Salir del atraso logístico, una deuda pendiente
En los países centrales la logística es considerada una de las mejores herramientas para impulsar el desarrollo de la economía y la competitividad, y por eso las naciones más prósperas realizan fuertes apuestas en el sector. En la Argentina, en cambio, y más específicamente en nuestra región, los altos costos operativos originados en buena medida por la falta de nuevas inversiones en infraestructura siguen conspirando contra los productos locales de exportación que se vuelven más costosos y menos competitivos en el mercado global.
La provincia del Chaco, lamentablemente, padece las consecuencias de este rezago logístico que tiene entre sus caras más visibles al frustrado ramal C3 del ferrocarril Belgrano Cargas, que une las localidades de Avia Terai con Barranqueras, y que para colmo ni siquiera figura en los planes futuros de recuperación ferroviaria. Las malas condiciones que presentan las vías en varios tramos de ese trayecto son una clara demostración del atraso en materia logística y que, por supuesto, se traduce en mayores costos en el transporte de cargas.
Mientras el mundo desarrollado estudia cómo optimizar los procesos logísticos, por estas latitudes continúa sin aprovecharse el potencial que ofrece la hidrovía Paraná Paraguay, un corredor estratégico para el movimiento de cargas en la región, fundamentalmente porque el transporte fluvial es el más barato en comparación con las demás modalidades. Pero ni siquiera el transporte terrestre con camiones saca ventaja porque debe lidiar con rutas saturadas como la número 11 o la 16 que necesita avanzar con la autovía hacia la ciudad de Presidencia Roque Sáenz Peña. Los altos costos operativos son una constante en las provincias del nordeste argentino que están todavía muy lejos de poner en marcha iniciativas como la Certificación en Logística Justa que lanzó este año la Organización Mundial de Ciudades y Plataformas Logísticas, con sede en México, con el fin de contar con una herramienta que permita mejorar las rutas logísticas, hacer más eficiente el uso de la multimodalidad del transporte y, por ende, lograr un nivel más alto de competitividad en los países de América Latina.
Si, como afirma el economista estadounidense experto en estrategia competitiva Michael Porter, ‘en el futuro la competencia no será entre las empresas ni los productos, sino entre procesos logísticos‘, entonces es necesario que el Chaco y la región ingresen en la senda de las buenas prácticas logísticas, con inversiones en infraestructura que permitan reducir los altos costos operativos que se han convertido en uno de los peores enemigos de la producción regional. Como se ha señalado ya en otras oportunidades en esta misma columna, es tiempo de acordar estrategias entre el sector público y el sector privado a fin de promover sistemas logísticos sustentables, acordes a los desafíos que presenta el mercado global.
No se puede esperar nada bueno de sistemas logísticos obsoletos que hacen que los productos de exportación sean muchos más caros y menos competitivos que los de los países que sí invierten en infraestructura y en procesos que ayudan a reducir costos. Hace poco, el experto en comercio e integración del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), observó que el costo de transporte en la región en muchos casos es tan alto que incluso está por encima de la protección arancelaria, lo que revela la falta de competitividad en servicios de logística que presentan los países de América Latina y que, como se dijo, la Argentina y la región nordeste no permanecen ajenas a este serio problema.
De acuerdo con un estudio realizado por el BID, América Latina y el Caribe necesitan destinar alrededor del cinco por ciento de su PBI anualmente durante las próximas dos décadas para reducir su brecha de inversión en infraestructura y así reducir los costos del comercio e incrementar la competitividad. En un país como el nuestro, que necesita imperiosamente incrementar el comercio exterior, no se puede dar el lujo de seguir postergando decisiones que, bien aplicadas, deben conducir a potenciar los procesos logísticos, y no al revés, como se pudo observar en los últimos años.










