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Parque Nacional Chaco: El bosque persistente

Tomando la 16, unos 65 km al oeste, y luego unos 40 km por la 9 para el norte, está Capitán Solari. Un poco más allá, atravesando el pueblo, el área protegida de bosque chaqueño.

(Enviados especiales: Rubén Tonzar y Marcelo López)

El bosque fue primero el hogar y el alimento de los originarios. Para el explorador español fue el espacio más fértil para la imaginación, un fantasma verde y denso que escondía los tesoros y el miedo. El militar argentino vio el bosque como la guarida oscura del enemigo a aniquilar. La Forestal nunca dudó de que era la fuente de una mercancía inagotable… mientras duró. El duende y el jaguar, los doses y la muerte. El Parque Nacional Chaco, a 7 km de Capitán Solari, guarda un fragmento de cada una de esas miradas, una señal de cada daño, y alguna memoria de felicidad en sus senderos. 

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Rubén Vecchio, maestro y músico de Las Garcitas.

Tomás Enrique Álvarez es escritor, autor de “Relatos del Quebracho”, profe del secundario, y para él, el bosque chaqueño fue “El escenario de una infancia feliz. Antes de cumplir los diez, en este obraje de La Forestal bañaba los bueyes al término de la jornada. Y ese trabajo me permitió comprar mi primera bicicleta con mi propio dinero. Sólo mucho tiempo después aprendí lo que nos había costado, todo lo que habíamos perdido a manos de una empresa que, cuando se fue, no nos dejó nada”.

Álvarez ha venido al sector de visitas del Parque Nacional Chaco invitado por la gente del Instituto de Turismo, que está celebrando el Día del Ambiente con una excursión para periodistas y una pequeña feria de alimentos, productos regionales y culturales de la zona. Colaboran en la puesta las intendencias de Capitán Solari, Las Garcitas, Colonias Unidas y Colonia Elisa, con la idea de promocionar el ecoturismo e impulsar a los pobladores locales para que desarrollen y ofrezcan servicios a los visitantes.

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Tomás Enrique Álvarez da clase de historia y de memoria.

Daniel Crosta, guardaparque e intendente de este parque nacional, cuenta que “Era una actividad muy esperada, sobre todo después de haber estado un año sin visitas por la construcción de nuevo puente de acceso. La habíamos planeado para el día del ecoturismo, pero la lluvia no nos dejó. Así que este (5 de junio) es un gran día”. Cuenta que el parque “tiene 15.000 hectáreas que se extienden de norte a sur”, que es “una fracción del bosque húmedo, selva de ribera, palmares y bosque fuerte, de quebracho y guayacán”, y que “sus límites están completamente alambrados”.

Crosta recuerda que estas tierras, que antes fueron parte de una concesión del monopolio inglés La Forestal, son parque nacional desde hace más de 60 años, y que cuando él llegó “Había una importante cantidad de pobladores dentro del parque, que solían quemar paños de bosque para cultivar o para ganadería”. Pero se acordó el retiro voluntario y gradual, y ahora sólo restan tres habitantes cuyas actividades son de mínimo impacto sobre el ambiente.

En el parque han detectado hasta el momento unas 400 especies de aves, y viven por allí chanchos salvajes, tapires, carpinchos, pumas y aguarás, anfibios y reptiles. Está abierto todo el año, la entrada es gratuita, y recibe hasta el momento unos 10.000 visitantes por año (cuando llegó Crosta, a principios de siglo, no llegaban más de 1.500), la mayoría de ellos extranjeros. A tal punto los chaqueños vivimos a espaldas de nuestras bellezas naturales.

Algo de eso intenta revertir el Instituto de Turismo, con sus Programas Sabores del Chaco, Anfitriones del Chaco y sus equipos de desarrollo turístico y promoción, compartidos con los municipios de la zona. Un desayuno de cocido y torta parrilla precede a la visita guiada por el sendero Río Negro (uno de los varios recorridos del parque). A la vuelta, un “alto guiso” hecho por las cocineras locales acompañado por el jugo de los pomelos en sazón, sólo una pequeña muestra de las delicias que ofrecen, juntas, la naturaleza y la gente de este sitio.

Mora Dicembrino, presidenta del Instituto, dice que esa reunión de “Naturaleza, gastronomía y cultura, la promoción del turismo como actividad económica, ayudará a generar empleo, permitirá a cada pueblo dar posibilidades a sus habitantes para que puedan vivir y crecer en la localidad, no dejar lo que es suyo”. Advierte que “Chaco es parte de un corredor ecoturístico importante en Sudamérica, junto a Cataratas, el Iberá, El Impenetrable, este Parque Nacional. Tenemos que ser profesionales, mostrar lo que somos, capacitarnos, para que todo ese desarrollo pueda convertirse en valor económico”. 

Antes y después del almuerzo (obra de Delia Gómez y su equipo) hay música, baile y relatos. Un botón de muestra de los bienes humanos y culturales que el Instituto de Turismo pretende poner en simbiosis con la naturaleza abierta al visitante. Una pareja de bailarines dibujan chacareras y zambas al son de bombo, guitarra y violín.

El violinista, Rubén Vecchio, es en realidad multiinstrumentista, un entrerriano que vino como maestro allá por 1979, y que compro todos los instrumentos necesarios para formar una pequeña orquesta con los alumnos. No tuvo éxito. En cambio, sus serenatas de trompeta (“Un instrumento de ataque”, explica) le sirvieron para conquistar a la que hoy es su esposa. “En el frente de su casa tiene una reja de hierro que es un pentagrama con toda la partitura de Kilómetro 11”, cuenta, admirado, Sergio Dolce, intendente de Las Garcitas, que además fue su alumno.

Otra rama de la petit muestra es la de los emprendedores, que exponen algunos de sus productos. Aquí está el autor del alfajor chaqueño que obtuvo el segundo premio en aquel concurso de hace unos años, uno de los que siempre esperamos ver en los kioscos, pero no pudimos. Acá se lo puede saborear: fécula de mandioca, mamón, miel y naranja, directamente de Las Garcitas al Parque Chaco, obra de Adrián Fernández, el más joven de la tradicional familia panadera del pueblo. Hay además tortas horneadas, vino de pomelo, dulce de maní, tejidos regionales, cerámicas, artesanías.

Es suficiente para enterarse. La sombra húmeda del bosque fuerte, la tibieza luminosa de la gente. Acá nomás. Hasta ahora, es más visitado por extranjeros de muy lejos que por chaqueños de Resistencia o de Sáenz Peña. Algo que (nos) debemos corregir.

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