Las urnas abiertas de América Latina
Con severos focos de conflicto jurídico-políticos en Brasil y Venezuela. Con el recrudecimiento de la violencia en México y Colombia. Con ambiciosas expectativas ofensivas de las derechas y atrincheramientos de la izquierda en todo el continente. Con la crisis mundial que persiste en su avance, las urnas pronunciarán este año veredictos que nadie puede predecir.
Costa Rica
El asunto empieza hoy mismo, con la primera vuelta de las presidenciales y legislativas de Costa Rica, que elegirá un presidente, dos vicepresidentes y 57 diputados. Considerado “país exitoso”, al menos en ámbitos financieros y políticos internacionales, se destaca por su crecimiento sostenido y por ser la nave insignia del ambientalismo mundial. A fines del año pasado, una encuesta de la Universidad de Costa Rica reflejaba que, aunque los ciudadanos valoran positivamente el gobierno de Luis Guillermo Solís (Partido de Acción Ciudadana, PAC), aumenta la disconformidad por el aumento de la corrupción, incluido ya entre los problemas centrales del país. Por otro lado, el desempleo encabeza la lista de temas que más preocupan a la población.

El PAC designó candidato a Carlos Alvarado (37 años), exministro de Trabajo. Su rival más encumbrado es Antonio Álvarez Desanti (40 años, Partido Liberación Nacional, PLN) dos veces presidente del Parlamento. El PLN comenzó su campaña con problemas: Johnny Araya, candidato presidencial 2014 y asesor de Álvarez Desanti, renunció a colaborar, ya que es investigado por la Fiscalía General por tráfico de influencias.
El Salvador y Colombia
En marzo, cinco millones de salvadoreños están llamados a las urnas el domingo 4. Elegirán 84 diputados de la Asamblea Nacional y a 262 jefes de municipios. Varias elecciones, tanto legislativas como presidenciales, se desarrollaron desde 1992 pacíficamente, manteniendo una tradición de confrontación parlamentaria. Según el Banco Mundial, El Salvador es la economía de menor crecimiento en Centroamérica, pero rescata el avance de la educación y la alfabetización.
El FMLN (Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional), que gobierna El Salvador, pretende aumentar el número de diputados para allanar al presidente Salvador Sánchez los planes de reformas y su camino a las presidenciales de 2019. El FMLN no es primera fuerza en la Asamblea, que está dominada por ARENA (Alianza Republicana Nacionalista), su rival desde la misma guerra civil que conmovió al país en los ’70 y ’ 80. Si ARENA logra incrementar sus diputados, todas las aspiraciones del partido de gobierno se verán complicadas.
Una semana después, los colombianos votarán para renovar las cámaras del Congreso (102 escaños de senadores y 166 de representantes). La elección legislativa servirá como una especie de primaria, ya que se realizan dos meses antes de las elecciones presidenciales de mayo.
Paraguay
El electorado guaraní votará el 22 de abril a su nuevo presidente, y también a 125 parlamentarios, 17 gobernadores y 18 parlamentarios del Parlasur. La economía paraguaya lleva una década de crecimiento, a un llamativo promedio del 5 %, superando ampliamente a sus vecinos, y accediendo al crédito internacional con las mejores calificaciones. No obstante, el histórico problema de la desposesión de tierras del campesinado y la consiguiente migración y hacinamiento en las ciudades, donde el trabajo no registrado y la desocupación siguen azotando a los ciudadanos, muestra que crecimiento económico y bienestar para la población lejos están de ser sinónimos.
Estas y otras situaciones se reflejan de una u otra manera en el ámbito político, como el 1 de marzo del año pasado, cuando el intento del presidente Horacio Cartes de habilitar su reelección (prohibida por la Constitución) mediante enjuagues parlamentarios, provocó una rebelión popular que llegó a incendiar el Parlamento. Luego de ese hecho, Cartes debió descartar su candidatura y resignarse a que el candidato del Partido Colorado sea Mario Abdo, jefe de la oposición interna. Su rival, a nombre del Partido Liberal Radical Auténtico, será Efraín Alegre, que cifra sus esperanzas en las divisiones internas de los colorados y en una eventual alianza con el expresidente Fernando Lugo.

La presidencial colombiana
Colombia protagonizará la mitad del año latinoamericano. La primera vuelta de las presidenciales será el 27 de mayo, y la segunda (de ser necesaria) el 17 de junio. Juan Manuel Santos se retirará de la presidencia el 7 de agosto, llevando en su currículo la aprobación del acuerdo de paz con las FARC en 2016, un logro que probablemente quede en la historia, pero que al día de hoy no parece sumar votos ni estabilidad política.
En efecto, el partido oficialista (La U), luego de una discutida interna, no presentará candidatos a la presidencia. A la oposición no le va mucho mejor: teje y desteje alianzas desde hace meses para sumar dispersos fragmentos del electorado. Hasta el momento, los postulantes mejor posicionados son Gustavo Petro (Compromiso Ciudadano, centro), Germán Vargas Lleras (derecha) y Marta Lucía Ramírez (centroizquierda), pero ninguno de ellos supera el 20% en intención de voto, por lo que una segunda vuelta se perfila como ineludible.
Candidata zapatista
El 1 de julio tendrá lugar la trascendental elección del jefe de Estado mexicano, con la novedad inédita en más de dos décadas de un candidato de centroizquierda con posibilidades de acceder a la presidencia: Andrés Manuel López Obrador. Además, se implementarán reformas inéditas en el sistema político, como la reelección de legisladores, la posibilidad de establecer gobierno de coalición, y la presentación de candidaturas independientes.

Además habrá más de tres mil cargos electivos en juego, encabezados obviamente por el de presidente, 128 senadores, 500 diputados y nueve gobernaciones. Todo esto en un clima de repudio de la mayoría del electorado a la gestión de Enrique Peña Nieto, índices económicos que revelan la caída en el crecimiento, y el agravamiento severo de la corrupción y la violencia.
El oficialista Partido Revolucionario Institucional (PRI), en tanto, lleva como precandidato a un personaje no afiliado al partido, pero que goza de cierta popularidad entre el electorado: José Antonio Meade Kuribreña, exsecretario de Hacienda y Crédito Público, que ocupó cargos clave en el gabinete del actual gobierno. El Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Partido Acción Nacional (PAN) conformaron la alianza Frente Ciudadano, encabezada por el panista Ricardo Anaya. Otra novedad, aunque posibilidades mínimas, es la presentación como candidatura personal de María de Jesús Patricio, “Marichuy”, miembro del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).
Hasta el día de hoy, en un escenario electoral cerrado y con alta incertidumbre, las encuestas colocan primero a López Obrador (23/29%), segundo a Meade Kuribreña (15/23%) y tercero a Anaya (15/18%).
El gigante en crisis
El 7 de octubre Brasil celebrará presidenciales y legislativas. En una encuesta publicada en el diario Folha de San Pablo (diciembre 2017) Lula da Silva, expresidente de 2003 a 2011, ganaría las elecciones, en todos los escenarios posibles, con cerca del 30% de los votos. Bastante lejos lo seguirían Marina Silva (Rede Sustentabilidade) exministra de Ambiente de Lula (17%) y el ultraderechista evangélico Jair Bolsonaro (Partido Social Cristiano, 12%). Aún con estas diferencias, debería haber una segunda vuelta electoral, y aún se aguarda la posible presentación del gobernador paulista, Gerardo Alckmin, que podría unificar a varios sectores, desde la centroderecha hasta los socialdemócratas.
Claro que hay un factor que podría cambiar radicalmente estas proyecciones: la Justicia brasileña, que se ha erigido desde hace un tiempo como un árbitro no siempre imparcial en los conflictos políticos, amenaza con dejar fuera de competencia al principal candidato: con la ratificación de condena en segunda instancia contra el expresidente Lula, podría alterar totalmente el escenario electoral. Lula tendrá una próxima instancia para rechazar la sentencia que aumentó su pena de 9 a 12 años, y si no logra su modificación, en lugar de ir al palacio del Planalto podría ir a la cárcel.
No obstante, las cosas tampoco son sencillas para sus adversarios: excepto los sectores anti-PT más recalcitrantes, muchos otros temen la agitación social que podría desatar la proscripción del candidato favorito de la mayoría del electorado. Mucho más, cuando la población muestra un hartazgo creciente con el conjunto del sistema de partidos, todos atravesados por escándalos de corrupción a cual más aleve.
Y el mismo día en que Brasil elija presidente, Perú escogerá 25 gobernadores regionales y 1.643 alcaldes de distrito. Perú es la economía de mayor crecimiento de la región, pero también está atravesada por la crisis de corrupción político-empresarial iniciada en Brasil. En efecto, la empresa Odebrecht y otras grandes corporaciones brasileñas dejaron sus huellas en la compra de presidentes y dirigentes opositores en Perú. Con el expresidente Ollanta Humala y el expresidente Alejandro Toledo prófugo de la Justicia, el actual mandatario Pedro Pablo Kuczynski logró eludir el juicio político al borde del abismo, comprando los votos imprescindibles a cambio del indulto al exdictador Alberto Fujimori. Eso desató enormes protestas populares y una nueva crisis política que aún no se ha cerrado.
¿Y Venezuela?
“En 2018 llueva, truene o relampaguee, vamos a las elecciones presidenciales como manda nuestra Constitución, y confío en el voto del pueblo, en su conciencia”. El mandato del actual presidente vence en octubre, por lo que se estimaba que las elecciones se convocarían bien avanzada la segunda mitad del año.
Esto era algo que esperaban especialmente los dirigentes opositores, que luego de las fracasadas ofensivas y negociaciones alternativamente entabladas contra el presidente chavista, desde hace un par de meses están sumidos en el desconcierto y la división. Ese fue el momento elegido por la Asamblea Constituyente, máxima autoridad del país en la actualidad, controlada por el chavismo, para sorprender a propios y extraños, pero más a los extraños, con la convocatoria a elecciones para abril, sin fijar aún la fecha precisa.
A continuación, el Tribunal Electoral declaró inviable la presentación de opositora Mesa de Unidad Democrática como alianza única, y reclamó que cada partido revalide su inscripción y todos los requisitos necesarios para presentar candidatos.
Eso desató una oleada de protestas verbales dentro y fuera de Venezuela, que se reflejó entre otros hechos en la ruptura diplomática de España con Caracas. Pero el golpe a la oposición fue durísimo y produjo nuevas divisiones, esta vez entre los partidarios de salir a recoger las firmas para revalidar inscripciones de inmediato, y los que prefieren emprender un nuevo boicot contra el gobierno, después de haber fracasado en varios intentos.
Mientras sigue la presión internacional contra el chavismo, y sigue deteriorándose gravemente la economía, el gobierno parece encaminarse a un nuevo triunfo político, ninguno de los cuales hasta ahora logró más que empantanar cada vez más profundamente la situación general del país.
Un año especial
Es casi inédita la situación de tan trascendentales elecciones durante el mismo año en América Latina. Unos 400 millones de habitantes están llamados a las urnas, más de dos tercios de la población del subcontinente. Países que sumados representan cerca del 80 % del PBI de la región estará en campaña electoral durante varios meses de 2018.
Las tasas de crecimiento, más o menos buenas en algunos casos, estancadas o francamente hundidas en otros, y una inestabilidad política que es reflejo casi unánime de planes de duros ajustes en marcha pero no consolidados, estarán en juego. Los veredictos populares en las urnas, o por fuera de ellas, antes o después de las elecciones, son tan esperados como temidos por tirios y troyanos.











