El aumento de la demanda social
En todo el país, y particularmente en el nordeste argentino, el peso de la crisis económica ya se siente con fuerza en los sectores más vulnerables de la población. La fuerte devaluación del peso, los tarifazos y la suba constante de precios de los productos de la canasta básica hizo que muchas familias vuelvan a buscar amparo en la ayuda de municipios y gobiernos provinciales.
De esta manera, el notable incremento de la demanda de los sectores más desposeídos de la población configura un escenario por demás complicado que anticipa nuevas tensiones sociales. De hechos en varias jurisdicciones provinciales ya se adoptaron recaudos para hacer frente a esta nueva realidad con el refuerzo de partidas para atender áreas sensibles como Salud y Desarrollo Social. El interrogante que se plantea hoy es hasta qué punto se podrá profundizar la asistencia a los perdedores del actual modelo económico si continúan las políticas de ajuste del gobierno nacional. La aparición en escena del Fondo Monetario Nacional evoca situaciones para nada agradables por las que pasó el país en su historia reciente y por más que se intente maquillar la asistencia del organismo internacional de crédito asegurando que esta vez se tendrá mayor consideración con el segmento más vulnerable de la sociedad argentina, se sabe que sus recetas siempre vienen acompañadas de duros ajustes y de exigencias que golpean a los eslabones más frágiles de la economía. En las próximas semanas se sabrá sobre qué sectores recaerá la mayor parte del peso del tremendo ajuste por unos 200.000 millones de pesos que deberá poner en práctica el gobierno nacional para cumplir con lo que se prometió al FMI, es decir reducir el déficit fiscal primario del 2,7 por ciento al 1,3 por ciento.
El desafío que enfrentan por estas horas las administraciones provinciales ( y también los municipios) pasa por ver cómo se las arreglarán para evitar tensiones sociales de aquí a fin de año con los recursos siempre escasos y, además, con una administración nacional que exhibe cambios de figuras en ministerios clave pero que parece empeñada en continuar por la misma senda del ajuste y recortes a las remesas que se envían a las provincias, en medio de una tensión inflacionaria y preocupante caída de la actividad productiva. De hecho, el flamante ministro de Energía de la Nación, Javier Iguacel, confirmó que continuarán los ajustes de tarifas en los meses de septiembre y octubre próximo, cuando todavía se mantiene la desconfianza que generó la crisis cambiaria que eyectó del Banco Central a Federico Sturzenegger y que precedió al anuncio del retorno de la Argentina al Fondo Monetario.
¿La Casa Rosada, finalmente, aceptará realizar una mayor transferencia de recursos nacionales a las provincias para que éstas refuercen la atención en las áreas sociales, ante el fuerte incremento de la demanda por parte de la población más postergada? En Córdoba, por ejemplo la provincia resolvió aumentar en un diez por ciento el monto de la ayuda que canaliza a través del sistema de tarjeta social que se utiliza para alimentos de la canasta familiar y que es prácticamente un salvavidas para unas 77 mil familias cordobesas que están en situación crítica. Un dato a tener en cuenta es que si esto ocurre en la provincia mediterránea, una de las más ricas del país, no es difícil concluir que en las más pobres del NOA o el NEA, donde las demandas de atención sanitaria y social siempre han sido más intensas, la situación puede ser más compleja aún. Otro aspecto a considerar es que se ha ingresado en la temporada de bajas temperaturas, donde aumentan los casos de enfermedades respiratorias y la población necesita disponer de recursos para abrigo y para una adecuada alimentación. Lo más preocupante es que no hay señales en la economía nacional que indiquen que habrá una recuperación del tejido productivo en el corto plazo. Por más que se intente minimizar el impacto de la brutal devaluación del 50 por ciento del peso, lo cierto es que cada vez más la mayoría de la gente se encuentra en una situación difícil y es de esperar que prime el sentido común y la sensibilidad en quienes tienen la responsabilidad de conducir los destinos del país.










