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El poncho representa a la Argentina en el Año Iberoamericano de la Artesanía

La Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) —que nuclea a los Ministerios de Cultura de los países iberoamericanos—, el Espacio Cultural Iberoamericano (ECI) e Iberartesanías, impulsaron la denominación del “Año Iberoamericano de las Artesanías” entre julio 2017 y julio 2018, declarado por la XXV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno. El objetivo, además de promover y valorar el trabajo de los artesanos, es rescatar no solo la artesanía sino también las historias humanas que hay detrás.

Como parte de los esfuerzos regionales para visibilizar la importancia y necesidades del sector, los países que participan de Iberartesanías (México, Colombia, Chile, Perú, Paraguay, Uruguay, Cuba, Ecuador, Guatemala y Argentina) trabajaron en un calendario de actividades a realizarse durante el Año Iberoamericano de la Artesanía que incluye ferias, encuentros, seminarios y más. 

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Animales de madera del artesano wic`hí Angelino Yayis, Misión Nueva Pompeya, Chaco. Chalina de chaguar de artesanas wic`hí de Asociación SIWANI, Lote 8, Formosa

El Ministerio de Cultura de la Nación participa del Año Iberoamericano de la Artesanía a través del Mercado Nacional de Artesanías Tradicionales de la República Argentina (MATRA), con el poncho como principal producto artesanal de nuestro país.

Sobre esta prenda, Roxana Amarilla, directora del MATRA, dice: “Es una prenda indígena suramericana que tiene arqueología e historia. El poncho argentino identifica al país en cualquier lugar. Tenemos variedad y diversidad en todas las regiones y la producción de poncho en el país es una de las más sólidas, entonces nosotros mostramos esa diversidad increíble de ponchos para celebrar el Año Iberoamericano de las artesanías”.

Artesanía

Sobre las característica que debe reunir la pieza para ser artesanía Amarilla explicó, “en general se acude a un concepto de la UNESCO que define a las artesanías como objetos hechos a mano con procedimientos y técnicas generalmente transmitidas de generación en generación, con materias primas locales y naturales, aunque también las hay con materia prima industrial por los cambios en el ambiente. Pero en Argentina tenemos mucha materia prima natural y producción de artesanías con materia prima natural”.

“Los objetos artesanales –señala– tienen tres características: son funcionales, es decir, cumplen una función: se usan para cocinar, decorar o ponérselos si es ornamento, para abrigarse o manejar un caballo; un 60% del objeto tiene que estar hecho con materia prima transformada por el artesano; y deben ser bellos, se busca la belleza, un objeto funcional que tenga belleza. Esas son las características generales de la artesanía. En los países iberoamericanos hay un gran potencial de artesanías y dentro de ese gran potencial, Argentina es un país importante. Nosotros ahí acudimos al poncho como imagen porque es nuestro objeto artesanal más representativo”.

Historia del poncho como sello nacional

Es más que una prenda, refleja una forma de ser y estar con la naturaleza, y con las historias de las manos que lo tejen.  El poncho es una vestimenta ancestral y contemporánea a la vez, que atraviesa las fronteras y el tiempo. La utilizaron los nazcas y los incas como abrigo y objeto preciado en sus entierros, lo vestían en 1529 los indios que vio Sebastián Gaboto al remontar el río Paraná, los tejieron las mujeres a sus amados para protegerlos durante las guerras de la independencia, es una imagen indisociable a la figura del gaucho argentino y su morfología llegó a las pasarelas de marcas como Yves Saint Laurent, Dior y Burberry.

En el Año Iberoamericano de las Artesanías celebramos que el poncho sea el principal producto artesanal de nuestro país: hecho a mano, con procedimientos y técnicas transmitidas de generación en generación, con materias primas locales y naturales.

Una artesana dedica entre uno y cuatro meses a la confección de una prenda, enredada en un proceso que comienza mucho antes, con la recolección de la fibra de la llama, la alpaca, la oveja, el guanaco o la vicuña. En el caso del camélido, para tejer un poncho se necesita un kilo y medio de lana, y por animal se obtiene aproximadamente 100 gramos, siendo las fibras del lomo, pecho y panza las de mejor calidad. En la región del NOA, por ejemplo, la esquila de la llama se realiza entre noviembre y diciembre mediante “la señalada”, una ceremonia donde los animales son homenajeados con cintas de colores y se agradece a la madre tierra por la obtención de la lana. 

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Chalina de Chaguar En el año Iberoamericano de la Artesanía una combinación de producción del litoral argentino. En este caso animales de madera del artesano wichí Angelino Yayis, Misión Nueva Pompeya, provincia del Chaco. Chalina de chaguar de artesanas wichí de Asociación SIWANI, Lote 8, Formosa.

El proceso de convertir la lana en hilos es una tarea íntegramente artesanal. Las fibras obtenidas se limpian, se secan al sol, se estiran hasta formar un vellón y se dejan listas para poder ser hiladas a mano, con la ayuda de un huso o una rueca, elementos de madera parecidos a un trompo, que contribuyen a facilitar el proceso. También se han incorporado, en el hilado de las fibras naturales, husos o puskas industriales.

El paisaje es fundamental en el diseño, ya que los colores de los hilos se obtienen, en muchos casos, mediante tinturas naturales. De los ceibos se obtienen los colores rojos, de las moras los azules, los verdes del molle, los amarillos de la mikuma y del ruibarbo el dorado. También las cáscaras de nuez, la yerba mate, la cebolla, el algarrobo, la jarilla o la remolacha brindan un variada paleta de colores.

La Directora del MATRA, Roxana Amarilla, caracteriza alguno de ellos según sus diseños y técnicas de tejido. Las tejedoras tradicionales aprendieron las técnicas mirando a sus mayores, ayudando en terminaciones o recolectando frutos para la tarea de teñir con elementos de la naturaleza. En muchas comunidades el grupo familiar íntegro se involucra en la tarea.  A nivel nacional, en el arte del tejido predominan las artesanas mujeres, pero en las provincias patagónicas, las tejedoras son exclusivamente mujeres porque en la cultura mapuche el arte de tejer en el witral (telar vertical) es una gracia ancestral propia de las mujeres donde pervive la génesis de esa práctica.

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