Resistencia23°Min. 20° • Max. 31°
A Cincuenta Años del Mayo Francés

“El cielo por asalto”

No fue una movilización más, como las miles que estudiantes y trabajadores habían realizado en Francia, luchando por sus derechos, durante el siglo XIX. Por el contrario, las movilizaciones de mayo fueron muchas cosas a la vez.

   Si bien al cabo de un mes las llamas del combate se fueron apagando, un nuevo paradigma recorría el mundo y se inscribiría en el imaginario popular para los tiempos que vivimos.

   “La violencia es una de las mayores armas revolucionarias”, era una de las consignas que reflejaban las paredes de París, la ciudad luz, que veía caer su esplendor quemado por el fuego de las barricadas, expresión del humor social. 

060518-Barretoch12.jpg

   La palabra revolución aparecía como emblema antagónico a un sistema económico, político y social al que millones de jóvenes hicieron tambalear durante un mes, a semejanza de la Comuna de París de 1871.

   Mayo del ’68 no fue un movimiento espontaneo. Una ola de movimientos culturales, políticos, contestatarios, interpelaban al poder del capitalismo desde hacía varios años, en diversos puntos del planeta.

“La imaginación al poder”

   Los estudiantes del barrio Latino de París, los Centros de Estudiantes Secundarios y fundamentalmente los Movimientos Universitarios de Nanterre y La Sorbona ya no querían vivir como hasta entonces. Lo expresaban a través de los grafitis, las banderas y en los cientos de cortes de calles.

060518-Barretoch3.jpg

   Cansados de una sociedad formal, rígida, estructurada, socialmente injusta, querían ser ellos los que decidieran como vivir, y como construir “otro poder”, desde donde edificar otro modelo social y cultural, menos egocéntrico e hipócrita.

   Querían reemplazar a esa sociedad basada en el “poder del fusil” de militares y policías, gendarmes del orden establecido. No querían más una educación donde se domesticara a los alumnos propiciando educandos sumisos, obedientes y acríticos.

   Había en ellos ansias generalizadas de cambios. La protesta se expresaba en la música, en el pelo largo y las faldas cortas, y en “el amor libre”. Eran seres muy conscientes de su identidad.

   Su líder era el “colorado” Raúl Cohn Bendit, “Dani El Rojo”. Por él y por cientos de estudiantes salieron a las calles, exigiendo su libertad, luego de una cruenta represión contra una manifestación.

   Fue el 23 de marzo de 1968, cuando las calles de París, se cubrieron de fogatas, en señal de solidaridad con el pueblo vietnamita en su lucha contra el imperialismo norteamericano.

“La noche de las barricadas” 

   Inspirados en la Revolución Cultural China de Mao Tsé Tung; en el ejemplo revolucionario de la Cuba socialista; el accionar guerrillero del Che Guevara y los Movimientos Independentistas de África, llamaron a la unidad obrero-estudiantil, desde donde saldría la llama forjadora de una nueva matriz social, sin explotadores ni explotados. 

060518-Barretoch1.jpg

   El 10 de mayo fue el momento culminante de esta gigante pueblada. El fuego de las barricadas, en decenas de ciudades, iluminó la noche francesa. Diez millones de trabajadores fueron  a la huelga. Sus reivindicaciones económicas no eran nuevas, lo que si era nuevo era la visión, la utopía de un “hombre nuevo”.

   Los que vivieron “la alegría del combate”, eran básicamente obreros de las bases fabriles. Las cúpulas dirigenciales, enroladas en la CGT francesa, se esforzaban en frenar el movimiento con maniobras divisionistas.

El 24 de mayo estalló otra pueblada. Nuevamente las fogatas calentaron la lucha antisistémica. Esta vez hubo un muerto y 500 heridos. Al día siguiente se sumaron a la lucha los pequeños y medianos campesinos, quienes invadieron los centros urbanos con la consigna “No al régimen capitalista, SI a la revolución completa”.

Ni el presidente De Gaulle, ni su Primer Ministro R. Pompidou podían frenar las protestas, aun recurriendo a las maniobras de los infiltrados, que tornaban violentas las movilizaciones pacíficas, so pretexto de acusar a los manifestantes de “violentos”.

"HAGAMOS EL AMOR Y NO LA GUERRA"

Pintada en las paredes, esta leyenda expresaba un sentimiento. La virulencia que despertaba la información sobre los millonarios gastos en armas para frenar las luchas populares, o para intervenir en otras guerras allende las fronteras, generaba hilaridad en los sectores populares y la lucha se acrecentaba, pero sin una conducción orgánica y eficaz. El poder seguiría en manos de las clases dominantes.

Ante el clima de agitación social que ya llevaba meses, las autoridades nacionales reaccionaron con paliativos que generaron una pausa en la lucha popular. Intervención al Congreso; Aumentos salariales, reducción de las horas de trabajo y otros beneficios sociales, mermaron la fuerza obrera, y los estudiantes fueron decayendo en el nivel masivo de sus luchas.

La dirigencia sindical, el empresariado urbano y rural, y los medios de comunicación, se alinearon junto al gobierno en las estrategias que frenaran las luchas populares. Pactaron ellos con el gobierno en el “Acuerdo de Grenevelle “

A principios de junio seguían las protestas esporádicas. Los obreros de Renault y Citroën deciden continuar su plan de lucha. Dos obreros muertos fue el comienzo del fin de la lucha obrero –estudiantil.

El día después del Mayo Francés estuvo teñido de nuevas enseñanzas. Las utopías proletarias y estudiantiles, estuvieron por varias semanas pisando el cielo de los sueños. Las banderas de la igualdad, la solidaridad y la fraternidad que habían flameado en la histórica Revolución Francesa de 1789, habían vuelto a tomar vigencia. La vieja moral “Religión, patriotismo y obediencia” sería reemplazada por nuevos paradigmas éticos y morales.

La repercusión de este gigante movimiento de masas se hizo sentir tiempo después en la Primavera de Praga, la sublevación estudiantil de Tlatelolco (México) y en la Argentina en el Cordobazo (1969). Nuevos vientos políticos y culturales soplarían en el mundo trayendo aires de liberación-.

Te puede interesar