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Contaminaciones en el Paraná, Negro y Paranacito

Las causas de varios episodios de mortandad de peces en el río Paraná y en afluentes y sus posibles soluciones son analizadas por tres especialistas.

Por Proyecto Bohemia

En la charla “Dudas y certezas de la contaminación por agroquímicos” el doctor en Bioquímica Humana de la UBA e investigador del Instituto de Medicina Regional de la UNNE Horacio Lucero expuso estudios que revelaron la presencia de residuos de agroquímicos y metales pesados en aguas de los ríos Paraguay y Paraná.

Los datos provienen de un informe de Damián Marino, investigador del Conicet y profesor de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de la Plata (UNLP), que el año pasado expuso ante diputados provinciales.

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El impacto del modelo agroproductivo en la cuenca del Paraná, un recurso hídrico fundamental para el país fue expuesto en Diputados en 2017.
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El estudio reveló detalles que verifican el impacto del modelo agroproductivo en la cuenca de un recurso hídrico fundamental para el país.

En el tramo superior de la cuenca Marino encontró concentraciones de insecticidas de uso agrícola y en el medio y bajo, contaminación múltiple con algunos metales y principalmente con glifosato.

“Son los sitios más afectados. El glifosato es una molécula dominante. El Paraná está en problemas”, resaltó en una crónica reproducida por NORTE entonces.

Si se comparan con los niveles guías (referencias aceptadas en el país y en el mundo), las muestras superan esos niveles en endosulfan, clorpirifos y cipermetrina.

“La publicación científica -validada a nivel internacional-, indica que todas las muestras superaron para, al menos alguno de los plaguicidas, el nivel guía recomendado para la biota (conjunto de organismos presentes en un área determinada). Y recomienda articular políticas inmediatas para el manejo de plaguicidas en la cuenca”, repasó el catedrático. Lucero reparó que hasta el momento la advertencia no generó medidas estatales para revertir la situación. 

Hace un mes

La gran mortandad de peces ocurrida en el Paraná y afluentes en febrero pasado despertó varios interrogantes para Lucero.

Para analizarlo citó “Ríos Hormonados”, otra investigación similar realizada en España que concluía que las cuencas hidrográficas más contaminadas eran aquellas en las que se desarrolla una agricultura intensiva. En el trabajo se señala que el transporte de plaguicidas a través del agua y el aire contaminan tanto aguas superficiales como subterráneas. Por lo tanto, el uso de plaguicidas cerca de aguas superficiales somete a un elevado riesgo al ecosistema acuático, a sus especies y a los organismos que dependen de él. 

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El desafío mayor es mejorar las condiciones de nuestro hábitat en un sentido integral.

El científico de la UNNE agregó que los insecticidas y fungicidas son particularmente peligrosos para la fauna acuática y los herbicidas para las plantas. Aunque también se observaron efectos secundarios de herbicidas en especies animales y viceversa.

El fitoplancton, las plantas acuáticas y las algas son particularmente sensibles a los herbicidas y tienen un papel clave en los ecosistemas acuáticos ya que proporcionan oxígeno disuelto para todas las demás especies. Sin oxígeno disuelto, los peces y otros organismos mueren por asfixia. “La fauna acuática es particularmente sensible a los plaguicidas porque experimentan una exposición crónica”, remarcó.

Los valores de contaminación del Paranacito por líquidos cloacales y domiciliarios exceden ampliamente a los niveles aconsejables.

Algunas certezas

El 11 de febrero de este año, NORTE relataba que “miles de peces aparecieron muertos en el canal Florentino, unos 10 kilómetros al sur de la localidad cordobesa de El Fortín”. Luego aparecieron situaciones similares en Chaco y otras provincias del Litoral. Las impactantes imágenes con peces flotando deambularon por medios y redes sociales, generando desazón. La Administración Provincial del Agua (APA) argumentó que la creciente de ríos y excesivas precipitaciones alteraron en el medio, disminuyendo el oxígeno y remarcando que esa causa y no la contaminación con agrotóxicos.

En respuesta Lucero enumeró varias certezas: la presencia de plaguicidas en sangre y orina de personas que siempre vivieron en ciudades -sin contacto con el campo-, la comprobación de plaguicidas presentes en el río Paraná, una llamativa mortandad de peces en varias provincias, la preocupación y también la indiferencia de la población, y una historia de agroquímicos prohibidos -por ser cancerígenos- y que se siguen comercializando.

Lucero se pregunta si los peces tienen agroquímicos en sus tejidos, si se deberían investigar otros factores de estrés además de las explicaciones oficiales. En un plano legal plantea si se puede actualizar la normativa ambiental al conocimiento científico, así como actualizar, ampliar y unificar programas de vigilancia de plaguicidas en aguas, haciendo cumplir la ley mediante el poder ciudadano.

En el tramo superior de la cuenca del Paraná se encontraron concentraciones de insecticidas de uso agrícola; en el medio y bajo, contaminación múltiple con algunos metales y principalmente con glifosato.

Líquidos cloacales 

Marcelo Marín, bioquímico, doctor de la UBA e investigador del Instituto de Biología Molecular de la UNNE también recordó que el sistema hídrico conformado por el riacho Arazá, el arroyo Tala y el río Paranacito está contaminado por descargas cloacales.

“Además del humedal del sistema Paranacito, que sigue hasta la provincia de Santa Fe, considerado actualmente como sitio RAMSAR, un ambiente de diversidad biológica de importancia internacional”.

Marín expuso sobre datos del Laboratorio de Aguas de la APA con valores de contaminación por líquidos cloacales y domiciliarios que exceden ampliamente a los aconsejables, tanto para el uso de esas aguas como balneario, en este caso Paranacito, como para la calidad de un humedal.

Las muestras se tomaron en varios puntos del sistema en tres años consecutivos (2015, 2016 y 2017) y con variaciones leves.

“Los altos valores de contaminación cloacal y domiciliario provienen del riacho Arazá, que a su vez recibe el escurrimiento de los canales de calle 16 y Soberanía y descarga de camiones atmosféricos, y del río Paraná, por derivación del riacho Barranqueras”.

La descarga cloacal sin tratar al riacho Barranqueras en Puerto Vilelas, que descarga al Paraná y por este al Arazá y luego al arroyo Tala, confirman ambas fuentes de contaminación.

Marín certificó sus afirmaciones en los resultados del informe a autoridades provinciales de los poderes Ejecutivo y Legislativo, a quienes ya había advertido sobre posibles soluciones. El investigador admite que evitar la contaminación es posible aunque lograrlo no es fácil al menos en el corto y mediano plazo.

La concreción del Plan Director de Cloacas del Gran Resistencia apunta a esa dirección, pero no evitará la descarga de líquidos de los camiones atmosféricos (aproximadamente diez por día), porque los sistemas de pozos negros y cámara séptica se siguen construyendo en numerosos barrios de viviendas de la ciudad. “Esta planta de tratamiento tampoco evitará el ingreso del Paraná y su impacto directo en el Paranacito”. Otra de las opciones es impedir el ingreso de agua contaminada en el sistema Tala, Paranacito algo que ya se intentó en enero de 2016, sin éxito.

El bioquímico también mencionó que APA tiene un proyecto para frenar la contaminación cloacal con detalles geográficos precisos de los puntos de cierre, pero que hasta el momento no se ejecuta pese a contar con un presupuesto viable, de medio millón de pesos.

“Nuestro Paranacito no puede terminar como nuestro río Negro. Ambos conforman un sistema frágil y sin capacidad de autodepuración de efluentes orgánicos, como sí tiene el río Paraná”, concluyó el investigador.

Las dos exposiciones científicas fueron propiciadas por la comunidad La Juntada de los Sábados, integrada por ciclistas y remeros chaqueños.

Para alcanzar una solución se propone mejorar la autoridad de policía y valorar el aporte de la ciudadanía.

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En cada incursión de la Juntada de los Sábados los remeros recogen basura que encuentran en los cursos de la zona.

También en Resistencia

Los 40 años de lucha para preservar el río Negro y evitar que la urbanización del Gran Resistencia avance sobre línea de ribera aumentando el riesgo de inundaciones también fueron parte de las exposiciones. En sus aguas periódicamente se produce mortandad de peces, un fenómeno que se explica en múltiples factores.

Las lluvias abundantes suelen aglutinarlos, especialmente después de largas sequías. El agua arrastra sustancias suspendidas en el aire y restos residuales de desechos químicos, agrotóxicos y materia en descomposición de fábricas, chacharitas, estaciones de servicio y lavaderos.

Cuando las lagunas del sistema fluvial-lacustre del río Negro rebalsan por efecto de las lluvias, toda esa carga se vuelca masivamente al curso. 

En la superficie es frecuente encontrar basura domiciliaria contenida en bolsas de polietileno o a veces suelta y en descomposición. A los que se suma la descarga de precarios pozos negros y letrinas.

Toda desemboca junto al río Tragadero, en la zona del Club Náutico de Barranqueras, a pocos metros de la toma de agua de Sameep.

Un modelo de desarrollo 

Por Raúl Osvaldo Coronel

El consumo de agua es cada vez mayor y se la vierte sin tratar, el daño que se ocasiona a los ecosistemas y la biodiversidad es grave, una amenaza para la salud humana y la actividad económica.

El 80% de las aguas residuales de la región no reciben tratamiento pese al pedido del Programa de Naciones Unidas para Medio Ambiente (PNUMA) para que los gobiernos conviertan las aguas residuales en una prioridad y dar continuidad a los Objetivos del Milenio 2030.

Los desechos afectan la calidad del agua superficial y subterránea y puede extenderse por décadas aún después del cierre de un vertedero o basural. Además las plantas de tratamiento de residuos sólidos urbanos, patológicos, industriales o peligrosos son casi inexistentes en la región.

Qué se encuentra 

La expansión de la superficie sembrada con la producción de soja en las llanuras pampeana y chaqueña incrementó en un 900% el uso de agrotóxicos. Los detergentes u otras sustancias químicas de explotaciones mineras e industriales como sales de cobre, plomo, mercurio, zinc, o con explotaciones nucleares también son agentes contaminantes.

En los cursos naturales se encuentra cipermetrina, un insecticida piretroide eficaz contra plagas del agro, en salud pública y en ganadería. También se puede detectar endosulfán, un insecticida y acaricida organoclorado, altamente tóxico en forma aguda. En agricultura sirve para controlar plagas de insectos como moscas blancas o langostas y en la preservación de maderas y en jardinería. Otra sustancia frecuente es un insecticida organofosforado cristalino que se llama clorpirifós y que envenena el sistema nervioso de insectos.

El endosulfán está prohibido en Argentina y en otros 50 países por ser neurotóxico y provocar daños reproductivos y en el desarrollo. Es además tóxico para la vida acuática y podría acumularse en los tejidos vivos de los peces, haciendo riesgoso su consumo. La cipermetrina y el clorpirifós son extremadamente tóxicos para los peces, anfibios y las abejas. Se acumulan en sedimentos de ríos, en el Paraná también se encontró glifosato y su compuesto degradado.

Lluvias y otros efectos 

Cada vez son más frecuentes las precipitaciones y las inundaciones, dos fenómenos que además de afectar el ambiente también la salud y la economía de sus poblaciones.

La lluvia escurre los plaguicidas de los cultivos, detergentes y químicos y demás contaminantes a las fuentes de agua. A pesar del evidente riesgo para el ambiente y la salud humana los sucesivos gobiernos han evitado monitorear el destino de estos pesticidas en el suelo y en los cursos de agua.

La contaminación de fuentes superficiales de agua potable ocurre por arrastre de animales muertos o por otro tipo de sustancias tóxicas o contaminantes. El excesivo empleo y uso de pesticidas, fertilizantes, herbicidas o demás agroquímicos lentamente deteriora el suelo. Las lluvias excesivas más las inundaciones se encargan de retirar todos esos químicos de los suelos y cultivos y los depositan en los cursos de agua. 

Las plantas de tratamiento de residuos sólidos urbanos, patológicos, industriales o peligrosos son casi inexistentes en la región.

La mortandad de peces

Una diversidad de fuentes contamina el agua y provoca la mortandad de peces. Un río enferma y mata a todas las formas de vida acuática. 

La contaminación de los ríos de la cuenca del Paraná-Paraguay expone a la población que los utiliza a una riesgosa contaminación con agroquímicos, sumándose a la tragedia de los pueblos fumigados de la región. Y los efectos en la vida acuática ponen en riesgo la biodiversidad de uno de los mayores sistemas de humedales del mundo.

Los intereses de multinacionales y del agro negocio han sido la única preocupación de los diferentes gobiernos durante las últimas décadas, cerrado los ojos frente a la evidencia científica. Nos espera cambiar primero el modelo de desarrollo, empecemos por el cuidado del agua.

El autor es especialista en evaluaciones ambientales (matrícula 764 STJ Chaco).

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