Entre el silencio y las aguas de la selva misionera
El parque Salto Encantado, a pocos kilómetros de Aristóbulo del Valle, en Misiones, es uno de los más conocidos y promovidos en la provincia. Allí el arroyo Cuña Piru tiene una caída de más de 60 metros, después le siguen los saltos Acutí, Escondido, Del Picaflor y La Olla. Recorrerlo es maravillarse con la selva y sus animales, lejos de un motor a combustión o del frío cemento.

El sonido del ambiente son los pájaros y el agua o el agua y los pájaros. No hay más. Solo por momentos parece haber un silencio total. En ese silencio se sienten las hojas de los árboles como danzan y se mecen tan suaves como si estuvieran acunando a un niño. De a ratos, según el lugar, alguien golpea las manos, el timbre del campo como lo llama Luis Landriscina. En ese momento sobrevuelan los alaridos de los perros, locos y entusiastas, quizás también felices lanzados ahora a ladrar un rato.
El arroyo Cuña Piru aguas arriba del Salto corre lento, limpio, corcovea entre piedras. Los visitantes se agrupan en distintos puntos. En un sector unos chicos juegan y se salpican agua con entusiasmo. En otro, aguas más arriba, dos chicas toman sol. Solo el agua y la vegetación las cubre.
El parque provincial Salto Encantado está en la parte alta del salto. A orillas de la caída la vista es majestuosa, la verde selva se alza altiva y poderosa. El aire puro es difícil de describir. El sonido del agua nos empuja a observar, al fondo las piedras se tragan lo que cae y los expulsan limpios en suave corredera.
Para quienes van en ómnibus hay paradas por ruta nacional 14 y desde ahí hay móviles particulares. Para quienes se mueve en auto el estacionamiento está a unos metros del acceso y en el lugar cuentan con restaurante.

Paseos y senderos
Con los cambios que se hicieron hace pocos años una persona con discapacidad puede adentrarse en la selva por senderos deck. Además hay avistajes del salto desde distintos ángulos y para las vacaciones de invierno se espera la habilitación de aerosillas, lo que permitirá disfrutar de una vista única.
Los senderos de tierra y piedra son sinuosos y atrapantes. Sumidos en largos recorridos el eco del monte lo inunda todo. Por momentos se pueden advertir los propios pasos haciendo crujir hojas muertas.
A mitad de un camino de 1.800 metros la gente va y viene. En un descanso con bancos y espacios de recreación, un cartel anima a algunos: “zona de red telefónica”.
En el lugar hay un pozo profundo, la olla. El sonido del agua vuelve a inundar el ambiente. De a ratos un majestuoso tucán corta el cielo y desgrana su quejido. Algunas personas deciden meterse en el agua, no es mucho lo que pueden refrescarse pero para los niños puede parecer un oasis. El agua es limpia, fresca, sin olor.
Hay dos sectores bien diferenciados. Un pozo poco profundo, en el que se pueden ver las piedras del fondo. Y otro, del Salto la Olla, que es oscuro, profundo, en un rincón y protegido por la selva e inspira cierto temor. Por momentos arremeten mosquitos y tábanos o una mariposa de alas violeta, gris, blancas, amarillas.

Potenciar la región
Pablo Berrone y su esposa Ana Corral administran las cabañas Cambaota y cuentan que se está conformando una cámara de turismo del pueblo y del salto con emprendedores gastronómicos y de hospedaje.
Aunque admiten que es difícil lograr que participen activamente todos, los une el objetivo de mejorar el trabajo turístico en la zona. “Queremos mejorar los servicios y hacernos más visibles para otros municipios y provincias”, dicen.

En una zona nueva en el turismo mucha gente todavía no los conoce e incluso hay poca experiencia en ese tipo de servicio. “Estamos muy solos y algunos accesos no son buenos. Hay otras cámaras de turismo en Oberá, en Iguazú. Además ya hicimos contacto con Turismo de la provincia”, cuenta.
Para Pablo lo difícil es concientizar que el turismo es un ingreso genuino y que puede dar trabajo a la gente de la zona. Pero es necesario impulsarlo.
“Hay acciones que no necesariamente demandan plata y desde varios organismos del Estado municipal o provincial se pueden lograr”.
Alto con comida típica
Dentro del predio funciona un gran restaurante donde al mediodía puede sonar un tema de Los Rolling Stone, un chamamé, una polca, un chotis.

En el menú hay muy poco de la comida tradicional de la provincia de la tierra roja: mandioca frita y sopa paraguaya, nada más. Y aunque en estos lugares el reviro se come tanto como el pan en el restaurante no hay. El pedido llega rápido y lo traen jóvenes mozas de sonrisa blanca.

La ubicación estratégica del local permite sentir la brisa del monte. El aire es limpio aunque algunos intenten menguarlo con humo de cigarrillo. Todo en derredor es verde y desde allí puede verse el pozo del salto y escuchar el sonido del agua. Así como el parque está abierto únicamente de día, las puertas del comercio también cierran a las 17.
La calidez de las cabañas Camboata
Cuando entras el piso brilla intensamente. Todo está prolijamente ordenado. Las camas no parecen tendidas sino planchadas. Las paredes están inmaculadas. Hay cabañas para grupos de personas y familias. Y en el predio hay un quincho especialmente acondicionando donde cocinar o hacer un buen asado. La parrilla es de sensibles proporciones, fue diseñada para permitir la regulación de altura según las necesidades del asador. Hay tablas para picar carnes o verduras, varios utensilios, cocina a gas y una pava eléctrica. Durante el día tiene una excelente ventilación y por la noche no le faltan luces. En la mesa central hay mandarinas criollas, “son de nuestras plantas”, desliza con orgullo Pablo. En el predio también hay bananos con racimos grandes aunque aún muy verdes.

El patio es cuidado. El sol quema todo el ambiente y algunos sectores donde el pasto fue cortado más al ras ahora luce blanco y pálido. Un perro negro se pasea en silencio y se hecha al pasto.
Los balcones de las cabañas son espaciosos. En cada una de ellas se dispone de silletas. La vista es el monte, los árboles, las plantas, los diferentes verdes que puede ofrecer un rincón de Misiones. Desde la cabaña se escuchan quejidos de gallos, que irrumpen por la mañana y también por lo hacen a la siesta. Unas cuantas mariposas amarillas dibujan su andar entre las plantas.
Por la mañana la quietud es sorprendente. En esta en particular solo se mecen las hojas de los árboles, que son altos, las plantas o las hojas bajas están selladas. El pasto bañado en rocío. Los pájaros están de fiesta e invitan a soñar. El verde de la vegetación luce vivo, fuerte, vital. El olor de la yerba mojada, el mate recién preparado puede predecir un gran día regado por el sol, la tierra roja pegada a los zapatos, a la piel y entintando las prendas blancas que osamos vestir en estos lares, en la selva misionera.
“Cambaota es el nombre de un árbol que hay en la zona. Cuando vas por el sendero saliendo o entrando a las cabañas lo encontrás, incluso le hemos puesto un cartel. Nos pareció que era un nombre bien autóctono y por ello decidimos bautizar así este lugar. Pensábamos que era de origen guaraní pero los lugareños nos dijeron que no tiene significado, que quizás sea del portugués”, cuenta ahora mientras muere la tarde en Misiones. Pablo se pasea, cuidando que todo esté en armonía y cuidado.
Con su esposa Ana, administran las cabañas Cambaota. Se instalaron en la zona lindante al acceso del salto en 2008 y las cabañas se estrenaron en 2013. El parque está cuidado con plantas y florecido también con frutales. Las casas son de madera, una construcción típica en la provincia de Misiones y que demanda cuidados durante el año. Para que queden bien, sin humedad y evitar que queden blancas en lugares donde están expuestas al sol es necesario un tratamiento todos los años. “Nos gusta cómo han quedado, es cierto que requiere más trabajo y mantenimiento que una casa de material pero para el turismo es agradable y más atractivo. Acá por más calor que haga durante el día, las noches son frescas. Por eso tienen doble pared de madera y un aislante en el medio, que las hace absolutamente térmicas”.
El lugar es propicio para descansar y la ausencia de televisión, suele sumar: “Mucha gente se muestra conforme y también tuvimos gente que se nos ha ido por lo mismo. Hay gente que lo valora porque viene a este lugar a desenchufarse de todo”. Por otra parte la señal para teléfonos celulares es muy mala y la gente que al principio lo lamenta mucho, después cuando se adapta termina yéndose contenta. “Buscamos dar wifi, nos juntamos con vecinos para que una empresa nos instale el servicio”, explica.
Nuevo poblador en el parque
Luego de tres años de intensa búsqueda un nuevo ejemplar de yaguareté fue registrado por las cámaras de la ONG Red Yaguareté. El animal estaba en este Parque provincial Salto Encantado, un hecho auspicioso para la conservación de la especie en el extremo austral de su distribución en Misiones.
Desde fines de 2013 y hasta el presente, el único ejemplar residente conocido para el área era Mombyry, con otro individuo en 2014. Pero en septiembre de 2017 las cámaras hallaron uno que volvió a ser fotografiado en enero, aunque no se había podido determinar el sexo.
Esto finalmente fue posible en marzo de 2018, al confirmarse que se trata de otro macho, y uno avistaje más en abril, lo que parece indicar que se ha establecido en el área o que desea hacerlo.
Esta magnífica noticia indica que los yaguaretés aún se desplazan por los extremos más alejados del Corredor Verde, a pesar de la existencia de amplias zonas productivas, tanto ganaderas como forestales. También implica que en sitios cercanos al parque hay hembras reproductivas que continúan trayendo sus cachorros a la selva misionera.
“Se sabe que los machos no se toleran entre ellos muy cerca y que lo natural es que se establezca un dominante que busque desplazar al resto, por lo que deberemos esperar un tiempo para conocer cómo será la interacción entre ellos”, explicaron desde la red.
El nuevo -aún sin apodo- parece ser un individuo joven y en buen estado de salud, aunque de tamaño un poco menor que Mombyry, quien podría incluso ser su padre. Es muy probable que haya llegado hasta esta zona para establecer su propio territorio.
Es importante mencionar que desde la llegada del nuevo ejemplar a la zona no se han reportado predaciones sobre ganado doméstico, que abunda en la zona. En la misma área se lleva adelante un exitoso proceso de adecuación de actividades productivas en convivencia con grandes felinos como yaguareté y puma.










