Dramática de la introspección en la obra de Mario Natalini
Una mirada sobre la muestra de Natalini en el Museo de Bellas Artes de Resistencia
En un texto que escribí hace unos años decía que Mario Natalini reivindica el derecho del artista a una creatividad sin tapujos, pero esencialmente, a un uso deliberado, (des)equilibrado y vertiginoso de materiales tradicionales, del dibujo y el color. La muestra antológica “Introspección” reafirma estos conceptos. Retomando dibujos, pinturas y objetos realizados desde la década de 1980, esta muestra curada por Diego Figueroa, inaugurada en el Museo Provincial de Bellas Artes René Brusau en diciembre de 2017 y que aún puede visitarse, consolida esa posición de Natalini. Pero esta antología, revela un elemento esencial en el hacer de un artista como Natalini: la coherencia.

Hablar de coherencia en una época de gran volatilidad implica referirse a un modo de ser y producir con una actitud de “introspección” personalizadora. En oposición a una despersonalización del arte, las obras de esta muestra, desde témperas de 1984 de la época de estudiante, óleos sobre tema de 1986-88 donde la geometría cobra un rol relevante, a las grandes manchas gestuales y matéricas de la década de fines de los ochenta y principios de los noventa, y el regreso en la última década a elementos geométricos y otros materiales como tinta en gel y acrílico, muestran un artista que establece una relación sensible con su interior en detrimento de las modas o las propuestas del mercado.
Esa introspección, es hecho de mirar a su interior no implica que Natalini también se posicione de frente a su tiempo: pero siempre manifiesta una coherencia entre lo que siente, lo que expresa y lo que muestra. Lo gestual entonces, no es carente de reflexión: sobre el arte, sobre su vida y su entorno personal, familiar y espacial, que se convierten en objetos/sujetos de sus obras. De tal modo, esa introspección, que en términos filosóficos y psicológicos está más ligada a la reflexión racional sobre su propio hacer, en el caso de Natalini se convierte en una práctica de escuchar su lado sensible, sus impulsos, sus deseos. En términos de Sabat Ercasty, Natalini hace uso de una “dramática de la introspección”, observando el teatro interno de sus dramas. Su obra es tan coherente como autobiográfica. Autobiográfica en cuanto pone de manifiesto esos dramas en distintos momentos/etapas/contextos de su experiencia vital.
La exposición del MUBA es, entonces, un lugar obligado conocer a uno de los artistas chaqueños que presentan desde hace décadas una producción continua y coherente, además de gran reconocimiento en los ámbitos del arte nacional.
Por Mariana Giordano











