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El dogma de la Santísima Trinidad

El largo proceso de auto revelación de Dios en la historia llego a su máxima posibilidad de expresión con la venida de Jesucristo al mundo que revela el verdadero rostro de Dios, que según las palabras y la obra de Cristo es un Dios que, sin decirlo, sin embargo, se muestra como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En efecto, la Trinidad es un misterio de fe en sentido estricto, uno de los misterios escondidos en Dios, ‘que no pueden ser conocidos si no son revelados desde lo alto’ como lo instruye la iglesia en el Concilio Vaticano I. La Iglesia católica expresa su fe trinitaria confesando un solo Dios en tres personas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Las tres divinas personas son un solo Dios porque cada una de ellas es idéntica a la plenitud de la única e indivisible naturaleza divina. Las tres son realmente distintas entre sí, por sus relaciones recíprocas: el Padre engendra al Hijo, el Hijo es engendrado por el Padre, el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo.

La realidad de la trinidad de Dios solo puede probarse a través de la revelación divina que Jesús nos trajo, ya que no se puede demostrar por la razón natural o únicamente desde el Antiguo Testamento.

‘Dios, sin embargo, ha dejado huellas de su ser trinitario en la creación y en el Antiguo Testamento, pero la intimidad de su ser como Trinidad Santa constituye un misterio inaccesible a la sola razón humana e incluso a la fe de Israel, antes de la encarnación del Hijo de Dios y del envío del Espíritu Santo. Este misterio ha sido revelado por Jesucristo, y es la fuente de todos los demás misterios’.

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La santísima Trinidad como dogma o enseñanza y verdad de fe ha sido declarada por la Iglesia católica después de largas etapas que duraron siglos de estudio de las sagradas escrituras y de la antigua tradición que parten desde las primeras comunidades cristianas. El dogma es una verdad revelada por Dios y propuesta por la Iglesia para la creencia indubitable de los fieles. Es claro, desde la palabra de Dios, que sin ser explicita y literal al hablar de la Trinidad, habla, sin embargo, de un solo Dios y único que se comunica en tres personas distintas. Son incontables los textos en los que Jesús alude a un Dios que es su Padre, a quien se dirige como padre y como alguien distinto de él y sin embargo uno con él y lo mismo dice del Espíritu Santo. En el discernimiento de la palabra de Dios, que siempre se hizo en la iglesia católica de manera colegiada desde los mismos apóstoles y hasta el día de hoy por quienes son sus sucesores, se ha llegado a la conclusión de que era necesario transmitir esta enseñanza de fe en el único Dios verdadero revelado en tres personas distintas.

El sucesor de Pedro y los sucesores de los apóstoles que son también los custodios de los contenidos de la única y verdadera fe basándose en la palabra revelada y especialmente de la palabra de Cristo y de la tradición de la iglesia, proponen esta verdad revelada por Dios para la creencia indubitable de los fieles. De allí que entonces la Iglesia a lo largo de los siglos, cree, proclama, y anuncia al Dios Trinitario en estos términos: Dios Padre todopoderoso y eterno que con su Hijo unigénito, engendrado y no creado, y con el Espíritu Santo, son un solo Dios, un solo señor y no una sola persona, sino tres personas distintas de una misma naturaleza divina. Declara solemnemente la iglesia en su credo que cuanto creemos de la gloria del Padre, porque Él así nos lo ha querido revelar, afirmamos también del Hijo y del Espíritu Santo, sin diferencia alguna. De este modo la iglesia unánime afirma su fe en la verdadera y eterna divinidad, adorando a tres personas distintas de una única naturaleza e iguales en dignidad. El mandato divino de Cristo quien ha revelado el verdadero rostro trinitario de Dios es ir a anunciar al mundo la verdad de un Dios que se manifiesta y comunica como Padre como Hijo y como Espíritu Santo. El único, definitivo y perfecto amor viviendo en una única realidad divina pero que se expresa y comunica en tres personas distintas. A Él la gloria, la alabanza, la potestad y el señorío por los siglos de los siglos.

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