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El Día de la Mujer y el debate por el aborto

La celebración del Día Internacional de la Mujer, instituida por la Organización de las Naciones Unidas hace ya más de 40 años para promover el más amplio reconocimiento de los derechos de las mujeres en todo el mundo, adquiere este año un matiz especial en la Argentina, donde distintas organizaciones feministas, políticas y sociales que se suman en esta fecha a la movilización que se realiza en más de 70 países para luchar contra la desigualdad de género, tienen entre sus principales reclamos la legalización del aborto.

El debate sobre ese controvertido tema volvió a ocupar un lugar central en la agenda pública en los últimos días a raíz de la decisión del gobierno nacional de habilitar la discusión del asunto en el Congreso, donde en las últimas horas se presentó el llamado proyecto de ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo impulsado por la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal Seguro y Gratuito, que cuenta con las firmas de 71 legisladores nacionales de distintas expresiones políticas. La iniciativa, que también despertó polémicas en todas las provincias y obligó a fijar posición a distintos sectores, propone avanzar con una reforma del Código Penal para legalizar la interrupción voluntaria del embarazo dentro de las primeras 14 semanas de gestación. La discusión que tendrá lugar en el Congreso tiene, además, un antecedente pocas veces visto en el escenario político nacional, al menos en la historia reciente: la mayoría de los legisladores oficialistas y de los integrantes del equipo que acompaña la gestión del presidente Mauricio Macri se ha manifestado en contra de la despenalización, aunque a favor del debate en el Congreso. Si bien desde algunos sectores de la oposición se observa que se trata de una maniobra del Ejecutivo para distraer la atención de la opinión pública que sigue preocupada por la marcha de la economía, debe reconocerse que aún si así fuera, el tema a tratar es un asunto difícil, sensible e intrincado, por todas las implicancias que tiene, y que desde hace mucho tiempo divide aguas en la sociedad argentina.

Las posiciones a favor o en contra del aborto prácticamente no dejan lugar a matices, y aunque todo indica que será una tarea casi imposible acortar la amplia brecha que separa a aquellos que consideran que es imprescindible aprobar la legalización de quienes están en contra de la interrupción del embarazo, parece existir un saludable acuerdo tácito de respetar los canales institucionales de diálogo para abordar de manera democrática una cuestión muy sensible; lo que no es poco en un país que tiende a llevar a los extremos asuntos que, mal planteados o cerrados de antemano al debate, terminan ocasionando en forma recurrente peligrosas fracturas en la sociedad.

Permitir que el debate sobre un tema que da lugar a opiniones tan contrapuestas se instale en el seno del Congreso Nacional es una señal de madurez que, es de esperar, se consolide a medida que se afianza la democracia. La discusión legislativa sobre la despenalización del aborto seguramente reflejará las distintas opiniones, desde aquellas que remarcan que con el avance de la ciencia cada vez es más difícil afirmar que un feto no es humano, y por lo tanto rechazan cualquier forma de legalización de la interrupción del embarazo, hasta aquellas posiciones que hacen hincapié en los altos índices de mortalidad materna provocadas por abortos ilegales que tienen como víctimas a mujeres que se someten a intervenciones clandestinas, a partir de lo cual reclaman la despenalización.

Lograr que el debate se encauce en el marco de la discusión parlamentaria, sin ataques ni golpes bajos, será todo un desafío para la joven democracia argentina que, a pesar de todo, avanza con marchas y contramarchas, con gobiernos nacionales que se suceden según lo establecido por la Constitución, más allá de que se pase de un punto a otro en el arco ideológico, generando las tensiones propias de esos zigzagueos pero sin llegar a la ruptura del orden constitucional. En ese sentido, cabe aclarar que este matutino no está de acuerdo con la despenalización, aunque considera saludable un debate con respeto y espíritu democrático. Es de esperar que este Día de la Mujer, tan significativo para la reivindicación los derechos de todas las mujeres, sirva también para que el conjunto de la sociedad reflexione sobre la necesidad de consolidar la convivencia democrática -con el mayor grado posible de acuerdo entre los distintos actores políticos-, un requisito básico, indispensable, para que las políticas públicas se pongan en práctica.

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