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Una economía con rumbo de colisión

El país se encamina hacia una etapa con mayor recesión económica y con una inflación que golpeará con extrema dureza a los sectores más vulnerables de la población.
En las últimas horas, mientras los voceros del gobierno nacional cumplían a rajatabla la tarea de maquillar el auxilio financiero del FMI como un éxito de la gestión de Cambiemos que invita al optimismo, la triste realidad que se palpa en la calle confirma que no hay nada para celebrar.
El evidente esfuerzo de algunos canales de TV porteños, aliados al macrismo, para disimular lo que representa el regreso del Fondo Monetario Internacional al país con un megaendeudamiento de 50 mil millones de dólares, confirma que nada bueno espera a los millones de argentinos que (a diferencia de la mayoría de los funcionarios del gobierno nacional que admitieron públicamente que tienen sus ahorros en moneda extranjera y en bancos del exterior) se verán obligados a padecer
las condiciones impuestas por el organismo multilateral y que no son otra cosa que un feroz ajuste que generará más recesión, desempleo y pobreza.
A esta altura del partido, a nadie debe sorprender que el presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger y el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, aseguraran
muy sueltos de cuerpo que la “ayuda” del FMI es una “muy buena noticia”.
Acostumbrados ya a la puesta en escena y al maquillaje de medidas que serán impopulares, el primero de ellos Sturzenegger- es el mismo que en 2014 cuando era diputado del PRO y ante un auditorio extranjero confesó, entre risas, que el consultor Jaime Durán Barba le había aconsejado que no revelara qué haría Macri si llegaba al gobierno ni que explicara que para bajar la inflación había que hacer “un ajuste fiscal” porque en ese caso “la gente va a perder su trabajo”. Dujovne, por su parte, es el mismo que antes de convertirse en ministro evadió y luego blanqueó fondos, y el que antes de asumir la función pública apareció en un programa de TV con un cartelito que decía “No volvamos al Fondo”. En el país real, en tanto, suceden
cosas como el cierre de 20 locales de la cadena chaqueña Carsa, integrante del grupo Musimundo, en Resistencia, Capital Federal, provincia de Buenos Aires, Salta y Tucumán. Según trascendió, la firma -que supo generar 1.200 puestos de trabajo- afronta un pasivo del orden de los 900 millones de pesos constituido por deudas con bancos y obligaciones negociables emitidas. En su presentación ante el Juzgado Civil y Comercial 23 de la ciudad de Resistencia, la empresa planteó que el actual escenario económico la empujó a una situación difícil, sin precedentes, que la obliga a tomar medidas como iniciar un concurso de acreedores para no terminar bajando todas sus persianas.
Pero eso no es todo, muchas pequeñas y medianas empresas del Chaco y del resto del país también sobrellevan a duras penas un lastre financiero que se hace cada vez más pesado como consecuencia de la caída del consumo interno, las altas tasas de interés y la fuerte devaluación que sufre la moneda argentina. En ese sentido, el presidente de la Federación Económica del Chaco (Fechaco), Sergio López, advirtió
que paradójicamente- los comercios y empresas que tienen más problemas “son aquellos que hacen las cosas bien, que tienen sus empleados en blanco y que pagan sus impuestos”. El dirigente empresario lamentó que esas empresas estén enfrentando una pérdida de rentabilidad y alertó que situaciones como la de Carsa y su concurso de acreedores podrían repetirse en otras pymes que están al borde del colapso.
El horizonte para el país y las economías regionales no es el mejor. Incluso economistas
que adhieren a las políticas que aplica la Casa Rosada reconocen que el blindaje del Fondo Monetario tendrá un alto costo social y afectará los salarios, las jubilaciones, el nivel de actividad y el consumo de los argentinos. De hecho, ya en las provincias se comienza a sentir la presión sobre los comedores barriales, mientras
se observa una caída en el consumo de los productos básicos. Los reclamos que se vuelcan en los municipios por ayuda social, como no se vía desde hace mucho
tiempo, son una señal clara que la economía va por el rumbo equivocado. En los próximos meses no cabe esperar otra cosa que una agudización de los conflictos,
situación que ya se puede advertir en el Chaco y otras provincias con protestas gremiales. Lamentablemente, nada indica que el gobierno nacional vaya a dejar de lado su indiferencia, a corregir el rumbo o a atemperar la dureza del ajuste.

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