapa y se encontró con algunas sorpresas.

Sin garantía para la Educación

Lo que primero le saltó a la vista fue una libreta de calificaciones de su séptimo grado. Había pasado de grado y ese año no había faltado nunca a la escuela. Asistencia perfecta tenía. No pudo menos que sonreír al recordar a su querida maestra y lo comparó con lo que les pasa a sus nietos. Desde que empezaron las clases el 5 de marzo último, hasta el viernes pasado habían tenido 45 días de clases y 28 de paro docente. Las semanas ahora tienen dos o tres días de actividad escolar, para colmo discontinuas y con frecuente cambio de docentes por licencias. Y ahí encontró la explicación porque los chicos saben tan pocas cosas a pesar de tanta computadora. No puedo entender se dijo- como autoridades y gremios no se ponen de acuerdo y se pasan el año discutiendo y no garantizan el primer derecho humano del hombre después de la vida, que es la educación. Sin dudas, esta era una de las grandes pérdidas del presente.

Pérdida de Aerochaco

Dejó aquel boletín de calificaciones y su mirada se posó en un viejo pasaje aéreo. ¡Cómo no acordarse si fue para su luna de miel! Le habían regalado un viaje en avión a Córdoba por Aerochaco. ¡Aerochaco!, qué visión de aquellos que la crearon. Resistencia, centro para poder viajar al resto del país y de la región sin pasar por Buenos Aires. Desde la capital del Chaco se podía volar a Jujuy, Salta, Santiago del Estero, Córdoba, Mendoza, San Juan, Santa Fe, Formosa, Posadas, Iguazú. Llegó a haber vuelos a Asunción con idea de proyectarse más allá. Sin embargo, todo se perdió por mala administración y por falta de colaboración de las provincias de la región que eran beneficiadas. Es cierto que desde el 2008 hubo un intento de reflotarla, pero fracasó porque se había usado sólo el nombre para otorgárselo a un grupo económico y porque la Nación no quiso competencia para Aerolíneas.

Una buena y los coros

No podía creer lo que le saltó a la vista. Una foto de una canoa navegando por la Avenida 9 de Julio de Resistencia a la altura de avenida Las Heras y Vélez Sársfield. Era de las famosas inundaciones de 1966, junto a otra de alguien cambiando un foco de alumbrado público desde su canoa en avenida Sarmiento a la altura del Barrio Paykín. Recordó esos días de angustia en los que se había previsto una evacuación total de la ciudad y se dijo: ¡En esto sí que avanzamosà! Las obras de defensa, los terraplenes, los diques hicieron que todo esto quedara en el olvido. Se logró que esto quedara para siempre en la historia.

Todavía estaba reflexionando sobre aquello cuando una página amarilla del diario El Territorio (¡otra pérdida), doblada en cuatro le llamó la atención. La desdobló despacio para no romperla y era del aeropuerto de Resistencia, al regreso del Coro Polifónico desde Europa, donde había sido ganador de un concurso de Polifonía Clásica en la ciudad italiana de Arezzo. Un coro de un lejano rincón del planeta había sido galardonado por una de las cunas de la música, compitiendo con Coros de todo el mundo. Fue como ganar un mundial de fútbol. Algo que después se repitió en Pescara, también Italia y que le permitió a ese coro del Chaco recorrer capitales europeas. Esa gloria despertó la actividad coral y se crearon el Coro Polifónico de Sáenz Peña, el Coro de Niños del Chaco y luego el juvenil Santa Cecilia, además de realizarse por varios años el festival Octubre Coral en el que instituciones de ese tipo ofrecían sus repertorios los sábados y domingos de ese mes. Y pensó que hoy esa actividad se ha perdido y que se sabe poco y nada de los coros.

Había muchas cosas más en ese baúl, pero no quiso seguir adelante. Lo iba a deprimir, lo cerró y, en ese momento, la radio lo invitaba a prepararse para la inminente edición de la Bienal Internacional de Esculturas en su treinta aniversario. Un acontecimiento que convertirá al Chaco en algo así como la capital Mundial de la Escultura y se puso feliz. No todo está perdido, hay cosas que valen la pena.

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