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El improvisado “fortín” de Lula: resistencia y samba en una sede sindical

Fue la institución que lo vio crecer como líder sindical durante la dictadura militar, la que lo acabó propulsando a la presidencia de Brasil y, más recientemente, el escenario para el velorio de su esposa.

   El Sindicato de Metalúrgicos de Sao Bernardo do Campo, en el  cinturón obrero de Sao Paulo, está íntimamente ligado a la vida  del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva y, en uno de sus  momentos más difíciles, se ha convertido ahora en un improvisado  “fortín” donde intenta protegerse de la cárcel.

   “Ayudar a Lula es ayudar al pueblo. Vamos a resistir con él”,  dice Nagela Royani, una joven del Movimiento de Trabajadores Sin  Techo (MTST) de 25 años, tendida en un colchón frente a la sede  sindical.

   Custodiado por centenares de seguidores que tratan de hacer un  cordón humano a su alrededor, el líder de la izquierda, de 72  años, está aislado en la segunda planta del edificio desde que un  juez emitió el jueves su orden de encarcelamiento de más de 12  años por corrupción, ignorando su invitación a entregarse.

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Foto: Mídia Ninja.

   Donde está Lula solo pueden entrar dirigentes políticos, sus  abogados, algunos representantes de movimientos sociales,  familiares o aquellos que logren convencer a los vigilantes  después de hacer una larga cola y, con suerte, quizás llevarse una  selfie de regalo.

   La prensa, recibida con reservas en este bunker donde casi  todos culpan parcialmente de esta situación “injusta” a los medios  conservadores brasileños, se tiene que contentar con tomas de Lula  en sus saludos esporádicos a través de la ventana.

   El silencio que mantiene el que fue el presidente más popular  de la historia de Brasil (2003-2010), y favorito para las  elecciones presidenciales de octubre, contrasta con el barullo del  funk, la canción protesta y los discursos que salen a toda hora  del carro de sonido a las puertas del sindicato, hoy un verdadero  hervidero.

Prepararse para la vigilia

   Militantes de izquierda, del Movimiento de trabajadores rurales  Sin Tierra (MST) o estudiantes llegados de todas partes de Brasil  entran y salen sin restricciones de este edificio de cristal, casi  sin muebles y completamente empapelado de carteles que dicen “No a  la prisión de Lula”.

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Foto Mídia Ninja.

   Tendido en el suelo del hall y usando su mochila como almohada,  Flavio Bento, un estudiante de historia de 25 años, trata de  reponerse del viaje de más de siete horas que hizo de madrugada  desde Rio de Janeiro en un autobús de la Unión de Juventudes  Socialistas.

   En su mochila, solo lleva unas camisetas, un jersey y banderas  que usará como colchón. Otros trajeron reservas de leche de  magnesio para protegerse de eventuales bombas lacrimógenas, en  caso que llegara la policía.

   “Siempre hay que estar preparados. Vivimos en un estado de  excepción en el que la Constitución fue rasgada. Y nosotros  siempre decimos: no tenemos miedo de morir, la revolución debe  seguir”, asegura este joven, el primero en su familia en acceder a  la universidad, gracias a las becas que Lula creó.

   Indignadas, pero más tranquilas estaban -escaleras arriba- las  mujeres del grupo de Clara Piñol, una jubilada de 64 años que  discutía la situación de Lula en unas mesas de plástico de la  tercera planta, de las cuatro que tiene el sindicato, comunicadas  todas con un gran patio interior.

   “Este rincón aquí ya es como si fuera mío. Muchos jóvenes  duermen en el escenario de madera, pero si yo lo hago ya no me  levanto. Así que, simplemente, no duermo pero quiero estar aquí”,  explica Piñol, que se turnó la vigilia del jueves con otros  compañeros del Partido de los Trabajadores (PT).

   Pese a la preocupación por una eventual incursión policial para  detener a Lula, una roda de samba en vivo empieza a sonar en el  escenario, y resuena incluso en el restaurante repleto de la  última planta.

   Ulises de Castro, un operario de una fábrica de automóviles, de  50 años, baila animadamente con dos compañeros en la pista.

   “Es una manera del sindicato de llevar alegría al pueblo. Aquí  hay gente que lleva muchas horas sin descansar, sin comer, sin  asearse... estamos muy preocupados y momentos como este nos ayudan  a estar más unidos”, aseguró.

   Como un bálsamo, de fondo, el estribillo de un famoso samba  dice: “Tristeza, por favor vá embora (Tristeza, por favor, vete)”.

Fuente: AFP.

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