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Aislado y a la espera de ayuda, resiste en su casa

Las consecuencias de una crecida del río Paraná, como la que se registra por estas horas en la ribera chaqueña, se corporizan en los cientos de evacuados y autoevacuados que pernoctan en los albergues transitorios o a la vera de los caminos.

Sin embargo, los aislados muchas veces son “invisibles”. Refugiados en sus casas, a las que en general no ha entrado el agua, estas personas arriesgan sus cuerpos al cruzar las pequeñas lagunas que los separan de los lugares altos más cercanos. En el peor de los casos, como sucede en la zona de las Cinco Bocas de Puerto Vilelas, sólo les queda esperar la llegada de las lanchas aportadas por Prefectura o la Provincia para hacerse con los bienes necesarios para subsistir.

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Alberto Damasso, uno de los vecinos de Vilelas que resistió en su casa el avance del Paraná. Atraviesa un extenso mar camino a su hogar.

Alberto Damasso tiene 81 años, que no se le notan. Vive junto a su mujer, María Gutierrez, de 78 abriles; en una casa de material pero con una precariedad muy evidente en el camino al balneario “El Paranacito”, en jurisdicción de Puerto Vilelas.

Desde el martes, los 50 metros que separan a su vivienda de la única vía de acceso a la avenida San Martín, comenzaron a llenarse de agua, hasta dejar el hogar familiar completamente aislado.

Alberto dialoga brevemente con NORTE y asegura que, cuando llegó al lugar, no pensó que en algún momento debería tener que sortear un obstáculo semejante. Eso ocurrió hace tres años y ahora se transformó, prácticamente, en una costumbre.

Bolsa blanca al hombro, gorra ladeada para repeler el embate de los rayos del sol en una mañana en que el astro rey parece haber tomado nota de los pedidos de los vecinos del lugar, Alberto se arremanga el pantalón y se dispone a cruzar el agua, tras el breve relato de sus últimas horas.

“Se ve que anda la Municipalidad, pero a casa no ha llegado nadie: igual, no queda otra que seguir esperando, total no podemos hacer nada y el agua en algún momento va a tener que bajar”, dice entre la resignación y la esperanza.

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