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El dolor de una familia después de un incendio

Una vivienda de Soberanía al 3.300 fue parcialmente afectada por el fuego este sábado. Aunque no hubo heridos, sus ocupantes tuvieron importantes pérdidas materiales. “Mi hija, mi yerno y mi nieto de tres años se quedaron literalmente con lo puesto”, contó Judith Almada a NORTE.

El incendio se inició cerca de las 21 en un dormitorio de la planta alta de un dúplex, donde había un niño de tres años. Su hermano, de nueve, estaba en la pieza de al lado viendo tele. Escuchó los gritos y como la puerta estaba trabada pidió ayuda al padre. Afortunadamente el hombre la derribó a tiempo. Cuando se abrió paso entre el humo y el calor sofocante encontró a su pequeño hijo llorando en un colchón que ya había sido alcanzado por las llamas. 

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Así quedó la pieza donde se originó el incendio. Además quedó sin ventanas ni puerta.

La familia de cinco integrantes vivió momentos de desesperación y angustia. Hasta tener el resultado de los peritajes no se sabía el origen del incendio. “Todo ocurrió muy rápido, unos diez minutos”, calcula Judith, que estaba a unas pocas cuadras y llegó en plena conmoción.

Un vecino -Ricardo Espinoza, que es policía federal- más un policía sin uniforme que pasaba por la avenida fueron un apoyo clave: se turnaron para arrojar baldes de agua y pedir refuerzos. Del segundo hombre se desconoce el nombre, solo que trabaja en la comisaría Séptima y que estaba de franco, camino a su casa. Almada destaca su accionar y el del personal que acudió después, de la línea (de urgencias) 107 y las dos dotaciones Bomberos que controlaron el fuego, “sino nos tomaba toda la casa”, dice.

Pérdidas materiales

En planta alta se observan los mayores perjuicios: una de las dos habitaciones está teñida de hollín, también el baño –al que le estallaron azulejos y revestimientos- y una parte del acceso por la escalera. Se perdieron ventanas, puertas, revestimientos de paredes, dos acondicionadores de aire, un televisor plasma, dos camas con su colchón, varios muebles y pertenencias personales. “Mi hija, yerno y nieto están sin ropa”, agrega Judith.

Además, como pagan alquiler, deben hacerse cargo de las reparaciones. “No sé cuánto tiempo nos va a llevar recuperarnos, ni cómo pagaremos el mes en medio de todo esto”, resume. Hace unos diez años que su hija comenzó los trámites en el Instituto de Vivienda y aún no puede acceder a un plan en un barrio.

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Las paredes eran blancas, ahora están marrones. Los azulejos se siguen desprendiendo.

Lo importante

Antes de hablar con NORTE Judith atendía una llamada que a juzgar por las respuestas intentaba darle contención y ayuda. Después de cortar, encendió un cigarrillo y confesó: “Estoy sin dormir, como anestesiada, recién al mediodía pude llorar y descargarme. Pasé momentos difíciles en la vida pero nunca algo como esto”.

La mujer remarca con insistencia su agradecimiento por haber recibido más llamadas de las esperadas. “En momentos así ves a la gente cómo es en realidad, no todo está tan mal, hay esperanzas”.

En la atención inmediata destaca la presencia de los dos policías que se abocaron a apagar las llamas, de las fuerzas de seguridad, del servicio de Emergencias del hospital Perrando; y de Claudia Bol que cuidó a los niños en plena contingencia. En cuanto a las muestras de solidaridad mencionó a personas de tres ámbitos de los que forma parte: la sociedad obstétrica del Chaco, su promoción del secundario en Las Breñas y la comisión organizadora del reciente encuentro nacional de mujeres en la provincia.

Los interesados en colaborar con la familia pueden contactarla al teléfono celular: 3624204930.  

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