Alentar a adultos que quieren terminar su escolarización
La educación pública constituye un modo de acceso y distribución de conocimientos que son fundamentales para el desarrollo de las sociedades y los países en el mundo contemporáneo. En ese sentido, los distintos niveles del sistema educativo deben garantizar que la experiencia de la escolarización llegue a toda la población, y sobre todo a quienes en edad laboral no terminaron la educación básica.
Días atrás se conoció la noticia que da cuenta de que en la provincia de Buenos Aires, la de mayor población del país, creció un 46 por ciento la cantidad de adultos que se inscribieron para terminar sus estudios de nivel medio. Entre los motivos que se señalan como responsables de ese fuerte crecimiento de la matrícula se destaca la decisión de habilitar la inscripción de adultos a través de la web y de proponer un plan de estudios que vincula la escuela con el mundo laboral. Respecto a la inscripción online, merece observarse que todo indica que esa modalidad, además de facilitar el trámite, hizo que muchos vencieran el pudor que tenían en reconocer que no habían concluido la enseñanza media, lo que permitió que más de 30.000 personas mayores de 18 años se anotaran para completar el secundario. Si se toman los datos oficiales de solo la provincia de Buenos Aires, se tiene que este año se inscribieron 110.000 adultos más que el año pasado, por lo que se supone que en todo el país la cifra de personas interesadas en completar su escolarización es aún mayor.
Debe recordarse que, en el siglo pasado, la Argentina llegó al primer centenario en 1910 como una nación que había logrado sentar las bases de su sistema educativo, para avanzar en las décadas siguientes en la ardua tarea de alfabetizar al conjunto de la población. Sin embargo, las recurrentes crisis sociales, económicas y políticas, así como la aplicación de políticas que en distintos períodos empobrecieron a amplios sectores de la población, conspiraron contra la temprana tradición de la educación pública. Muchos de los adultos que tuvieron que abandonar sus estudios de nivel medio en su adolescencia sufrieron esas políticas de exclusión y por eso es necesario que la sociedad tome conciencia de la necesidad de alentar y apoyar a quienes hoy tienen el deseo de completar la escuela secundaria y de, ojalá que así sea, continuar los estudios superiores.
La escuela pública, con escuelas gratuitas en todo el territorio nacional, permitió el desarrollo de distintos niveles del sistema educativo a lo largo y ancho del país. En estos tiempos, en los que la producción de conocimiento constituye una pieza clave para el desarrollo de las sociedades y las naciones, es de esperar que desde el Estado y desde los distintos sectores de la sociedad se acompañe a quienes abandonaron en forma temprana la escuela para empezar a trabajar o sostener un hogar y que ahora están decididos a retomar los estudios. Se debe aprovechar el interés y los conocimientos que cada adulto tiene a partir de su propia experiencia de vida para que la escuela potencie esos saberes y los vincule con el mundo laboral. A pesar de que el país está atravesando momentos difíciles, con una crisis económica que amenaza sobre todo a los sectores más vulnerables, es importante que aún en estos tiempos se apueste por la educación y se haga todo lo posible para que los adultos que completan los estudios de nivel medio puedan continuar su formación en una carrera universitaria. A propósito del acceso a la universidad, y de la poco feliz frase de la gobernadora bonaerense, María Eugenia Vidal, al asegurar que “nadie que nace en la pobreza en la Argentina hoy llega a la universidad”, debe señalarse que la mandataria no hizo más que sacar a la luz un prejuicio, es decir aquella opinión desfavorable acerca de algo que se conoce mal, que tienen muchos argentinos.
El sitio Chequeado.com realizó un relevamiento en universidades del Conurbano bonaerense y halló que, por ejemplo, la Universidad Nacional de Avellaneda el 72% de los egresados era primera generación de universitarios de su familia, mientras que la Universidad Nacional Arturo Jauretche, ubicada en Florencio Varela, el 85% de los estudiantes eran primera generación, y en la Universidad Nacional General Sarmiento, el 75% de los graduados tenía un padre y el 70% una madre que había finalizado el secundario como máximo nivel educativo, mientras el 86% tenía un padre y 92% una madre sin el nivel universitario completo.










