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Juan López: “Uno escribe poesía para ayudarse a sí mismo”

Días atrás el poeta mendocino Juan López presentó en el Centro Cultural Alternativo, dependiente del Instituto de Cultura de la Provincia del Chaco, su poemario Co(n)razón.

La movida regenteada por Tony Zalazar contó con Luis Argañarás como anfitrión y con el cantautor Seba Ibarra quien interpretó
poesías que musicalizó de Tony, Mario Caparra, Borges, entre otros. “Me parece que la poesía debe luchar a favor de la esperanza, de los vínculos, de la relación entre todos, ese fue el eje de la selección de estos poemas”, explicaron.

Pasadas las 21.30 se abrió el abanico poético de la noche. Juan López leyó un poema y Seba Ibarra cantó una canción acompañándose con su guitarra. Ambos quebraron la noche hablando de muros. Seguidamente el anfitrión, el escritor Luis Argañarás, toma la palabra.

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“La lectura es la fuente básica de la escritura. Hay que leer y ahí puede surgir la escritura por contagio”, destaca Juan López.

“Voy a continuar con la temática“, advierte. “En la casa de los escritores los muros tienen que ver con las dificultades que tenemos para expresarnos a través de la palabra. Hay quienes tienen la música, la imagen, la pintura, en nuestro caso los muros que tenemos que saltar o vencer continuamente son las palabras, el lenguaje.

¿Cómo te llevás Juan con esa tarea cotidiana?
- El problema es que no es paga esta tarea. Entonces hay que darle sentido todos los días. Venía pensando hoy en el muro de los Atletas. ¿Lo conocen? Los atletas que hacen maratones van saltando como pequeños muros, después llega un momento en que el cuerpo no les da más. Entonces en ese momento sienten que chocan contra el muro. Ese choque sirve para cambiar de aire. El trabajo con la palabra es un trabajo obsesivo. Es un trabajo donde nos damos la cabeza contra el muro.

Nuestra materia es el lenguaje, no sé si me llevo o no me llevo, me parece que es una obsesión la escritura pero también pienso que es un oficio. No me siento poeta. Cuando me dicen poeta no me siento así, me parece que la pose de poeta no le ayuda al que escribe y al que tiene al poeta puesto en determinado lugar. Reconozco que es un trabajo de cruzar el muro y cruzarlo a pesar de que vas a sangrar. Hay limitaciones además.

“Según Tony estoy vestido de inspector de la línea ocho“, chancea Luis. “En cualquier momento comienzo a pedir boletos. Ya no hay boletos pero quizás a requisar tarjeta“, desliza y sonríe tímidamente. Seguido de momento de humor Juan cambia de tópico y ahora se vuelcan al corazón, dejan atrás un momento altamente emotivo sobre poemas de mujeres.

“Creo que toda la poesía es autoayuda. El problema es que no toda la autoayuda es poesía. Mucha autoayuda no es bella y
ese es un problema. Uno escribe poesía para ayudarse a uno mismo. Si uno no se ayuda a sí mismo quién te va a ayudar”,
resalta. 

Entre el juego de poesía de Juan López y los propios de Luis Argañarás se coló un poema de Mariana Rinesi. “Me tomé la licencia de leer este poema de Mariana por este enredo del corazón“, se excusa Luis. “Desde un comienzo me llamó la atención el nombre de este poemario. El título dice Co(n)razón. Así que hay un salto que va más allá del símbolo del corazón como centro
de la afectividad, sino también que aquí hay un corazón que se hace cargo de sus razones”, explica Luis.

“La poesía de Juan desnaturaliza lo que estamos acostumbrados a naturalizar. Esas cosas que vemos en los medios o
los noticieros que de tanto repetirse en algún momento se toma como natural. El como poeta y artista esta ahí para desnaturalizar lo que tomamos por natural“, subraya Luis y el silencio vuelve. Por momento en el Cecual hay silencio absoluto. Los poetas regresan a la lectura y a los silencios. A un costado Seba Ibarra cierra los ojos, se abraza a su guitarra, escucha, va rumiando también las notas y la poesía que después interpreta entre nervios y alta emotividad.

Un bebé llora y rompe el silencio. Ahí salimos de la ensoñación y también nos llegan los sonidos tímidos de la calle, los colectivos, las motos, los autos. Sobre el final abren el espacio para dialogar con los presentes, el silencio no dura mucho y
arremeten con una pregunta.  

Ahí toma la palabra Tony Zalazar para explicar cómo armó este libro. “Este libro nace con un correo donde me pregunta
cómo estaba. Hacía tiempo que no nos conectábamos. Mi intención es dar a conocer a más personas lo que Gabriel Giménez
me hizo conocer en su momento cuando fui a Mendoza.

En la página web de Juan están todos su libros y leí ahí todos sus textos. Uno de los que más me impacto fue Corazón, entonces concluí que la poética de Juan no solo esta vinculada a los sentimientos sino también al pensamiento. Es un pensamiento que se ancla en el presente. Me parece que la poesía debe luchar a favor de la esperanza, de los vínculos, de la relación entre todos, ese fue el eje de la selección del texto”, concluye.

Los comienzos de la escritura de Juan y Luis

Tony Zalarzar, el alma de armar el libro de Juan López y convocar a estar presentación, observa en silencio. Durante las lecturas y la charlas permanecerá de pie, abrazado a una columna, con los ojos atentos y la mueca de sus labios dibujando una sonrisa. Lleva jean, camisa, zapatillas, ropa clara enmarcada en sus lentes de ancho marco negro.

La pregunta sobre los referentes poéticos de Juan y Luis despierta otra risa en Juan. “Esa pregunta es para el primer poemario. Ya soy viejo para que me pregunten esas cosas“, se excusa aunque no tarda en responder. “Al principio escribía cosas rimadas. Tipo García Lorca. Escribía cosas rimas muy feas. Obvio que las primeras cosas no son para publicar. Seguramente Luis coincidirá conmigo en que uno comienza a escribir copiando.

Uno escribe por contagio y por ello escribía en rima, endecasílabo, versos de once sílabas rimadas“, ese momento lo divierte y comienza a dar algunos ejemplos mientras el público se contagia y también sonríe. “Con el tiempo me di cuenta de que eso ya estaba, que era una etapa de la poesía. Empecé a escribir por imitación.

La lectura es la fuente básica de la escritura. Cuando un poeta joven o un escritor te dice qué tengo que hacer para escribir lo primero que le digo es que hay que leer. Hay que leer y escribir por contagio. ¿Vos Luis cómo comenzaste?”, dispara y Luis toma la palabra.

“Al principio tenía ganas de escribir narración. Fue por estímulo interno y externo. Primero porque me leían y me atraparon. Mi madre, mi abuela, ellas me leían. Según ellas yo reconstruía las historias y después decía que leía. Así empecé. Después llegaron los estímulos de la escuela y en algún momento comencé ya a escribir por puro gusto“, resalta.

Juan vuelve. “Cuando estudiaba letras en la universidad de Cuyo recuerdo que cuando estaba en segundo año nos enteramos de que había un congreso de literatura argentina en 1984. En ese Congreso lo arrinconamos a Juarroz. Nos enamoramos de Juarroz y aprendí de él que un poema es un momento de intensidad. Entonces hay que trabajar el texto, no importa el tema pero sí importa que el poema tenga un centro, tiene que ser una trompada. El trabajo estético del poema es lograr esa trompada. El nos hacía devoluciones tremendas.

Pesoa también es otro gran poeta que influyó mucho. Pero con dos poetas no hacemos nada, hay que leer mucho mucho. Hay que leer toda la literatura a la que podamos acceder“, concluye y deja el micrófono. “Mis preferencias fueron cambiando con el tiempo. Para mí también es objeto de gran poesía algunas zambas que escuchaba en discos de vinilo. Mis abanicos se abren mucho. Tomé contacto con mucha poesía tradicional. En la universidad me encontré con libros a los que antes no había tenido acceso. Ahí los nombres llegan con César Vallejo, Vicente Huidobro, Pizarnik, entre otros. Pero si tuviera que elegir alguno me quedaría con el poeta argentino Juan Gelman”.

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