Tati Cabral: “El arte no se separa de la cosmovisión de la vida del artista”
Preparando ahora una muestra individual Tati Cabral hace un repaso de sus inicios y formación artística. La charla sobrevuela diferentes aspectos abordando su arte, sus referentes, la memoria y también la cuestión de género: “juntarnos nos hace volver a lo cotidiano sintiéndonos acompañadas, estamos tomando fuerza entre todas. No estamos solas“, señala.
Hace calor, el sol es una manta que pone brillo y energía a todo lo que colma el taller de Tati Cabral. Llegamos en la siesta de la ciudad junto al fotógrafo Hugo Escobar. Ella nos espera con la sonrisa amplia, amable, cordial, tiende un tereré y la charla se enzarza con un temario que va de la vida, los referentes, la escultura, la militancia. Adelantó que habrá una muestra sobre mujeres que se abrirá en Nanas el próximo viernes donde expondrán varias artistas locales.

“La masa es mi psicólogo“, advierte Tati mientas esculpe su obra y se deja fotografiar. En Capilla del Monte, Córdoba, en una plaza hay una obra suya. Así en diferentes puntos del país y del exterior se esparcen sus trabajos. “Nunca dejé de trabajar. Tuve la oportunidad de viajar mucho y de hacer obras en diferentes lugares“, explica.
Su formación como escultura pasó por la academia y también fuera de la academia. Es porteña pero vivió en el litoral desde chica, aún recuerda cuando venía a Resistencia desde El Colorado, Formosa, a tomar colectivos en la vieja terminal de la ciudad.
“Empecé estudiando en el Bellas Artes de Buenos Aires. Pero la primera vez que me enganché con la escultura fue en Formosa con un paraguayo. El hombre era amigo de papá y venía de Areguá. Hacía cosas en cerámica. Un día me puse a pensar en estas cosas de dónde me viene el arte y me di cuenta de que aquel encuentro fue el momento. Él me había enseñado a hacer caras y me explicó cómo amasar el barro, hacer las facciones del rostro y además siempre hago caras. Las caras las hago con arcilla o piedra, con madera no hago. Desde ese momento, no creo que haya sido consciente, el arte estaba ahí. No me gusta pintar y desde siempre me incliné por la escultura“, cuenta.
El tereré corre de mano en mano. Por momentos se va un poco y luego vuelve sobre un tema. Hace pausa, “esto lo estoy pensando ahora, no lo pongas“, señala y sonríe como quien se excusa ante un exabrupto. El sonido que nos acompaña es el ventilador, la luz va barriendo el galpón y ya no pega tan fuerte.
Tati Cabral estudió en la Facultad de Bellas Artes en Buenos Aires, después se vino a Resistencia a continuar con sus estudios. Desde que recuerda hace esculturas. Cuando se radicó en la ciudad comenzó a trabajar en el taller de Humberto Gómez. Hacía trabajos en su casa y en el taller con Humberto.
Después ella se volcará de llena en el Museo de la Memoria y también en la función pública en el Instituto de Cultura del Chaco, más precisamente en lo que fueron los primeros años de la Casa de las Culturas.
Obras colgantes
“Creo que hubo o hay un momento cuando decís esta es mi obra. En ese quiebre descubrí que mis obras son los colgantes y ahí fue cuando dije por acá voy a ir. No podría precisar el tiempo. Es complicada la escultura y cuando uno trabaja en varios frentes la tarea es difícil“, cuenta.
“Desde hace un tiempo tengo la idea que los colgantes son como alas. Los colgantes son como son casas que parece que caen y al mismo tiempo tenés la sensación de que no van a caer, que se unen a otras cosas. Hay un salto al vacío. Mi primera muestra individual que llevó el título de Vuelos era sobre los vuelos de la muerte. En ese momento no lo dije así abiertamente, sin embargo mucho lo percataron y me lo hicieron saber. Los vuelos de la muerte estaban en mi cabeza“.
Después de aquella muestra Tati siguió produciendo pero armó una muestra como aquella en mucho tiempo. Este año vuelve al ruedo pero advierte que las obras en sí no pueden tener un correlato pero sí un concepto sólido.
“La escultura es una extensión de mi ser y no podría dejar de hacer obras. Sucede que en estos años pasaron muchas cosas. Estuve en el Museo de la Memoria, me quedé sin taller y después fui a trabajar en la dirección de Artes Visuales del Instituto de Cultura. Entonces, no tuve todo el cuerpo ocupado las 24 horas del día en la escultura pero seguía produciendo“, destaca.
“Si me preguntás por mi mayor etapa creativa fue cuando tenía todo el cuerpo en el trabajo. La escultura lleva toda la energía y el tiempo, hay una larga pelea interna. Cuando más obras hice era cuando más difícil quizás la estaba pasando. Llegar a aquella muestra individual fue todo un paso“, remarca y para sostener la pausa bebe un largo sorbo de tereré hasta que este se queje en su vasito plástico.
Curaduría

Esculturas, cestería, alfarería, letras y audiovisuales que dan cuenta de la cosmovisión y el arte de los pueblos originarios de la región dialogaron en la muestra el Gran Chaco Gualamba que organizó la Dirección de Artes Visuales bajo su dirección. En esta muestra trabajó junto a la curadora Cecilia Ivanchevich con quien comenzó a formarse como curadora.
“Hoy siento que puedo curar una muestra pero esto no lo aprendí en un curso sino que lo fui aprendiendo haciendo, curando muestras, preguntaba y asesorándome con gente especializada. En el museo de la memoria fue como un gran puntapié en este sentido“, cuenta. “También lo fueron los viajes en este sentido. Viajar mucho también te permite meterte en el mundo de lo que haces de diferentes maneras. Iba a un museo en Europa y veía cómo estaban colgados los cuadros o cosas por el estilo“, agrega y suelta una sonrisa amplia, estridente, contagiosa.
Además Tati curó obras de León Ferrari, Juan Carlos Romero, Celeste Massin, entre otras muestras de artistas nacionales y locales.
Artista
Tati abre sus brazos en alas y sus manos rodea una obra casi como una caricia. “Artista”, subraya y vuelve rápido sobre sus propias palabras. “Artista. Puedo decir que soy artista. Creo que me empecé a sentir así cuando entendía por dónde iba por obra, volviendo a los vuelos, no estoy segura si eso te convierte en artista pero en lo personal ahí sentí que tenía un camino para transitar y una dirección para donde ir“.
“Además ser artista es poder encarar muchas cosas de manera diferente“, amplía. “Quizás no estás trabajando en la obra pero si estás haciendo otra cosas donde pones tu mirada diferente, distinta. Hay una manera nueva para encarar determinadas situaciones desde donde ahora me animo a ciertas cosas“, revela. “El arte originario no se separa nunca de la cosmovisión de la vida. Cuando estas en El Impenetrable no hay horizontes, hay estrellas nomás, es una sola cosas la tierra y el universo. Así creo que debe ser la cosmovisión del artista y su obra, una sola vida y una sola obra”.










