Fabriciano Gómez: el hombre que dedicó su vida y su casa para el patrimonio cultural de Resistencia
No reconocer el trabajo de Fabriciano es borrar del patrimonio a las esculturas. La palabra “efímero” es su favorita y cree que los objetivos se cumplen, no se sueñan.
Reunirse con Fabriano Gómez para una entrevista es saber que la charla es amena, cálida y que cuenta y explica cada una de las cosas que tiene en su gran Casa Museo - ubicada en Julio A. Roca 1741.

Fabriciano dedicó su vida a la cultura. Cuando tenía 17 años y recién empezó la carrera de Bellas Artes ya soñaba con brillar en París y cuando eso pasó volvió a su ciudad natal para hacerla grande culturalmente.
En números, Fabriciano tiene en 57 años de edad 4.200 esculturas, 8.000 dibujos. Un hijo, dos nietos. Está haciendo 200 moldes de esculturas en tamaño chico y 400 dibujos que es con lo que se sostiene su Casa Museo. Y es fanático de Vélez.
SU CASA, SU MUSEO, SU VIDA

Al ingresar en la sala 1 se puede apreciar algunos trabajos. Desde dibujos y bocetos realizados en la Academia de Bellas Artes hasta otros hechos en el viejo continente. Hay además certificados y diplomas de los muchos cursos realizados por el artista.
También se distribuyen varias obras escultóricas de diferentes materiales: mármol, bronce y madera. La segunda, la “Sala de la Nieve” abarca desde 1888 a 1999, período en el que Fabriciano participó junto a grandes colegas y amigos en concursos de escultura en nieve representando a la delegación argentina en Quebec, Milwaukee, Valloire, Lillehamer, Nagano, Sapporo y otros lugares.
También se exhiben los afiches de los concursos, maquetas en diversos materiales de las obras realizadas en nieve, la indumentaria y herramientas utilizadas durante los mismos. Cabe destacar que tiene una camara frigorífica en donde los que visitan pueden sentir el frío, por tres minutos, con el que trabajaban durante días enteros.

La Sala 3 presenta reconocimientos y distinciones a Fabriciano por parte del gobierno municipal y provincial del Chaco. También destacaron el asesoramiento y organización de concursos de escultura realizados en las ciudades de Corocico (Bolivia) y Ushuaia (Tierra del Fuego). La Mención de Honor Domingo Faustino Sarmiento del Senado de la Nación, su membresía a la Academia Nacional de Artes, el Premio Konex y Premio al Mérito artístico y trayectoria, entre muchos otros.
EL PASILLO QUE LLEVA HACIA SU INTIMIDAD
En el margen derecho del pasillo se exhiben recortes de diarios: artículos que hacen mención a la tarea de la Fundación Urunday en los Concursos de Escultura de la ciudad y notas en referencia a Fabriciano. Al margen izquierdo, en las vitrinas se pueden ver maquetas de obras realizadas a mayor escala en alguno que otro concurso.

Al margen derecho nuevamente, antes de ingresar al comedor, hay un pequeño patio interno donde se encuentra “Crucifixión”, una obra realizada en un bronce engarzado sobre un mármol negro de Bélgica. Continuando el recorrido, en el comedor hay una gran mesa que simboliza la familia unida. Las sillas contienen detalles decorativos con la figura icónica del artista, que puede observarse en muchas de sus esculturas.

También se encuentran maquetas de obras monumentales realizadas por el escultor y esculturas en pequeño formato en madera que son, a través de la comercialización, la principal fuente de financiamiento de la Casa Museo Fabriciano. En las paredes se observan baldosas esmaltadas de concursos en los que Fabriciano participó y baldosas pertenecientes a los Concursos de Esculturas de la ciudad de Resistencia.
SU LUGAR EN EL MUNDO
Finalmente, en el patio se encuentra una importante intervención del reconocido paisajista Pradial Gutiérrez. Es un lugar de carácter tropical que cuenta con varias de sus obras conviviendo con un curioso triángulo, con ladrillos y horcones en la medianera perteneciente al muro original de la casa construida por sus padres.
Aquí destaca “Nudo en un espacio”, realizada en Mármol engarzado en un negro africano, es la única obra traída por el artista desde Italia, que ha sido parte de su material realizado y exhibido durante la Bienal de Venecia en 1980. “Pareja en la Ventana”, “Suplicantes” y “Hombres orando” son otras de las obras que se pueden apreciar antes de llegar al fondo del lote.
En su conjunto, la “Casa Museo Fabriciano” ofrece un recorrido importante, que no puede faltar en la agenda de quienes deseen conocer y disfrutar de la cultura chaqueña y sus máximos representantes. Saber que su vida fue dedicada a generar cultura, es su maximo proposito en la vida. Reconocerlo es el deber de todos. Querido por muchos, criticado por otros pero nadie puede negar su aporte.

“Me quería morir y el aceite me salvó”
Si bien suena fuerte esa frase, escuchar el relato de Fabriciano sobre su dolor y después cómo cuenta que el aceite de cannabis le salvó la vida es entender la lucha de muchas personas. “Mi única solución era esperar a que Dios me lleve”, empieza a contar el escultor.
“Iba a los médicos y lo único que me daban eran una palmadita en la espalda porque no había nada para hacer. “No me moría, quería hacerlo y me enojaba con Dios. Pensaba en que ya había hecho todo, que no tenía más nada que realizar. Ya había dado todo de mí”, relata Gómez.
Escucharlo, o leerlo, es complicado pero ver sus ojos demuestran que él siempre estuvo esperanzado pero que el dolor no lo dejaba pensar en positivo, aunque él quisiera. Pocos saben del dolor que soportó al punto de consumir entre 14 y 17 medicamentos diarios.
Pero al final la esperanza llegó. Desde Barcelona, un médico le recomendó y ahora lo va guiando. Su vida cambió pero también es consciente de los inconvenientes para conseguir el aceite. “Y les digo a los políticos que tomen conciencia, que tomen la decisión para que los que tenemos mucho dolor, podamos comprar”. Es una cuestión de salud.










