El drama de los niños refugiados
La Agencia de la ONU para los Refugiados, también conocida por las siglas ACNUR, lanzó en los últimos días un dramático llamado a la comunidad internacional para ayudar a los niños que se ven obligados a abandonar sus hogares, a veces acompañados por adultos y otras veces solos, para escapar de olas de violencia o los conflictos bélicos que castigan a sus países.
Según datos del organismo internacional de ayuda, el mundo es testigo en la actualidad de los niveles de desplazamientos humanos forzosos más altos jamás registrados en la historia de la humanidad. Expertos advierten que alrededor de 65,6 millones de personas en todo el mundo se han visto obligadas a huir de sus hogares y destacan que de los casi 22,5 millones de refugiados, más de la mitad son menores de 18 años; y en este último grupo muchos son niños. Por otra parte, se calcula que el 55 por ciento de los refugiados a nivel mundial viven en tres países que sufren los efectos devastadores de la violencia armada: Sudán del Sur, Afganistán y Siria.
Pero si la situación generada con los desplazamientos forzosos en grave, lo es aún más el problema de los menores que abandonan sus hogares en las zonas de conflicto, sin el acompañamiento de al menos un adulto de la familia. En el marco de una campaña para juntar fondos para ayudar a estos pequeños que se encuentran en situación de extrema vulnerabilidad, ACNUR dio a conocer la historia de la niña llamada Umme Salma, de tan solo ocho años y su hermana, de cuatro, que perdieron a sus padres. Según el relato de las niñas, sus padres fueron asesinados en la última oleada de violencia en Myanmar, y tuvieron que huir solas, con un paquete de ropa sobre sus cabezas. En el camino, se encontraron con Rabiaah, su prima, quien decidió hacerse cargo de ellas, y que con sus 18 años recién cumplidos, se convirtió de un día para otro en cabeza de familia. Voluntarios que colaboran con ACNUR explican que Umme es uno de los miles de niños rohingya que se han quedado solos durante la huida, y señalan además que muchos de ellos tienen que hacerse cargo de hermanos y familiares antes de cumplir la mayoría de edad. En otros países como Etiopía, por ejemplo, miles de niños llegan cada año huyendo de sus países para evitar ser reclutados como niños soldado, trabajadores forzosos o incluso esclavos sexuales para servir a organizaciones criminales.
Organizaciones de defensa de los Derechos Humanos denuncian que miles de niños huyen de sus países de origen porque la ola de violencia los dejó huérfanos y sin esperanzas de volver a vivir una vida digna sin sus hogares. Desde ACNUR se advierte que a pesar de que no saben si serán bien recibidos en los países a los que escapan, los niños arriesgan igual sus vidas y atraviesan fronteras sin otras cosas que una valija con unas pocas pertenencias. Además, señala el organismo internacional, que estos niños no entienden los conflictos políticos o económicos de su país y que aun así tienen que escapar de sus casas dejando atrás los recuerdos de los primeros años de su vida, a sus amigos e incluso a parte de su familia. En ocasiones solo tienen tiempo de llevar con ellos un único objeto que les acompañará durante su viaje y que guardarán con cariño mientras vivan, porque será lo último que les una a su lugar natal.
Por otra parte, es lamentable que los países más ricos de Europa sean hoy los que más rechazan a los refugiados, cuando durante la Segunda Guerra Mundial muchos ciudadanos europeos que padecieron una tragedia similar fueron recibidos en Siria, Egipto, Palestina y por muchos países de América. Respecto a este último caso, la ACNUR reconoce que los países de las Américas tienen “una antigua y generosa tradición de brindar asilo y protección a quienes lo necesitan, hospitalidad que ha dejado huella en una serie de buenas prácticas legislativas en la región”, por lo que, en ese sentido, es de esperar que Europa y la comunidad internacional no den la espalda y brinden una adecuada asistencia a quienes se ven obligados a abandonar sus países, especialmente a los niños que llegan sin sus familias al suelo extranjero.










