La diversidad cultural en las universidades
El ranking global de universidades QS considera que la presencia de estudiantes extranjeros en las casas de estudios superiores es un buen indicador de la calidad educativa, por eso en las mediciones periódicas que realiza la consultora británica Quacquarelli Symonds (QS) para elaborar ese listado existe una variable que mide la proporción de alumnos de otros países en las aulas universitarias. Sin embargo, desde los sectores más conservadores y con mayores privilegios de la sociedad cada tanto se critica, sin fundamentos serios, las políticas de inclusión y de gratuidad que caracterizan a la universidad pública argentina.
Pese a que la enseñanza universitaria en la Argentina atrae a muchos estudiantes extranjeros por su calidad y gratuidad, no es cierto que la cantidad de alumnos de otros países en las aulas ponga en jaque el presupuesto de las casas de estudios ya que representan sólo el 2,8 por ciento de la población estudiantil total. En todo caso, el país perdió más (y mucho) con la reciente fuga de capitales que alimentó el carry trade (término técnico que se utiliza para hacer referencia a la estrategia utilizada en el mercado de compraventa de divisas, pero que no es otra cosa que la conocida bicicleta financiera) facilitado por las autoridades del Banco Central.
Resulta llamativo que quienes se rasgan la vestidura frente a la gratuidad y el acceso irrestricto del modelo universitario argentino no tengan la misma actitud crítica frente a las políticas económicas que aceleran la transferencia de recursos desde los sectores más vulnerables hacia los más poderosos, una maniobra que es mucho más dañina para el conjunto del tejido social. Debe recordarse que la Constituci ón Nacional establece claramente la igualdad de derechos para todos los que habitan el suelo argentino, es decir que los extranjeros gozan de los mismos beneficios que aquellos que nacieron en el país, entre ellos, el de estudiar. En otros términos, desde la perspectiva de la normativa argentina, la migración constituye un aporte a la sociedad porque la enriquece en múltiples sentidos, esto es, es lo cultural, en lo económico y social. Facilitar la presencia de alumnos extranjeros en la universidad enriquece la enseñanza en las aulas dado que promueve la diversidad cultural y la ampliación de los aprendizajes, al tiempo que permite desarrollar la tolerancia y el respeto hacia los otros.
Tampoco es cierto que la Argentina tenga el mayor porcentaje de alumnos extranjeros en las universidades si se compara con otros países de la región. Brasil, por ejemplo, tiene un 12 por ciento; Bolivia un 12,4 por ciento, Colombia un 7,3 por ciento y Perú un 23,8 por ciento. Las propuestas de imponer un arancelamiento para los estudiantes extranjeros esconden prejuicios ideológicos que se oponen a la apertura, la tolerancia, la pluralidad y la inclusión que promueve el sistema universitario en nuestro país. Debe recordarse, además, que la propia ley nacional de Educación Superior señala que “todas las personas que aprueben la educación secundaria pueden ingresar de manera libre e irrestricta a la enseñanza de grado en el nivel de educación superior”. Como se puede apreciar, la norma no hace distinción de nacionalidades y esto es así porque se pretende preservar el espíritu plural e inclusivo del sistema educativo, principios que ya estaban expresados en el Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria, que este año cumple 100 años.
Como se dijo, la presencia de alumnos extranjeros en las aulas universitarias es un indicador que hace a la calidad de la educación y, en ese sentido, un reciente estudio de la consultora británica QS calificó a Buenos Aires como la ciudad más recomendable para quienes deseen estudiar en América latina. Para la elaboración de ese ranking la consultora tuvo en cuenta la composición del alumnado (cantidad y país de origen), la calidad de vida de la ciudad, la actividad de las empresas y que sea accesible desde un punto de vista económico.
Es necesario que el modelo universitario argentino siga manteniendo su gratuidad y puertas abiertas, sin resignar calidad en la enseñanza. La comunidad académica debe reflexionar también sobre los desafíos que se presentan para las casas de altos estudios en un mundo amenazado por diversas formas de intolerancia y con naciones donde se alienta la desconfianza hacia el extranjero.










