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Cada vez más lejos de la reactivación económica

La incertidumbre y la desconfianza hacia la economía ganan terreno entre los argentinos, que ven con preocupación cómo aumentan los precios de los combustibles, las tarifas de luz, agua y gas. Con este escenario complicado de fondo, donde las tasas altas que impuso el Banco Central conspiran contra cualquier intento de inversión productiva, cada vez hay menos interés por los préstamos que se ajustan por inflación.

En los últimos días se supo que en las entidades bancarias prácticamente no hay consultas sobre créditos, simplemente porque la incertidumbre que generó la política económica que impulsa la Casa Rosada, a lo que deben sumarse la aparición en escena del viejo fantasma del Fondo Monetario Internacional y la devaluación del peso, hicieron que aumente el temor de la gente a endeudarse. Los préstamos hipotecarios son, en ese sentido, uno de los que más sintieron el impacto del sostenido aumento de la moneda norteamericana, de manera que la breve primavera que vivió la economía el año pasado de la mano de los créditos ahora está en franco retroceso. Si alguien tenía la ilusión de ampliar este año su empresa, comercio o emprendimiento, o de tomar un crédito para refaccionar la casa, el laberinto en el que entró la economía nacional obliga ahora a replantear esa idea. Pero hay algo peor: ya no solo no se toman créditos para algún emprendimiento, sino que los préstamos que por estas horas se gestionan en las entidades bancarias tienen como objetivo obtener dinero para saldar el resumen de las tarjetas de crédito, que, con las tasas de interés por las nubes, amenazan con volverse impagables.

Las pequeñas y medianas empresas también sienten el impacto de políticas económicas que favorecieron la especulación financiera en lugar de allanar el camino a las inversiones productivas. Como se señaló en esta misma columna días atrás, la cantidad de cheques rechazados aumentó este año un 50 por ciento, en todo el país, con respecto a 2017. Se trata de un indicador que confirma el difícil momento que atraviesan las pymes, que son las que más emplean el cheque como medio de pago a plazo.

Respecto a la situación de los préstamos, un reciente informe de la Fundación Mediterránea advierte que se registra en el país una significativa desaceleración en las líneas comerciales que representan 34 por ciento de la cartera de créditos en pesos de los bancos. Por su parte, distintas consultoras privadas detectaron un freno en la toma de créditos de empresas privadas en lo que va de este mes, y pronostican que a junio se llegará con un cuadro de estancamiento que no se registraba desde hace muchos años en la Argentina.

Con los antecedentes de crisis que están todavía muy frescos en la memoria de los argentinos, no debe sorprender que se observe una caída en las expectativas de los ciudadanos y las empresas sobre los precios y otros valores futuros en las decisiones económicas de ahorro o inversión. En otras palabras, la gestión económica nacional enfrenta uno de los problemas más serios que puede tener un plan de gobierno: la pérdida credibilidad. Solo queda esperar que este empeoramiento de expectativas no se agrave y que no aumente el temor de la gente por el futuro de la economía. Las expectativas juegan un papel clave en las decisiones, tanto las que se toman de modo individual como en forma colectiva, y prueba de ello han sido las recurrentes crisis económicas que vivió el país en su historia reciente. No es, para nada, una buena señal que la Argentina reedite una caída del consumo como producto de la disminución del poder adquisitivo de los salarios de la mayoría de los argentinos. La aceleración de la inflación también aporta su cuota de incertidumbre que hace que empeoren las expectativas de la ciudadanía en relación a un programa económico a todas luces inviable que, si se insiste en aplicar, alejará al país cada vez más de la reactivación económica, lo colocará en una situación más vulnerables y se terminará pagando un alto costo social.

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