¡Que venga el Chapulín Colorado!
Cuando los que hoy peinamos canas estábamos en la flor de la vida había por la televisión un programa, hermano de El Chavo del 8, que se llamaba El Chapulín Colorado. Era tema de la conversación corriente y sus expresiones se usaban para situaciones de todos los días. Cuando uno tenía problemas insolubles o llegaba a situaciones límites como para preguntarse ...¿Y ahora, quién podrá ayudarme...? Siempre aparecía el famoso personaje a modo de Batman o Superman con su clásica expresión: “¡Yo, el Chapulín Colorado!”.
En la sociedad de hoy son muchos los que están pidiendo ayuda y necesitan de la aparición de un superhéroe para que les dé una mano en su problema porque no reciben respuestas de quienes deben dárselas. En primer lugar, y antes que otros, los alumnos de las escuelas, que no pueden asistir a clases porque sus maestros están de huelga, no respetando el principal derecho humano de los niños que es el derecho a recibir una educación.
Lo cierto y verdadero es que no hay clases porque gobernantes y gremialistas, que dicen representar a todos los docentes, no se ponen de acuerdo en cuánto deben ganar. Que si el mínimo es tanto, que si la inflación es cuanto, que se trata de una paga miserable, que el presupuesto no da para más, que hay que discutir con los alumnos en las aulas, que si debe haber paritaria nacional o provincial, etcétera, etcétera.
Todos motivos atendibles de uno y otro lado. Pero lo que no se puede permitir es que se niegue a los niños el derecho a tener educación, que es peor que negar un vaso de agua. Lo que se escucha de las discusiones, de las motivaciones de uno y otro lado, sólo se refiere a cuánto deber ser el sueldo docente y cuánto se puede pagar. A los alumnos, que los parta un rayo. Ellos no tienen derechos humanos. Deben adaptarse a los que resuelvan los que se pelean, que no saben ni discutir, ni dialogar. Los chicos no tienen gremios y no son interlocutores válidos. Lo único que vale es el bolsillo de los docentes y el del Estado.
¡Que alguien haga algo!
Es el momento de pedir que intervenga algún Chapulín para que impere la razón y se pongan las cosas en su lugar. Y uno de esos debería ser el Defensor del Pueblo, cuya loable tarea no es atendida para nada por las autoridades. En estos días, muy ocupado por oponerse a los aumentos de los peajes, de los boletos del transporte público, de las tarifas de los servicios de agua, luz y gas, debería de alguna manera sentar presencia ante el Estado y los gremios docentes promoviendo el cumplimiento del derecho de los niños a ser atendidos en el aula y recibir su educación.
Otros Chapulines que deberían intervenir para garantizar este derecho deberían ser los diputados. Está bien que su principal tarea es legislar, pero ahora, después de sus dos meses de vacaciones, están frescos y descansados y nada ni nadie les impide que se muevan promoviendo el diálogo entre las partes, haciendo propuestas, utilizando el cerebro y el criterio político para acercar a las partes y para defender el derecho de los niños y jóvenes a asistir a las aulas con docentes al frente y no protestando por las calles.
También deberían acudir a defender los derechos humanos a la enseñanza los integrantes del otro poder del Estado, el de la Justicia. ¿O no es una flagrante injusticia que no se cumpla con todo lo necesario para que se impartan las clases y cumplir con el derecho de la niñez de acceder a la educación en las aulas? Alguna vez, cuando se cortaron los servicios de salud en los sanatorios la Justicia convocó a reuniones a las partes en conflicto para que hallar salidas a la crisis y logró un acuerdo.
Los otros gremios, miembros por ejemplo de la CGT, ¿no tienen nada que decir cuando se violenta el derecho humano de sus hijos al no impartírseles las clases? ¿Carecen de espíritu de iniciativa para reunirse y proponer alguna mediación, hacer propuestas, colaborar en el encuentro de un camino de salida?
Y los padres de los alumnos, ¿se tienen que contentar con cruzarse de brazos y esperar que todo se solucione, mientras sus hijos pierden el tiempo y el entusiasmo por aprender en escuelas en estado de anarquía porque algunos cursos tienen clase y otros no, porque cada día les cambian de maestro y porque cada vez aprenden menos? La verdadera cooperadora escolar no es solo la que compra libros y cuadernos, sino la que defiende el derecho humano a recibir una educación.
Los empresarios, los comerciantes, los profesionales de todo tipo, ¿no son padres de niños que deben acudir a las aulas? ¿Les está prohibido con sus instituciones promover algún tipo de acciones para que esta situación se revierta, tratando de conciliar y de incidir en que los poderes del Estado y los de los gremios cumplan con su principal misión que es la de enseñar?
Si todos, gobernantes, legisladores, miembros de la Justicia, miembros de los gremios, de las asociaciones profesionales y empresarios, las confesiones religiosas, los padres y madres de familias, las oeneges, las entidades vecinales no hacen oír su voz y buscan juntos una salida a esta violación del principal derecho humano de los niños y jóvenes, muy similar al mismo derecho a la vida, no estaremos cumpliendo con este principal deber y estaremos fracasando como sociedad.










