La vida no vale nada
No hay edad para ellos. Tienen tres, doce, diecisiete, veintidós, treinta, cuarenta y cuatro, sesenta, setenta y dos años... son los muertos por accidentes de tránsito en nuestras calles, avenidas, rutas. Son centenares, miles cada año. “Unas 300 personas mueren cada mes en la Argentina en siniestros viales vinculados con el consumo de alcohol”. (Estadística de Luchemos por la vida). Si a ellos se les suman los que quedan con secuelas para toda la vida, como invalidez, ausencia de algún miembro, trastornos mentales o de otro tipo, el número de víctimas es interminable. Lo peor de todo es que un gran porcentaje son jóvenes, con toda la vida por delante. Son una demostración de que “la vida no vale nada”.
Ante este panorama la sociedad entera se encoge de hombros, mira para otro lado, a lo sumo se lamenta un rato, llora en los velorios, pero se lanza enseguida a la aventura, seguro de que a ella no le pasará nada. Lo que es considerado como un logro importante para la vida, tener un medio de movilidad propio, se torna como un instrumento de muerte. Celebramos los récores de ventas de autos y motos 0Km y usados y lo marcamos como una muestra de lo bien que está el país, la provincia, la ciudad.
Operativos que no sirven
Las autoridades hacen los fines de semana operativos y secuestran sus vehículos a infractores, cada vez en mayor número y cada vez con menos efectos. El único beneficio, por lo que se ve, son las arcas municipales o policiales por el cobro de las multas. Las guardias de hospitales y sanatorios se ven abarrotadas y los profesionales de la salud no dan abasto.
Pero todo esto no disminuye, por el contrario, aumenta la lamentable estadística por la que todos nos rasgamos las vestiduras. Esos operativos no tienen ningún efecto correctivo, sirven para decir que se cumple con la ley, pero lo único que hacen es fomentar la creatividad para eludirlos, o si se puede chapear con la condición de estatus o filiaciones el pago de sobornos.
Además de que rutas, avenidas, calles fueron pensadas hace décadas para parques automotores cien veces más pequeños, las imprudencias, las faltas de cumplimiento de las leyes de tránsito y de los requisitos para conducirse en medio de esta nueva selva, torna la salida a cualquier lado en una aventura de la que nadie sabe si saldrá indemne.
Y los primeros que deben tomar conciencia son las autoridades, que por ahora se limitan a programar operativos y secuestros, pero que no toman otro tipo de iniciativas que permitan disminuir este tipo de accidentes, por ejemplo, exigiendo a todo comprador de una moto o auto el carné habilitante ya desde el momento en que la compra. Exigiendo que sea una materia obligatoria para terminar la secundaria el ser experto conductor. Instalando todas las pistas que sean necesarias para aprender las reglas y el manejo como viene predicando al viento hace ya varios años la Asociación de Padres en la Ruta. Las noticias que más lugar ocupan en los medios de comunicación, tanto escritos como digitales, son estos accidentes, junto con los secuestros de droga, hasta en los lugares menos pensados.
Números que asustan
Días atrás, este diario publicó un editorial que pone en números lo que se acaba de decir y que pronostica que este año se van a batir todos los récores. “El año arrancó mal. De acuerdo con los registros de la Unidad de Epidemiología del Hospital Perrando, Unidad Central de Coordinación de Emergencia Médica del Chaco, entre el 31 de diciembre del 2017 al 13 de enero del 2018 se registraron 208 siniestros viales, en los cuales se asistió a 235 personas, lo que resultó en un promedio de 16 personas por día. La edad promedio fue de 30 años con un rango de edad entre los 2 meses a 93 años.
Las estadísticas generales indican que en la Argentina mueren más personas en los accidentes de tránsito que en hechos delictivos. Sin embargo, por una extraña razón, en la consideración de la opinión pública pesa más la inseguridad generada por los delitos que las pérdidas irreparables provocadas por el incumplimiento de las normas y la falta de prudencia de los conductores de todo tipo de vehículos en las calles y rutas. Está comprobado que en la medida en que los conductores son más prudentes y respetuosos de las normas de tránsito es más bajo el número de siniestros que se producen en la vía pública.
Todos vemos motociclistas que circulan a gran velocidad por calles y avenidas, que no se detienen ante un semáforo en rojo y que viajan como si lo hicieran en un vehículo blindado, cuando la realidad demuestra que son los más vulnerables y los que llevan la peor parte cuando sufren un choque y reciben el impacto.
No se trata de cargar toda la responsabilidad del caos en el tránsito exclusivamente en los motociclistas. Por supuesto que también los que están al frente del volante de un auto, una camioneta, un colectivo o un camión, así como los ciclistas y los peatones deben ser respetuosos de las normas de tránsito y prudentes en la vía pública. Pero es triste comprobar que el alto número de lesionados se repite todos los años y que se pierden vidas en situaciones que en la mayoría de los casos, con una cuota de prudencia, podrían haber sido evitadas. Este preocupante escenario obliga a mejorar los controles en el Gran Resistencia y en toda la provincia, y a hacer hincapié en la educación vial de los conductores, a través de capacitaciones más sólidas que enseñen fundamentalmente a cuidar la vida propia y la de los demás. De lo contrario se debe afirmar que en los hechos, para todos, autoridades y ciudadanos, la vida no vale nada. Cada vez menos.










