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El potencial exportador de la cadena agroalimentaria

A pesar de los vaivenes de la economía nacional, la Argentina ha logrado mantener -con altibajos- su posicionamiento como país productor de alimentos con capacidad de dar respuestas a distintas demandas del mercado mundial. En ese sentido, las exportaciones de carne de calidad son un claro ejemplo del enorme potencial exportador, pero sería un error no aprovechar esa ventaja para abrir las puertas a la comercialización en el exterior de otros productos de la cadena agroalimentaria.

A pesar de los reiterados discursos que hacen referencia a la necesidad de abrirse al mundo, todavía no se ha dado el suficiente impulso, por ejemplo, a los fabricantes de maquinaria agrícola que llegó a exportar 246 millones de dólares en el año 2013 a clientes en Alemania, Estados Unidos y Rusia, pero que por una serie de omisiones y errores registró una caída en sus ventas al exterior hasta llegar solo a 57 millones de dólares en 2016, según los datos que aporta la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria Agrícola, entidad que nuclea a empresas que disponen de alta tecnología y de personal muy calificado pero que sufre una carga impositiva que representa casi el 40 por ciento del valor de una máquina, lo que le impide mejorar la competitividad e incrementar los niveles de exportación.

El país no está aprovechando el potencial exportador de la cadena agroalimentaria, que en los últimos años experimentó fuertes modificaciones tanto a nivel local como en el resto del mundo, fundamentalmente por los cambios tecnológicos que impactan en distintos sectores. El desafío de transformar en productos internacionales a sectores de la maquinaria agrícola, la genética animal, de tecnología alimentaria y de software diseñado para las actividades del campo, todavía está pendiente. Son sectores que deben ser incluidos en una estrategia de largo plazo que posicione a la Argentina como país proveedor de tecnología. Para eso es necesario contar con un mapa detallado y actualizado que permita dimensionar el peso de las diferentes producciones que se llevan adelante en las diferentes regiones, a fin de diseñar políticas públicas que alienten la competitividad de los distintos eslabones de la cadena agroalimentaria argentina.

En nuestra región se han logrado importantes avances en materia de genética animal, y a nivel nacional en el año 2016 se alcanzó a exportar más de 560 mil dosis para inseminación artificial, lo que revela el buen desempeño de este sector que, afortunadamente, no es el único que tiene capacidad exportadora. Ya en el año 2009 un grupo de pequeñas y medianas empresas se unieron para vender a Venezuela seis frigoríficos y tres plantas frutícolas por un valor cercano a los 70 millones de dólares. También existen empresas que pueden montar plantas enteras de procesamiento de alimentos, un conocimiento que no está disponible en muchos países y que es muy requerido sobre todo por aquellas naciones emergentes que quieren aprovechar la materia prima que producen a nivel local. Se mencionó también la importancia de las empresas argentinas que desarrollan programas informáticos de gestión especializado en dar soluciones a los agronegocios, que permiten entre otras cosas llevar registros de cosecha y acopio de producción, registro de movimientos físicos y pesadas de ganado o la generación de reportes de producción.

En otras palabras, se debe aprovechar el enorme potencial del campo y de todos los proveedores de esa cadena de valor que, como se ha dicho en varias oportunidades en esta misma columna, constituye una actividad estratégica para el desarrollo económico y social por su impacto en la producción, el agregado de valor, las exportaciones y el empleo, con su consiguiente impacto positivo en la distribución del ingreso y la equidad social.

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