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Revolucionarios del amor y mártires de la verdad

Hay una clave luminosa en la historia que el mundo está perdiendo de vista: la mística o espiritualidad de la cruz. La cruz plantada en la historia hace dos mil años es el gran signo misterioso que resplandece en medio de las tinieblas del mundo como una oportunidad de salvación del alma y el espíritu humano.

Hay una clave luminosa en la historia que el mundo está perdiendo de vista: la mística o espiritualidad de la cruz. La cruz plantada en la historia hace dos mil años es el gran signo misterioso que resplandece en medio de las tinieblas del mundo como una oportunidad de salvación del alma y el espíritu humano. Comprender el significado redentor que la cruz tiene para el hombre, es realmente encontrar un camino hacia la luz que terminara cualificando todo en la vida de aquel que en vez de cargar su drama y su dolor como una pesada carga que lo humilla, abraza esa prueba y ese dolor con un sentido positivo.

Nos rescata la cruz del egoísmo y la mirada superficial de la realidad y nos abre a perspectivas sorprendentes que tienen que ver con la destrucción del natural egoísmo que nos subyuga y enferma el alma. Creer en Cristo es asumir que estamos preparados para morir por amor al prójimo. Seguirlo al maestro, no es tanto cargar nuestros dolores y nuestros dramas con un sentido de resignación y fracaso, sino con la certeza sobrenatural que nos hace creer que si somos capaces de morir a nosotros mismos y a cualquier interés personal que se funde en el egoísmo, en verdad hemos triunfado. Porque significa que hemos logrado superar el instinto natural de la supervivencia arraigada en comportamientos naturales para elevarnos a un nivel superior y sobrenatural que tiene que ver con el amor y con la ofrenda.

La cruz en efecto nos saca de la lectura superficial de la realidad y nos lleva a la hondura del amor en serio, del amor verdadero, del amor que es capaz de inmolarse para que los otros vivan. Un vida sin cruz se vuele auto referencial, vale decir una vida cuyo criterio opciones es un “yo” exacerbado y sin apertura a la reciprocidad donde la referencia fundamental se arraiga en el “nosotros”. Jesús crucificado es la solemne proclamación de Dios que el camino de la salvación exige estar listos para morir por amor a los otros. La cruz que se elevó en aquel monte del calvario, inauguro el instante luminoso en el que los hombres podrían emerger del valle de la oscuridad en el que los había sumergido el egoísmo e individualismo, para elevarlos por sobre su debilidades y constituirlos en “los revolucionarios del amor “y “los mártires de la verdad.” Esa verdad que el mundo rechaza porque le exige morir y renunciar a los placeres banales, significara entrar la dimensión de amor tan verdadero que hará que el mundo trascienda su materialidad perversa y se transforme en un cielo. En este sentido entendemos haber sido salvados por el Jesús, en tanto cuanto Dios mismo encarnado, desde la carne, sin embargo siendo Dios, restaura todo lo que la podredumbre del pecado había producido en el hombre. Jesucristo, aniquila en la cruz con su amor libre y gratuito, la conciencia humana atrapada en los vericuetos del odio, del resentimiento , el rencor , la avaricia , la ira y la soberbia y la violencia auto destructiva del pecado y muere amando y perdonando.

Esta mística de la cruz exigirá un paso decisivo en nuestra conciencia para que dejemos de mirarnos como enemigos y comencemos a mirarnos como hermanos. Exigirá también la predisposición interior para aceptar el sacrificio como camino de salvación y de superación de todos nuestros dramas. No hay vínculo que pueda ser salvado o reconstituido si no hay nadie dispuesto a sacrificarse por el otro. Aquí está la causa profunda de todas las rupturas irreconciliables del hombre a escala individual y universal. Los términos de esos vínculos no están marcados por el amor y la ofrenda sino por la ley del más fuerte, que pretende dominar y subyugar al más débil. En efecto el gran mensaje de la cruz es que el más débil en apariencia venció, porque el amor lo había vuelto indestructible. Porque que es Jesucristo en la cruz, sino la imagen de alguien derrotado, de alguien que muere en el más absurdo fracaso. Sin embargo ese que un viernes santo había sido vapuleado, humillado , escupido, apresado , torturado, y muerto , termina constituyéndose en el gran paradigma de la historia que, absurda y contradictoria, encuentra en la cruz la vía de la redención.

Claramente la cruz es la oportunidad que tenemos los seres humanos para escapar de la mediocridad instintiva a la que nos condenamos si no somos capaces de trascender nuestra carne naturalmente frágil y pecadora. ¿Cómo lo haremos? abrazando la cruz. Vivir la vida como una oportunidad de amor al prójimo en cada instante, aunque eso implique sacrificarnos. Vivir de esta manera significa que hemos sido salvados por Cristo. Vivir aun en las contradicciones de la vida que nos alejan del servicio desinteresado, de la bondad y la generosidad con los otros, es aun no haber entendido la puerta que se nos ha abierto hace dos mil años. La puerta de la salvación que nos levanta de nuestros sepulcros para sacarnos de la fosa donde morimos cada día, es la ofrenda generosa en función del otro muriendo cada instante por amor. Cuando somos capaces de vivir según esta mística hemos vencido al mundo y estamos atravesando cada día las puertas de la salvación y de la resurrección.

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