El caso de los “terroristas” que no sabían nada
Es conocido el dicho que en el amor y la guerra, todo está permitido y eso es exactamente lo que sucedió en 2016 en Turquía cuando miles de personas fueron encarceladas o perdieron sus trabajos por el solo hecho de mensajear a su pareja, o revisar sus celulares para saber en qué dirección estaba La Meca para orar.
Sin saberlo todos ellos (miles) fueron acusados de ser terroristas pertenecientes al movimiento que en ese año intentó un fallido golpe de estado en Turquía. Cuando todo terminó, el gobierno de Erdogan tomó represalias contra esos miles de sospechosos de haber participado en las revueltas. Para las detenciones, uno de los criterios utilizado fue el uso de una aplicación de mensajería llamada Bylock muy popular en Turquía de 2014 a 2016. Se trata de una versión menos sofisticada de Whatsapp, pero más sigilosa: solo podía comunicarse con otros en la red si conocían sus nombres de usuario. El gobierno utilizó la app para llevar a cabo la búsqueda de aquellos que apoyaron al líder de la oposición en el exilio, Fethullah Gülen.

Como resultado, muchos fueron encarcelados en base a esa acusación, otros no acabaron entre rejas, pero perdieron sus trabajos y hogares tras las acusaciones de traición. Otros fueron obligados a marcharse del país, un recurso muy común cuando no se puede probar nada pero el sujeto en cuestión es alguien incómodo al sistema.
“Es terrorífico”, explicó Tuncay Beşikci, un experto forense digital, a la cadena CBC que reveló lo sucedido, “muchos están siendo culpados por crímenes que no cometieron en absoluto”. Beşikci formó junto a su colega, Koray Peksayar (también experto digital), y el abogado Ali Aktaş, un equipo de investigación a pedido de algunos usuarios con el suficiente poder como para financiar y llevar adelante el esclarecimiento del caso donde se vieron involucrados. Los tres llevan meses detrás de miles de casos similares, descubriendo finalmente lo que han definido como una “conspiración cibernética masiva”.
La guerra cibernética
Los investigadores dicen que la aplicación fue efectivamente diseñada por seguidores del opositor Gülen para comunicarse entre ellos en medio de una multitud de usuarios inocentes. La herramienta fue descargada aproximadamente medio millón de veces y tenía 215.000 usuarios registrados. Cerca de 100.000 de ellos fueron identificados por el gobierno turco como “usuarios reales”.

De hecho, mucha gente descargó la aplicación voluntariamente, pero otros muchos no tenían rastros de ella en sus teléfonos luego de haberla borrado por encontrarla inútil, y también fueron acusados, y Beşikçi y Peksayar ahora han demostrado por qué: por culpa de una sola línea de código.
Al parecer, la línea creaba una ventana oculta de “un píxel de 1x1”, una imperceptible para el ojo humano, que llevaba a Bylock.net. Hipotéticamente, las personas podrían ser acusadas de acceder al sitio sin haberlo hecho conscientemente.

Al realizar cualquier otra acción en el teléfono el usuario tocaba ese pixel y generaba una conexión al servidor de Bylock como así también desde otras aplicaciones, incluida una de música similar a Spotify llamada Freezy y otras relacionadas con buscar horarios para las oraciones o encontrar la dirección de La Meca. Tal es el caso, que algunas personas fueron acusadas porque alguien con quien compartieron una conexión wifi en un edificio de departamentos estaba vinculado a Bylock.
Perdón y suicidios
Los tres investigadores creen que esa ventana oculta fue en realidad una “trampa deliberada”, posiblemente una especie de cortina de humo para que el gobierno no pudiera encontrar entre la maraña de usuarios a los miembros del movimiento opositor. Pero los creadores no contaron con la ferocidad de la represión desatada que terminó encarcelando y acusando a miles de personas solo por haber confiado en el sistema de mensaje o haberlo probado sin sospechar que se trataba de algo más ominoso.
Sea como fuere, el trabajo de estos tres hombres ha obligado al gobierno a rectificar publicando el número de teléfonos de 11.480 personas que ahora se consideran inocentes, “falsamente acusadas”.
De hecho, su investigación va a más, y creen que al menos 30.000 personas siguen señaladas erróneamente. Lo peor, como ellos mismo explican, es que hay algunos casos que ya no tienen solución, aquellos que se han suicidado antes de obtener el perdón y las disculpas del propio gobierno.










